El Huesca 2025-2026 rompe todos los paradigmas y todas las ilusiones

Tres entrenadores después, una plantilla que inspira abulia explica el desplome de un club que se mueve en el alambre

28 de Marzo de 2026
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Laquintana en Granada. El Huesca 2025-2026 rompe todos los paradigmas y todas las ilusiones
Laquintana en Granada. El Huesca 2025-2026 rompe todos los paradigmas y todas las ilusiones

Este Huesca 2025-26 está rompiendo todos los esquemas. Incluso, la famosa correlación que se establecía entre docentes y estudiantes en mis tiempos jóvenes, cuando se perfilaba una trinidad con lectura diferenciada. Se decía que si el profesor explicaba una vez una lección y el alumno no lo entendía, éste era el "tonto" (lo entrecomillo para restar agresividad a la expresión, pero tal era el término). Si el maestro volvía a incidir en el mismo asunto y todavía no era captado por el discípulo, "tonto tú y tonto yo". Si era precisa una tercera vez y nuevamente se terciaba el fracaso en la transmisión del conocimiento, el que quedaba marcado era el instructor.

La temporada de la Sociedad Deportiva Huesca está recorrida por el ensañamiento de Murphy. Todo lo que puede salir mal, sale peor. Ojo, no significa que esto proceda de infortunios, porque en todo hay más de causalidad que de casualidad. Inercias, malas decisiones y resultados consecuentes. Por el confortable banquillo azulgrana han pasado tres inquilinos: Guilló, Bolo y Oltra. El primero, bisoño. El segundo, triste. Al tercero todavía no le juzgaremos. Y, sin embargo, la traslación del pensamiento entre los maestros y los discípulos varía respecto al mundo educativo. Si ninguno ha dado con la tecla, es que la tecla quizás no existe. Que este piano de blancas y negras sólo tiene negras. Que aquella famosa presuntuosidad de que ante todo queremos jugadores buenas personas no funciona... O no son buenas personas. O, aun siéndolo, no sienten los colores como los desdichados desplazados a Granada y los deprimidos aficionados que han padecido la destemplanza por televisión.

Los entrenadores que han ejercido con escaso acierto han pagado (dos con el despido), pero no son los únicos ni, por lo visto, los principales responsables. Los artífices de esta catástrofe pululan sobre el césped, apenas como ánimas del Purgatorio o pesarosos condenados al averno, sin enterarse de que a la Divina Comedia de Dante en versión oscense le han restado el camino hacia la luz y están laminando nuestro ánimo hasta caer en los siete infiernos. En una conjura de necios -futbolísticamente, en sus casas pueden ser unos benditos-, estos señores que multiplican salvajemente el Salario Mínimo Interprofesional de muchos de sus sufridos seguidores, pierden balones y bajan complacídamente hasta recoger el esférico debajo de las mallas de Dani Jiménez.

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No, el Huesca no tiene una mala defensa. Tiene una insoportable actitud defensiva. Las estadísticas de los Nuevos Cármenes destruyen cualquier pretexto. El Huesca ha rematado 14 veces por 7 el Granada. Ha lanzado cinco córners por dos locales: La efectividad ha sido del 80 % nazarí y 18 % de los nuestros. Es la triste realidad. En cinco minutos, tres goles, todos desbordando al centro del campo, todos con los defensas en contemplación más propia de las procesiones de Semana Santa que de lo que se cuece en el terreno de juego.

Algunos, probablemente por la edad, tenemos una cierta ventaja. Particularmente, yo no tenía ninguna esperanza, porque me la han robado estos futbolistas apáticos y unos entrenadores incapaces. El Huesca está fracturando las leyes de la lógica futbolística. Uno de los mejores presupuestos ha propiciado una de las peores planificaciones, erráticas entre el artífice de esta plantilla ya despedido, la permisividad del Consejo de Administración que abrió con la renovación de quien ha invadido su gestión de sombras y la incapacidad de los entrenadores para activar a los señoritos. El otro día lo explicaba Oltra, con quien hemos visto dos partidos de brotes verdes rápidamente marchitados. Como en los documentales en los que las margaritas crecen y se agostan. Como indicaba el valenciano, los que tienen que acertar con el marco contrario y taponar el propio son los de corto.

Terminada la anterior y larguísima etapa bajo la efigie de una figura omnipotente y escasamente presente, la transición ha sido fallida porque el último mohicano nos ha dejado estos mimbres. En el fútbol, y más en el ultra profesionalizado de hoy, otro adagio adquiere carácter irrevocable: lo que mal empieza, mal acaba. Todo comenzó con una autocomplacencia extrema, singular, siguió sin adquirir consciencia del progresivo deterioro y apunta a que, salvo milagro, culminará en ruina. Sí, ha habido también infortunios en forma de lesiones, pero en esto de los tipos que corren en calzoncillos y camisetas con borceguíes eso penaliza equitativamente -más o menos- a todos. Y también una quiebra terrible, el caso Pulido, cuya influencia ha sido terrible y definitiva.

Ya que la confianza es personal e intransferible, cada cual puede escoger la fe para el futuro, ver la luz o atisbar sólo penumbra. Afortunadamente, en términos objetivos -si es que existe en el fútbol y en la vida la objetividad-, la situación económica y financiera del club no es inquietante. Eso es algo de agradecer tras el despilfarro millonario anterior. Esa disponibilidad, esa recuperación, ha permitido intentar la rectificación de la debacle, aunque los resultados estén siendo pírricos... Porque todos concebimos unos rayos al final del túnel en invierno por los nombres de los contratados.

Pero, de cara a aprender de los errores, que los gestores no olviden que el verdadero motor del aficionado es la pasión que inclina un cuero redondo del lado que más amamos. Si en la anterior temporada cayó de cara, en esta vamos camino de la Cruz, y en la crucifixión futbolera hemos contravenido todos los paradigmas. Hombre rico, hombre pobre. El dinero no nos ha dado la felicidad, sino que nos ha puesto en el camino profesionales enormemente mejorables.

P.D.: Dicho lo cual, yo no reblo, aunque mi creencia se tambalea. Lo contrario, sería de un optimista mal informado.

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