Pintaba mal la previsión meteorológica y, por eso, ya a principios de la semana, se optó por sustituir la salida programada de dos días por los Valles Occidentales, por una salida de un solo día con el objetivo puesto en el pico Bisaurín.
Comenzó la mañana con cierto optimismo, pues al llegar al refugio de Lizara (1.515 m), punto de partida de la ruta, en el TM de Aragüés del Puerto, una meteo tranquila y bastante buena visibilidad animó al grupo de 17 participantes a salir hacia el Bisaurín por la ruta normal hacia el collado del Foratón.
Al llegar a la cota 1.800 m, ya se vio que la primera idea, que era la de ascender por la zona del refugio y Ruabe de Fetás hacia el collado del Baste (“el bocao”), iba a tener que esperar a mejor ocasión, pues la vista de espesas nubes en altura, la presencia de unas buenas cornisas, un manto de nieve nueva, algo pesada por la humedad, y el conocimiento de la fuerte pendiente que hay para ganar ese collado, nos obligó a reconducir la ruta a la vía normal de ascensión al pico por el collado del Foratón, dictando, de este modo, la primera lección del día para los participantes más noveles y los procedentes del curso de esquí de montaña de este año, la de la “lectura del monte”, el estado de la montaña en cada momento.
Al llegar, poco después, al collado del Foratón (2.016 m), nos dimos un baño de realidad consistente en un frío ventarrón y la entrada de nubes bajas que limitaban seriamente la visibilidad hacia las alturas. Regina, la última y enésima borrasca que azotaba nuestro país este invierno, hizo su trabajo y apagó el espejismo del inicio de la jornada.

Pero una ligera ventana entre las nubes, y la presencia de un buen manto nivoso nuevo a esas alturas, animó al grupo a no reblar todavía e intentar ascender un tramo más por esa conocida ladera Suroeste del Bisaurín. Finalmente, unos 100 metros más arriba, a una cota de 2.144 m, la persistencia del viento y una prácticamente nula visibilidad, nos hicieron tomar la siempre correcta decisión de la prudencia, dándonos la vuelta y, tras una transición menos rápida de lo deseable (habrá que estudiar los vídeos de Ana Alonso y Oriol Cardona en la olimpiada), iniciamos un descenso que, una vez retomada la zona con visibilidad, nos permitió alguna pala de buen esquí sobre una nieve profunda que, aunque algo pesada, se dejaba deslizar con más o menos clase y prestancia, según el nivel de cada uno.
Esta salida ha supuesto, a pesar, o gracias a no poder conseguir la ascensión a la cumbre planificada, un buen aprendizaje y acopio de experiencia para el personal, tanto en el aspecto de esquiar sin visibilidad, siguiendo trazas y referencias, como en el de que en estos terrenos de alta montaña siempre, y en invierno sobre todo, la prudencia debe presidir todas las decisiones del grupo, leyendo el monte en todo momento y renunciando a la cima cuando el riesgo se multiplica, sabiendo que éste se hace exponencial a medida que se gana en altura y que un posible rescate ante un accidente, en esas condiciones, se hace muy difícil y, como mínimo, muy lento y penoso.