La montaña es un jardín: por las cumbres de Néouvielle

El Club de Montaña Nabaín realizaba esta fin de semana una salida montañera por el valle de Estaragne

Juan Rodríguez Bielsa
07 de Julio de 2026
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En la cima.
En la cima.

Una preciosa mañana comienza en el valle de Estaragne. Quince integrantes del Club de Montaña Nabaín empezamos, entre rododendros en flor, torrentes, praderas y pinos negros, un camino que nos llevará hasta los tresmil metros del pico Estaragne. La sección de Medio Natural del club sobrarbés ha organizado esta actividad que, además de hacer cumbre y disfrutar de la belleza del entorno, pretende dar a conocer la primavera alpina, que llena de vida la alta montaña pirenaica.

En torno a los 2400 metros de altitud, mientras de la mano de Benito Campo, nuestro guía de naturaleza, entendemos en una de sus paradas explicativas el estrecho margen de tiempo que tiene la vegetación para desarrollarse en torno a estas cumbres y las estrategias que usan para hacer posible la vida en ellas, aparecen una docena de socios Peña Guara, que se dirigen también al Estaragne. Posteriormente nos iremos encontrando y reencontrando a lo largo de la ruta.

Plantas carnívoras para conseguir los nutrientes que no les da el entorno; otras que son capaces de disolver la roca para ir conformando su propio suelo para vivir; algunas que colonizan las paredes verticales siendo capaces de autosembrarse en las grietas para evitar la gravedad,…nos acompañan en sucesivas paradas. Pastos, torrentes y granitos se suceden en esta parte del recorrido.

Caminamos en el límite oriental del Parque Nacional de los Pirineos franceses, en una sucesión de repechos y rellanos que nos hablan de viejos glaciares. Las vistas se van ampliando. El Arbizon -“el Cotiella del norte”, por su posición respecto a la cordillera-, la estilizada figura del pico de Bastan -que nos recuerda la belleza de los ibones que le rodean-, y otras cumbres de la Reserva de Néouvielle se nos muestran hacia el noreste.

Seguimos subiendo, ahora hacia el sur, por empinadas terrazas. Las flores también están sobre las pedreras. Ya sea agarradas a las rocas más estables o lanzando infinitas raíces capaces de arraigar una y otra vez cuando el movimiento de la ladera las quiebra.

Llegamos a la franja rocosa que protege las cumbres del fondo del valle. Y realizamos por debajo de ellas un refrescante recorrido pegados al hielo de la “rimaya” de un gran nevero. Treparemos las repisas rocosas para llegar a una nueva “faja” ya bajo la cumbre del Estaragne. Por ella nos dirigiremos hasta encontrar sus acantilados sobre el valle de Aure, que nos ofrecen ya unas panorámicas destacadísimas sobre las grandes cumbres de Aragón, desde Treserols a las Maladetas, pasando por los macizos de Posets, La Munia o Bachimala. Algún paso espectacular, pero no difícil, sobre la vertical vertiente sur de la montaña nos lleva por una breve cresta hasta la parte final de la ascensión. Nuevas montañas se nos muestran: Néouvielle, Ramoung, Pic Long...

Compartimos cima y paisaje con los compañeros de Peña Guara y nos hacemos una foto con ellos. Y nos admiramos de la cantidad de especies vegetales que viven a tresmil metros, de su pequeño tamaño y de sus bellas -y, en proporción grandísimas- flores; y de sus múltiples recursos para sobrevivir al frío, el viento, la nieve, a la pobreza del suelo, o a la fuerte radiación ultravioleta de este lugar.

Una gran cumbre, flora, paisajes, amigos… No podemos pedir más. Hasta la próxima.