Navidad montañera en la ermita de las Ventosas

Esta crónica podría comenzar bajo las frías nieblas de Barasona nada más llegar a Torres del Obispo

Pedro Solana
16 de Diciembre de 2025
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Navidad montañera en la ermita de las Ventosas
Navidad montañera en la ermita de las Ventosas

Lo de este domingo 14 de diciembre 2025 fue algo más que el Belén Montañero MAB y no deja de ser una celebración especial que como escribió en un discurso muy oportuno nuestro ex presidente José Masgrau se viene celebrando desde 1969 ininterrumpidamente. El discurso fue leído por su hermano Luis, ya que José convalecía en cama por gripe.

Esta crónica podría comenzar bajo las frías nieblas de Barasona nada más llegar a Torres del Obispo. Nieblas persistentes en nuestro caminar pero que no evitarían ser derrotadas por un sol rescatador que calentaba a dos grupos de caminantes. Uno era de Senderismo de Adultos y el otro de Marcha Nórdica. Por eso se llenó un autobús de 50 plazas, porque en momentos especiales sabemos unir, sabemos juntar y en el camino del Belén ayer iba, además, un invitado especial. Era nuestro querido  Carlos Bravo quien señalaba desde el comienzo cualquier detalle del horizonte. La ermita de Castro desde el sur o el despoblado de Castarlenas por el norte brillaban en lo alto aún a sabiendas del abandono de Castarlenas. Hace dos años supimos que la portada renacentista de su iglesia había sido recuperada y trasladada a Graus. La placeta dels Llops (Lobos) era descrita por el recuerdo de un joven Carlos que junto a sus  vecinos de Torres del Obispo peregrinaba a la Ermita de las Ventosas en aquellos 8 de septiembre festividad de la Virgen que se apareció a un pastor  bajo un promontorio rocoso. ¿Y qué hacía Carlos de niño en esa explanada pedregosa?. Pues echar piedras sobre la tumba de los caídos en una batalla legendaria entre moros y cristianos en la que hubo muchas bajas tras la victoria cristiana y aquellos oponentes caídos había que sepultarlos con piedras no fuera que resucitasen…

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Los organizadores de la excursión: Agustín, Pilar, José, Leles… decidieron variar algo el itinerario previsto evitando el sendero de las Tosquillas. Cuando Carlos señalaba otro pueblecito, Juseu o Chuseu apareció en un punto sobre-elevado el promontorio rocoso bajo el cual surgía desde un abrigo la ermita rupestre. Era un destino y un edificio muy cuidado y bien elegido. Iglesia barroca del siglo XVII muy restaurada, bien acondicionada y a su vez ricamente decorada en el interior con capillas laterales e incluso púlpito junto a la talla de la Virgen de las Ventosas. Carlos no encontraba motivos para esa advocación pues el lugar siempre había gozado de protección frente al viento.

Pero ahora llega el momento para  el otro título que me sugiere lo que allí se vivió. Hubiera sido el título principal de esta crónica “Anatomía de un instante”, en referencia a la novela de Javier Cercas, muy comentada estos días.

Para describir ese instante quiero recordar las hojas con letras de villancicos que Leles y María Jesús repartían entre quienes igual se vestían con gorros rojos de Papá Noel que devoraban dulces en un reparto interminable al son de la música de nuestro técnico de sonido Ricardo.  Formábamos un círculo  mágico y trovador… y ahí quería llegar…. Mientras cantábamos, mirando al frente,  mis ojos fotografiaron aquellos rostros que me parecieron bellísimos; eran rostros de mis compañeras y compañeros bailando, cantando pero sobretodo sonriendo. Fue un momento de espiritualidad y empatía, de sentir la necesidad de tan buena  compañía abrazados en torno al portal. Hubo repertorio para recordar el “tamborilero” de Raphael o el “Burrito Sabanero” que aprovechó Carlos para inmortalizar en su Instagram. Fue un instante un poco más largo que un simple instante. Puede que fuera un pellizco de felicidad de la buena, de esa que nos mueve a subir montañas yendo de la mano unos con otros.

Una vez cerrada la puerta de la ermita solo quedaba caminar por un umbrío sendero entre la multitud de árboles que cubrían aquel monte. Las compañeras charlaban muy animadas… unas comentaban las clases de la escuela de Idiomas y otra me describía la satisfacción de sacar a un nieto a pasear…

Los más o menos trece kilómetros de la ruta concluyeron por fin en Benabarre. Y concluyeron de la manera más entrañable que se pudiera uno imaginar: sentados a la mesa del Restaurante Mars para a la vez comer y repartir regalos entre risas muy cómplices.

La Navidad ha reforzado una vez más los lazos de amistad entre montañeros y montañeras de este club.

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