José María Calvo, conocido con su apodo baloncestístico “Lucas”, está emocionado y agradecido por el premio que le ha dado la Federación Aragonesa de Baloncesto en el transcurso de la Gala celebrada en la noche del lunes. Y bien merecido que lo tiene después de más de medio siglo de su vida vinculado al deporte, sobre todo al de la canasta.
En la conversación con EL DIARIO DE HUESCA, a bote pronto, dice estar “muy contento” y lanza la idea de que es “como el gordo” por su firme deseo de compartir el galardón con la generosidad de esa modestia y bonhomía que le caracteriza.
Y lo reitera un buen rato después, vía wasap, con estas palabras: “Sobre todo quiero destacar que es un premio compartido con todas las instituciones y clubes en las que he podido colaborar y todas las personas que hemos convivido y trabajado durante muchos años y creando unos fuertes lazos a través del baloncesto. Y, por supuesto, un premio repartido con toda mi familia, que siempre me ha apoyado y soportado”.

En toda la travesía, recuerda Lucas, “ha habido momentos buenos y malos” y señala que ese minuto de gloria que tuvo el lunes no es más que “la oportunidad de encontrarme con la gente del baloncesto y disfrutar”.
Gente que, por otra parte, conoce al dedillo y con quien mantiene unas excelentes relaciones. Ya tuvo “mariposas” en el estómago antes de la fiesta, durante y al final de la misma. Y estuvo acompañado por sus hijos Sara y Lucas, por sus compañeros y amigos de fatigas en el Peñas -más allá de que fueran sus jefes- como Alfredo Vizcarro, Domingo Malo y Eduardo González, además de Carlos Lanau y Nacho Biota. A los tres últimos ya los tuvo en su punto de mira cuando eran diamantes por pulir.

Lucas, jubilado y ahora con 71 años, hizo la carrera de Magisterio, tiene las titulaciones deportivas de Monitor Polideportivo, Entrenador de Baloncesto (15 de mayo de 1975) y clínics de perfeccionamiento y cursos de actualización.
Ha practicado el baloncesto, fútbol, atletismo, ciclismo y tenis. Ha sido árbitro de baloncesto y de balonmano.
Jugó entre 1966 y 1970 en el Instituto Ramón y Cajal y después, 70-71, en el equipo senior San Jorge Hermanos Broto. Entre 1971 y 1973 fue seleccionador-entrenador de los equipos de baloncesto, balonmano y fútbol de la Escuela Universitaria de Huesca.
Asumió su primer gran reto entre 1973 y 1980 como entrenador y preparador físico del Club Baloncesto Boscos en todas las categorías, desde benjamín hasta Tercera División. Una época en la que en Salesianos se jugaba al aire libre porque todavía no estaba el Pabellón. Y allí ya pasaron por sus manos jugadores de la talla de Fau, Luis Mériz, Sanclemente…, que con el tiempo se incorporarían al Peñas.
Entre 1983 y 1985 se integró como miembro del núcleo coordinador de la Escuela de Baloncesto del CD Peñas Recreativas, ya en la ACB, y también coordinador y entrenador del colegio Juan XXIII.
Entre 1987 y 1994 fue coordinador deportivo de los equipos base del Peñas, periodo en el que también estuvo en la organización y dirección de los campus de verano del Peñas.
Entre 1991 y 1996 fue miembro de la Asociación de Madres y Padres del Colegio Juan XXIII y responsable de las actividades extraescolares deportivas.
Entre 1996 y 1998 fue directivo y coordinador de la sección de baloncesto de la Peña La Parrilla, donde contó con Alfredo Alquézar como entrenador debutante en Primera Nacional.
En la temporada 97-98 fue también miembro de la AMYPA del IES Ramón y Cajal y responsable de las actividades de baloncesto.
Entre 1997 y 2001 participó en la creación y desarrollo de la Escuela de Baloncesto del CB Peñas y entre 2002 y 2007 fue director técnico del CB Boscos y directivo responsable del proyecto deportivo de la entidad salesiana. Aquello fue “volver a los orígenes… y con Pabellón”.
Y desde entonces, “lo dejé, y hasta ahora”. Dedica el tiempo a ver a sus nietos -cuatro de los cinco que tiene juegan a baloncesto en la cantera del CB Femenino Huesca y el quinto porque tiene solo dos años, pero ya crecerá y seguirá la senda-.
“He vivido varias galas como la del lunes y recibir un premio así te llega al alma. Ves las trayectorias de gente muy poco conocida, pero que ha hecho grandes cosas y que merecen un monumento”, señala Lucas. Feliz, muy feliz. Compartimos esa alegría contigo, amigo.