El pospartido ha sido realmente complicado en todos los sentidos. A la declaración de partido de alta tensión se ha sumado el violento final provocado por la desproporcionada exhibición violenta de Esteban Andrada. A las habituales "lecheras" de la Policía Nacional, se les incorporaban algunas otras para prevenir cualquier tipo de incidente, aunque algún aficiionado se preguntaba si era para detener al cancerbero sudamericano.
Decenas de oscenses esperaban a los jugadores, tanto a los propios como a los ajenos, con una diana principal: el guardamenta argentino. Miraban hacia la salida de los vestuarios para identificar al cancerbero, al que le aplicaban el mismo tratamiento que la Romareda prescribe de manera brutal y mayoritaria a Jorge Pulido, un cántico feo en uno u otro caso.
Algunos expresaban la diferencia de trato en un estadio y otro, impoluto como estaba esta tarde noche el autobús del Real Zaragoza, asquerosamente atacado en cada visita a la Romareda o este año al Ibercaja el del Huesca, atacadas las lunas con toda clase de objetos agresivos y guarrerías varias.
Los cánticos se sucedían, el Himno del Huesca era entonado con pasión y la alegría y fuerza de la victoria, y tampoco faltaban algunas invectivas hacia la capital aragonesa, en una rivalidad que dura muchos años hasta el punto de que derbi, lo que se dice derbi, lo es aunque renuncien los vecinos.
Cada salida hacia el bus del Zaragoza era saludada con una salva de pitos, captados por nuestro teléfono en condiciones de trabajo realmente lamentables, se supone que la seguridad privada del Huesca también debe estar tensionada hasta el punto de dificultar la labor periodística.
Se hace unas semanas la salida de los grandes capitanes se salpicaba de insultos por el mal desempeño de los futbolistas, esta tarde-noche era lo contrario. Jesús Álvarez, Agbekpornu, Efe Aghama, Álvaro Carrillo, Toni Abad, todos eran vitoreados. Y la locura iba en aumento con el héroe de hoy, Jorge Pulido, con el querido Sergi Enrich y con Óscar Sielva, autor del gol de los tres puntos de la esperanza. También Dani Jiménez ha sido consolado con el respaldo de los aficionados pese a su expulsión.
Ha tenido capítulo aparte José Luis Oltra al que han esperado para demostrar la confianza en el milagro, aliviada la afición, aliviado el técnico por su primer triunfo.
Se iba despoblando la explanada y arrancaba el autobús del Real Zaragoza, "acompañado" por dos decenas de desilusionados seguidores blanquillos. Desde "perros" hasta "mercenarios" o "sinvergüenzas", el catálogo ha sido amplio. La desesperación de una temporada dramática.