El oro olímpico que Tania Lamarca conquistó en Atlanta en 1996, cuando tenía 16 años, dio paso a una retirada traumática, un trastorno de la conducta alimentaria y una depresión que tardó años en afrontar. Apartada del equipo nacional por pesar dos kilos más de lo exigido, la gimnasta perdió la confianza en sí misma y tardó en pedir ayuda, hasta que el apoyo de su entorno y la atención profesional le permitieron recuperar el rumbo.
Este viernes, en Huesca, ha convertido su experiencia en una llamada a la prevención y al cuidado de la salud mental en el deporte de élite, con un mensaje dirigido a quienes atraviesan una situación difícil: "Pedir ayuda no es de cobardes, es de valientes". Lo ha hecho durante el cuarto directo de Locas de qué, en el marco de la VI Movida Arcadia por la Salud Mental y la XXVI Muestra de Cine Realizado por Mujeres.
La conversación, celebrada en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner, ha abordado las exigencias de la competición, la gestión del éxito y el fracaso y las dificultades que pueden aparecer cuando una carrera deportiva termina de forma inesperada. Lamarca, también dos veces campeona del mundo y subcampeona de Europa, ha compartido su trayectoria con Asunta López y Ana Rosa Maza, responsables del podcast. Al encuentro han asistido José Luis Laguna, presidente de Arcadia, Alberto Torres, director de la entidad, Leopoldo Carranza, concejal de Deportes del Ayuntamiento de Huesca, Chus Fenero, directora de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, y Marta Liesa, vicerrectora del Campus de Huesca, junto a otros representantes del ámbito cultural y deportivo. Al terminar, varias gimnastas del Club 90 se han acercado a Lamarca para conversar con ella.

La sesión ha estrechado la colaboración entre Arcadia y la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, dos iniciativas que han encontrado en este encuentro un espacio para hablar de experiencias que a menudo quedan fuera del relato público. La participación de Lamarca ha permitido acercar ese debate al deporte de alto nivel, desde su paso por la selección española hasta su actual trabajo en la Fundación Blanca de Apoyo al Deportista, donde acompaña a deportistas de élite.
DOS KILOS QUE ACABARON CON UNA CARRERA
El episodio más duro de su trayectoria llegó cuando tenía 18 años. Después de cuatro años de dedicación al equipo nacional, fue apartada por superar en dos kilos el peso establecido. La fecha límite que le dieron fue el 26 de diciembre, después de las fiestas navideñas. Corrió incluso el día de Navidad, pero no consiguió alcanzar el peso exigido. "No podía entender que 2 kilos fueran más importantes que todo lo que yo había construido como gimnasta", ha recordado.
La presión sobre el cuerpo había comenzado mucho antes. Las gimnastas se pesaban a diario y las dietas formaban parte de una rutina que ella llegó a normalizar. Con el tiempo, esa relación con la alimentación derivó en un trastorno de la conducta alimentaria. Lamarca ha explicado que tardó 20 años en volver a subirse a una báscula y que todavía hoy no tiene ninguna en casa.
También ha recordado a María Pardo, que abandonó el equipo dos meses antes de los Juegos Olímpicos por un problema de salud mental. En aquel momento, ha contado, se interpretó que no había soportado la presión, pero con el tiempo comprendió que, en realidad, su compañera había tenido un problema de salud mental. Lamarca ha reivindicado su lugar en la historia del equipo: "Esa medalla tiene un trocito de ella".

