Huesca, tenemos un problema y hay que rescatar la Humildad para una nueva comunión

El Huesca necesita un renacimiento que ponga fin a la división y permita reemprender la coralidad en la marcha

13 de Enero de 2026
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El Huesca necesita una comunión inspirada en la humildad. Foto Dani Vidal
El Huesca necesita una comunión inspirada en la humildad. Foto Dani Vidal

Fui el primero en quedar obnubilado por el dinero. 11,5 millones de euros de límite salarial. Y sostuve, con la soberbia falsa que da la pasta, que el Huesca había de acomodarse en la zona noble de la Liga Hypermotion. Aplicamos el consumismo también al fútbol obviando la experiencia que reza que las torres más altas han llegado a caer. Reconozco mi error, imperdonable en quien lleva más de once lustros en los estadios. Por tanto, pido perdón si, con mi exceso de voluntarismo, pude inducir a equivocación o a elevar las expectativas de alguien.

En la última noche de El Alcoraz, todos los astros estaban alineados con Murphy. Si algo puede salir mal, saldrá peor. Un árbitro malo y parcial, ni sibilino ni otras lindezas, que convirtió cinco minutos de demora en tres y que se fue con concierto de silbidos por deméritos propios, con una incidencia real que trasciende jugadas puntuales. Un ambiente de división en torno al capitán Jorge Pulido, al que yo mismo afeé su fea rueda de prensa, pero que, aunque haya quien lo niegue, sigue siendo uno de los nuestros. Y, ya puestos, que ayude con lo mejor que tiene sobre el césped: su magnético carácter.

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Quizás sería bueno aplicarse en la empatía para no incurrir en la simplificación de un asunto tan complejo. ¿Qué haría cualquiera de nosotros si de repente nos colocaran en los morros una oferta tan suculenta? ¿Y qué sucedería si el club hubiera dejado marchar por una cantidad escuálida a su emblema? ¿Cómo nos comportaríamos si, como Rubi, estimáramos que el toledano nos aporta un refuerzo de seguridad? Luego, ya, vino la comparecencia inoportuna del capitán, que no tuvo que hacerla y, sobre todo, una vez decidido, tendría que haber medido sus palabras. El propio Bolo lo reconoció: hay motivos para enfadarse.

La pregunta es: ¿y ahora qué? Porque en Huesca, como en Houston, tenemos un problema y no pasa por el "káiser", al menos no exclusivamente. La situación del club no demanda flagelaciones, pero sí una reflexión que dé paso a la acción. En nuestra religión cristiana, o al menos en la cultura que inspira, tenemos un buen aliado como es la de las herramientas necesarias para una confesión. Precisamos de un examen de conciencia: ¿dimos bien los primeros pasos en pretemporada? Dolor de los pecados, que se cuantifica en esos escuetos 23 puntos y la asunción de los errores. Y ahí viene la parte que puede sacarnos del marasmo: propósito de enmienda, esto es, compromiso irrenunciable de hacer buenos fichajes se ponga delante quien se ponga. Decir los pecados al confesor, que es la afición. Y cumplir la penitencia: redoblar el sacrificio y el esfuerzo para conseguir, mínimo, los 27 hasta los 50.

Los que somos católicos vivimos en la consciencia, más allá de que practiquemos más o menos, de que una confesión reconforta. Sobre todo, porque se consolida con la comunión, esto es, la fusión en uno con el Señor pero también con el prójimo. El Huesca necesita un renacimiento que ponga fin a la división y permita reemprender la coralidad en la marcha, para acelerar los resultados hacia la consecución del objetivo, esta vez sí, alcanzable. Imprescindible recuperar la armonía y ahuyentar rencores y ajusticiamientos. Todos los que suman son imprescindibles.

En cada parte de esta familia, desde la dirigencia hasta la afición pasando por la plantilla. La gran virtud, el valor fundamental que ha llevado a la Sociedad Deportiva Huesca a esta etapa dorada, se ha convertido por su erosión en la gran amenaza desde hace algunos años, desde que el vino y las rosas se sustentaban sobre una ficción. Es la humildad.

Rescatarla no es una opción, sino una obligación. Conocer las limitaciones y debilidades nos permitirá abrazar el conocimiento y su ejecución. Bolo fue explícito en la rueda de prensa: hay que aligerar la plantilla. Sea como sea. No sirve la explicación de que seguirán en el redil aquellos que no encuentren equipo. Si no logra colocar a los que no están para competir, que los tenga el director deportivo hasta junio de ejercicios espirituales en el cerro de San Jorge. Y, paralelamente, que sea capaz de hacer no 3-4 fichajes, como anunció, sino tantos como carencias tiene la plantilla. Reconocerlas es señal de humildad, pero además es una deuda con los aficionados que ha de ser saldada y condición para no caer al abismo. Seremos humildes o no seremos.

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