Me resisto a que a la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión le llamen Zaragón. No es justo para muchos de sus excelentes profesionales, a los que respeto y hasta admiro (dependiendo de cuál). Me consta que los sucesivos delegados en Huesca han padecido la tendencia centrípeta inevitable de una urbe que supera en quince veces el censo de Huesca. Sí, ellos sufren una querencia que, hasta cierto punto, puedo comprender por la querencia localista, por la succión de la macrocefalia. Y los compañeros de la delegación lo mismo.
Me ha sorprendido sobremanera tradicionalmente la locuacidad que mantienen casi todos ellos (no el jefe deportivo, por cierto, mucho más mesurado Pedro) en Twitter, hoy X, que me hace pensar que su capacidad para anunciar fichajes por ejemplo en sus cuentas privadas debe ser porque Elon Musk y la CARTV deben compartir el abono de sus emolumentos. De otra manera no se comprendería, porque si sólo paga sus sueldos la corporación a ella deben todos sus desvelos laborales. Lo del ego de las redes es para autónomos, para librepensadores o, como es lo más común, para incapacitados mentales y cobardes anónimos. No para profesionales asociados a una empresa pública.
Pero en la truculencia del derbi han dado un paso más hacia lo inaceptable, porque la práctica totalidad de los periodistas deportivos zaragozanos de Aragón Televisión y Aragón Radio han dado una indecente muestra de parcialidad que no se compadece con el hecho cierto de que cobran parte de sus sueldos gracias a los doscientos y pico mil ciudadanos de la provincia, los 56.000 de la capital oscense, los siete mil abonados del Huesca, usted que me lee y yo mismo. Del intelecto de algunos de ellos no tengo muchas dudas -ni para bien ni para mal-, pero me han sorprendido ingratamente algunos otros. Incluso a uno, contraviniendo mi aversión a participar en el aquelarre en estos momentos de mi vida, le repliqué ayer con reproche por su deficiencia ética.
No, no tienen derecho. Ninguno. No deben. No les asiste ninguna legitimidad a convertirse en pirómanos aprovechando la visibilidad que les otorga la televisión y la identificación que les da la radio, porque esa televisión y esa radio la pagamos todos. Una cuestión es la barbarie deontológica en la que se han sumido otros periodistas, algunos jubilados de una época en la que esto de la ética se la chuflaba, otros en activo ya no con la bandera del Zaragoza sino con el guante de Andrada en posición Mazinger Z.
Otra bien distinta, la participación en este linchamiento hacia todo lo oscense, con la desproporción de la masa, de oficiantes que habrían de intentar desde sus púlpitos públicos calmar sus pulsiones por el bien de la convivencia... y porque, ¡coño! vuestros salarios salen del mío. Me niego a que la CARTV que aprecio y admiro se convierta, por esta mala praxis, en la ZARTV. No con mis impuestos.