Su experiencia le ha llevado a cuestionar la atención que recibían entonces las deportistas. Según ha relatado, el trabajo psicológico estaba centrado en que estuvieran en condiciones de ganar, sin prestar suficiente atención a lo que podía ocurrir si algo fallaba ni a la protección emocional durante la carrera. "Las cosas hay que prevenirlas; cuando llegamos a la caída ya llegamos tarde", ha defendido.
"El deporte de élite es rendimiento, no es actividad física saludable", y ha recordado que en su disciplina, durante años se valoró la delgadez por encima de la fuerza, mientras que el código actual exige que las gimnastas estén fuertes y sanas.
EL PRECIO DE GANAR
"Subir al podio cuesta, pero bajar cuesta muchísimo más", ha resumido Lamarca al recordar lo que ocurrió después de la medalla olímpica. La preparación para competir exigía horas de entrenamiento, dietas estrictas y vivir lejos de sus padres, pero dejar la gimnasia resultó mucho más difícil. Con 16 años sintió que había cumplido el sueño por el que llevaba años trabajando, lo que no sabía era cómo afrontar la vida después de la competición.
La retirada dio paso a una etapa de malestar que se prolongó durante años. Según ha explicado también a este periódico, acudía a clase llorando cada mañana, aunque tardó mucho tiempo en expresar lo que le sucedía. Pensaba que debía ser capaz de resolverlo por sí misma y evitaba preocupar a sus padres, que la habían visto crecer como una persona fuerte y positiva. La dificultad para verbalizar su sufrimiento acabó pesando tanto como la pérdida de la actividad que había organizado su vida.
Lamarca ha situado el momento decisivo cuando llegó a pensar que vivir no merecía la pena. Fue entonces cuando se dijo a sí misma: "Tania, con esto no puedes sola". Reconocer que necesitaba ayuda marcó un cambio en su manera de afrontar la situación.
La recuperación contó con el respaldo de sus amigos, de su familia y de personas que habían formado parte de su trayectoria deportiva. Entre ellas, su primera entrenadora, Agurtzane, a quien considera una referencia y a la que sigue recurriendo cuando advierte que algo no va bien. También ha destacado el papel de Lola, hermana de Blanca Fernández Ochoa, y de Mar, vinculadas a la fundación que lleva el nombre de la esquiadora. Sus padres nunca antepusieron los resultados a su bienestar y, con el apoyo de su hermano, sus amistades y, actualmente, su hija, Lamarca ha podido recuperar la confianza en sí misma. La recuperación, ha señalado, necesita tiempo y no responde a plazos establecidos.
Tania Lamarca ha querido transmitir un mensaje a quienes llevan tiempo sufriendo y creen que nadie va a escucharles o comprenderles. Aunque ella misma encontró puertas cerradas, ha insistido en que hay personas dispuestas a ayudar y ha ofrecido su propia disponibilidad a quien necesite hablar con alguien que le escuche.

EL VALOR DEL ACOMPAÑAMIENTO
La trayectoria de Lamarca está ligada ahora a la Fundación Blanca de Apoyo al Deportista, creada en memoria de Blanca Fernández Ochoa, que ofrece atención psicológica a deportistas durante las 24 horas y desarrolla proyectos para visibilizar la salud mental. La muerte por suicidio de la esquiadora en 2019 hizo que Lamarca se reconociera en una historia que le recordó hasta dónde puede llegar el sufrimiento cuando permanece oculto.
La experiencia de ambas ha reforzado su convicción de que los deportistas necesitan espacios en los que puedan reconocer sus dificultades sin sentir que ponen en riesgo su carrera. La exigencia de rendir, estar bien y ser los mejores dificulta que muchos expresen lo que les sucede. "No nos permitimos decir que nos afecta algo ni pedir ayuda", ha señalado durante el encuentro.
Durante la entrevista con este periódico, Lamarca ha insistido en que no hay que esperar a que el sufrimiento se agrave para contarlo. Su consejo es comunicar cuanto antes cualquier señal de malestar, desde una tristeza persistente hasta el llanto frecuente o los pensamientos que una persona no sabe cómo gestionar. No hace falta encontrar las palabras perfectas ni tener claro qué está ocurriendo. Basta con acudir a alguien de confianza y decir: "Necesito ayuda".
El encuentro ha concluido con una reivindicación de más mecanismos de prevención, atención personalizada y profesionales especializados, además de una escucha libre de juicios. Lamarca ha pedido que el reconocimiento que reciben los deportistas cuando ganan no desaparezca cuando atraviesan una etapa de vulnerabilidad. "Cuando estamos un poco débiles, enseguida vienen a por nosotros", ha advertido.

CORREDORA
La conversación ha incorporado también la mirada cinematográfica a través de una conexión con Laura García Alonso, directora y guionista de Corredora, película centrada en una deportista de élite que sufre un episodio psicótico, y que se ha proyectado en la clausura de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres. García Alonso ha explicado que el proyecto nació de una experiencia cercana y que buscaba construir un ejercicio de empatía, sin estigmatizar a quienes atraviesan un problema de salud mental. La historia aborda la autoexigencia, la insatisfacción permanente y la tendencia a llevar el cuerpo y la mente hasta el límite.
La actriz Alba Sáez trabajó durante un año para representar con veracidad la psicosis y los efectos de la medicación sobre el cuerpo de la deportista. La película plantea una pregunta que ha enlazado con las experiencias de Lamarca: "¿Qué perdemos cuando ganamos?". La campeona olímpica ha respondido que el éxito ya no se mide para ella por los metales y que también consiste en saber decir que no.