Los caminos de San Bllascut, que unen desde antiguo Sobrarbe y Ribagorza, han protagonizado la salida senderista familiar del pasado fin de semana organizada por el Club de Montaña Nabaín. Un total de 37 personas de todas las edades se han sumado a esta iniciativa que convoca a niños y niñas y sus familias para compartir deporte y naturaleza. La ruta elegida discurre desde la localidad de Foradada hasta Campo, por el tozal de Naspún, el extremo más oriental de la Sierra Ferrera —la de la Peña Montañesa—, situado ya sobre el mismo cauce del Ésera.
El puerto de Foradada, esta localidad y la zona de La Llauna de Naspún forman parte del camino que enlazaría el monasterio de San Beturián, en Sobrarbe, con el de San Pedro de Tabernas, en Ribagorza, situado entre Seira y Barbaruens. Esta sería la ruta que recorrería San Bllascut, monje del siglo VII que, según la tradición, hacía de correo entre ambos centros religiosos. Este santo popular y local —no reconocido oficialmente por las instituciones eclesiásticas, pero que cuenta con mucho arraigo en Campo, donde se le dedican concurridas romerías el lunes de Pascua y durante las fiestas de agosto— tiene su antigua ermita, San Bllascut viello, algo más al norte de Naspún, en la ladera que mira al Ésera. Por parte de estos antiguos caminos transcurre la jornada senderista.
El primer tramo de la ruta asciende desde Foradada por pista, con pinares y carrascales como protagonistas. La sierra de Campanué, a un lado, y las de Morillo y Esdolomada, al otro, dominan las vistas, junto a los barrancos enfrentados de Foradada —que parece venir de La Fueva— y de Bacamorta —que desciende desde los montes del Isábena—, así como los pueblos de Las Colladas, Navarri y Morillo de Liena. El ascenso de la ruta se concentra en este tramo, hasta llegar al esbarre del camino de Senz y Víu.

Por un bonito carrascal, los participantes llegan después a la plana de Naspún y se acercan hasta su conocido «árbol de dos cabezas», con un banco estratégicamente situado para contemplar el gran panorama que se abre hacia el norte. Un amplio valle —que un día quisieron inundar con un pantano—, con Campo en su centro y los pueblos de Velvedé, Biescras (conocidos oficialmente como Beleder y Biescas) y Aguas Caldas, recostados en la ladera sur del Cervín; el Turbón al este, el Cotiella al oeste y las cumbres del macizo del Posets al norte, conforman un paisaje espectacular. Allí, disfrutando del entorno y compartiendo historias de los antiguos asentamientos humanos de este estratégico lugar, el grupo permanece un buen rato para descansar y reponer fuerzas.
A partir de este punto, ya por sendero, la ruta discurre por El Caixigá de Campo, protegidos del sol por las copas de los árboles y con bonitas estampas hacia el valle. En Collabardina y su mirador, los participantes se reagrupan para descender después por el sendero de La Tosquera —donde hay algún punto que requiere precaución— hasta la ermita de San Bllascut, la nueva. Allí, tras decidir entre confiar la protección de sus oídos al monje —la audición es la especialidad que se le atribuye— o al otorrino, se dirigen a La Palanca del Ésera para llegar finalmente a Campo.
Juegos y carreras para los niños y niñas, y animadas conversaciones entre los mayores han dado color a esta ruta llena de historias —de monjes mensajeros, de modestos poblados antiguos y de pantanos que nunca llegaron a construirse—, pero también de paisajes, encinas, quejigos y otros Quercus. Una jornada en la que senderismo, convivencia y patrimonio natural e histórico se han unido para descubrir y disfrutar de algunos de los caminos más singulares que conectan Sobrarbe y Ribagorza.