Eran las siete de la mañana cuando varios chavales de Siresa se disponían a marcar con yeso las líneas del terreno de juego. A las nueve comenzaba el torneo y debía estar todo preparado.
Puntual como un reloj suizom el árbitro Aarón Laplaza pitó y el balón comenzó a rodar por el campo de las piscinas de Echo, las aficiones empezaron a rugir desde la banda y el sol se fue adueñando del cielo aportando un calor de justicia. Cambio climático, cambio de juego, cambio de banda, cambio de campo, cambio y corto.
Este año los equipos participantes fueron: Ansó, Embún, Camping de Echo, Javierregay, Urdués, Jasa, Siresa y Echo. Partido tras partido se esforzaron por demostrar el gran nivel futbolístico que hay en estos valles. Y, lo que es mejor, la calidad humana de los participantes y de los aficionados. No había más que ver cómo se comportaron en la cancha los que tenían que sudar y en las gradas los que tuvieron que animar, a veces incluso a equipos que no eran el suyo.
Faltas, alguna tarjeta, fueras de juego y goles. Pero también abrazos, risas, aplausos y vítores.
Todo un ejemplo de convivencia, diversión y buen ambiente, aderezado con deporte y buenos valores.

Este año ganó Jasa. Recibieron su trofeo, que facilita el Ayuntamiento de Echo, ante el reconocimiento del resto de equipos participantes, en un gran gesto de deportividad.
Un gran colofón para este III Torneo de Fútbol de los Valles Occidentales, que nació de la ilusión y la voluntad de estos chavales de Siresa, y que cada año congrega a más gente. Ya podrían aprender los amos del fútbol de estos muchachos que, con ningún presupuesto, pero sobrados de ganas, divierten y se divierten. Y nos dejan una lección importante: las cosas hechas con el corazón, entre iguales y con el único objetivo de disfrutar, casi siempre terminan siendo un éxito. ¡Enhorabuena a todos los participantes! ¡Vivan estos valles! ¡Viva el fútbol!
