Esta excursión se planeó para ser disfrutada en agosto por la protección y riqueza en sombra de sus bosques. No fue posible por circunstancias diversas hasta el sábado 17 de octubre de 2026. Ahora, cuando parece que va a comenzar el otoño, elegimos el momento ideal para adentramos por fin en esa masa forestal de sugerente calificativo: “Ruta de la felicidad”.
Lo primero en señalar es que el sendero comienza valiente y una vez más, los bastones nos ayudan a remar sobre un pavimento empedrado, ávido en arañar metros a nuestro ascenso. ¿No serán restos de una vía pecuaria en dirección a un valle pastoral?; los excrementos dejados por los animales así lo atestiguan, pero sorprende aún más a todos el recubrimiento de musgo envolviendo con penumbra cada paso. Troncos, tallos y rocas, aparecen recubiertos y arropados por un terciopelo verde que templa el ambiente sin dejar sentir la transpiración húmeda típica de las zonas umbrías.
Sin duda, el tórrido verano lo ha secado todo y menos mal de las últimas tormentas porque gracias a las lluvias este Rincón del Verde ha recuperado esa hierba con matices de esperanza; hierba que rebrota con tal brillo de ternura que las vacas la trituran con frenesí sin apenas inmutarse ante nosotros. La estampa no puede ser más bucólica hasta que una bandada de buitres aparece, se posa y se agita en carreras alocadas sobre la hierba para manifestar la cruda realidad del ciclo vital de estas montañas. Sí, están pendientes de los restos de una vaca que yace muerta cerca del camino a la espera de que nuestra presencia no interrumpa el codiciado festín.
Se abre ahora un valle inmenso, con la sinuosidad de un cauce glaciar de paredes verticales, desafiantes hasta cerrar por el sur su circo con la sierra de Tendeñera. Ya llevamos un buen rato caminando y hemos dejado atrás el bosque.
Quizá sea el momento adecuado para parar y comer algo antes de que la amenaza de lluvia arruine definitivamente el acceso a la cascada que era nuestro objetivo; además, apenas se la puede ver en la lejanía por su exiguo caudal. La lluvia estaba prevista para media tarde pero caen gotas y la alegría que nunca se aleja del ambiente nos empuja a hacer fotos de grupo en vez de temer por el mal tiempo.
El regreso ahora es por la otra orilla, la otra "ripera" de este río y este valle. Pero aún nos aguardaba otra estampa pastoril. En efecto, aparece de repente una familia de yeguas con sus potros bellísimos pastando tranquilas y se dejan casi acariciar porque nos atraen como si fueran verdaderos "Plateros, pequeños, peludos y suaves, casi de algodón" tal que decía el poeta.
No sé si sería muy pretencioso afirmar que nuestro grupo fue muy feliz marchando en esta "Ruta de la Felicidad", pero os aseguro que sinceramente no estuvo muy lejos de alcanzarla.
Al regresar al aparcamiento de la Estación de esquí de Panticosa podíamos comer tranquilos y agrupados en las mesas de una terraza gentilmente ofrecida para nuestra comida de mochila.
La jornada ha sido completa y el próximo domingo 25 repetiremos el intento de lograr acariciar otra vez la "felicidad montañera de la Marcha Nórdica MAB".