Dos jornadas pletóricas han acompañado el paso del Club de Montaña Javieres por el Moncayo, desde donde han atisbado vistas imponentes, se han probado en sus capacidades deportivas y han constatado el reconfortante aroma de la hospitalidad. 21 y 18 kilómetros, con desniveles de 1.300 y mil metros para un total de trece cimas en un escenario montañero que siempre apetece hollar.
Del jurásico y el cretásico hasta el día de hoy, la fascinación ha combinado el ejercicio físico y la curiosidad cultural. Una avanzadilla de cinco se desplazó el viernes y esperó a los diecisiete restantes que madrugaban de lo lindo el sábado, en que partieron a las 5:45 de la explanada del Palacio de los Deportes para llegar a San Martín de la Virgen del Moncayo a las ocho de la mañana al aparcamiento de Haya Seca, a veinte metros escasos del santuario. Allí, una socia, María Jesús, oriunda del lugar, les recibía con galletas, rosquillas, moscatel de Ainzón y café.
Cualquier humano hubiera pensado, con este relato, que los Javieres se irían de inmediato a tumbarse a la cama del hotel próximo, pero nada más lejos de la realidad. Con el regusto dulce, iniciaron la circular del GR90 del Parque Natural del Moncayo. En hora y cuarto en medio de una vegetación magnífica, estaban en el Collado Bellido, desde donde atisbaban panorámicas de Soria y de Aragón. Tres se atrevieron a subir el Tozal de Bellido y bajaron pronto para recorrer, con el resto, el Cordal del Moncayo.
La primera cima, a dos mil metros, después Lobera a 2.115, otra vez con vistas impresionantes. La sucesión de picos resultaba fascinante, ora Alto de Canalejas, ora Pico Morca a 2227 metros.El cerro de San Juan ya se aproximaba a los 2.300 metros. tras el descenso, nuevamente hacia arriba para buscar el principal. Una subida exigente hasta el Pico de San Miguel. La soledad de todo el trayecto hasta ahí se convertía en compañía de corredores de trail o de personas que siemplemente disfrutaban con su perro.
Como es preceptivo para un club como los Javieres, fotografías en lo más alto del Moncayo con la virgen del Pilar, y el grupo también acudió al vértice geodésico, grande pero menos llamativo.
El descenso hasta el Collado de Castilla tenía su aquel, de 2.315 a 1800 metros con un desnivel negativo bastante poderoso en muy poca distancia. era la hora de la comida. Tras reponer fuerzas, encaraban las peñas de las Negrillas, dos cimas de 2.107 y 2078 metros de altitud, con su buzón y libro de firmas.
Era el momento de continuar en línea descendente por el Collado de Castilla hacia Haya Seca no sin antes detenerse en el mirador desde donde se aprecian Trasmoz, Borja o Tarazona. Son 1798 de la denominada Peña Nariz por esa forma que tanto recuerda a la escena del Rey León en la que primero Mufasa y luego Simba proclaman con su rugido su reinado incontestable. En poco más de media hora, en el hotel.

No es cuestión menor el tema turístico tras el esfuerzo montañero. Tras las pertinentes duchas, visita a un pueblo, el de San Martín de la Virgen del Moncayo, precioso, muy micológico por lo demás. La fortuna quiso que Juan Señor ofreciera una charla sobre aquel mítico 12-1 de España a Malta en el que participó, y goleó, el madrileño de nacimiento y aragonés de corazón. El colofón a la jornada fue una cena riquísima.
SEGUNDA JORNADA
Aunque el domingo fue el día en que el Señor descansó, los Javieres aprovechan el séptimo de la semana para acercarse a los cielos a través de las montañas. Tomaban un picnic y manos a la obra.
Desde el pintoresco Talamantes, Añón mediante, a picar hacia arriba, objetivo las Peñas de Herrera, una sucesión de muelas calcáreas en el Moncayo con su historia y, sobre todo, prehistoria. Una caminata entre bosques, surgencias y fuentes como la denominada del Boticario, donde, por motivos obvios, hubo que tomar una fotografía a Andrés Pérez por su condición farmacéutica.
La situación se ponía seria con la cima Tonda, 1.498 metros. Y ya estaban aquí las Peñas de Herrera, la de Picarrón que es la más alta con 1.591 metros, conocida como la I. También pisaron la II, denominada El camino, y la III, La del Medio.
El calor apretaba y era tiempo de descender hasta el pueblo, donde el bar ofrecía la oportunidad de refrescarse, de brindar, de comer un bocadillo y tomar camino de regreso a Huesca con la satisfacción del deber cumplido.
Consagrada la misión, a pensar en las próximas actividades. El sábado día 13, un grupo de Javieres conformará el equipo de voluntarios de la Gran Maratón Montañas de Benasque. Y, el 20, otro reto con otra cima, Cubilars. Que no falten desafíos.