El pospartido del Huesca-Zaragoza ha llegado muy lejos. Demasiado. Mi cálculo en la anterior columna de que en Zaragoza hay 15 veces más energúmenos que en Huesca, por pura comparativa de censo, era profundamente insuficiente. Lo de estos días de X o de Facebook ha sido una batalla campal en la que los de la aldea gala, por aquello de ser menos, han sufrido invectivas descomunales, desproporcionadas, salvas de insultos inhumanos. Lo que dirían hoy Astérix y Obélix en sus ingeniosos juegos de palabras sería algo así: "Están locos estos romaredanos".
Pero con las legiones de imbéciles, vuelvo a Umberto Eco, no se puede discutir. En estupidez son invencibles y arrasan con el raciocinio por la fuerza de la sinrazón, por el supremacismo de creerse más y mejor, dignos émulos en brutalidad de Esteban Maximiliano Andrada.
Lo inquietante es el comportamiento indigno, populista y falaz de un club como el Real Zaragoza, que ha sido lobo con piel de cordero. Balidos después de la agresión asilvestrada de su portero. Populismo con la exhibición de una galería fotográfica que no soporta el añadido de ningún video, caldeando el ambiente insensata e irresponsablemente. Falacia de distracción con el mentiroso wasap de disculpas del agresor a Pulido. Goebbels: simplificación de los mensajes para la manada, reiteración de las falsedades para que entren bien en esas cabecicas, utilización de unos medios de desinformación enloquecidos, (¡lo que han llegado a inventar contra las imágenes y los sonidos!) identificación del enemigo común, principio de la transposición (igualación de las agresiones de los dos porteros) y principio de la silenciación a través del apabullamiento con las hordas de idiotas sin medida ni raciocinio.
Todo en ese club, que no necesariamente identifica a toda la afición, ha sido de una deslealtad inaceptable. Ha ido al choque, ha respondido a su correcto anfitrión, la Sociedad Deportiva Huesca, con una traición tras otra. Mentira tras mentira. Trampantojos con las entradas, aliento a los ultras, siseos a periodistas que han seguido con sus insidias y sus portadas que han atentado contra todo principio deontológico del periodismo. Ese club que ha orquestado todo, desde la noche del domingo, para desviar la atención de sus miserias pretendiendo trasladar la etiqueta de miserable a su primo oscense, que en aras de una cierta desescalada de tal violencia como se ha generado ha callado con la misma máxima de mi madre: por la paz, un rosario. Han rezado demasiado y quizás vaya siendo hora de sacar la furia del dragón de la batalla de Alcoraz.
La hartura es insoportable. El analista con más criterio que pone al servicio de los medios zaragozanos (no hay un medio aragonés que entienda ni quiera a Huesca, a excepción diría de Aragón Televisión en algunos-pocos de sus profesionales), Luis Costa, ha sido vilipendiado, azotado, crucificado por su condición de oscense por gentes que no tienen discapacidad intelectual (a esos los quiero y con ellos empatizo), sino incapacidad mental. Sugiero que, en los aledaños de la nueva Romareda, incorporen clases de comprensión lectora, asignaturas de ética, materias de deportividad.
Y hoy, por fin, ha salido el pater familias, David Navarro, que estuvo todo el partido provocando y faltando al respeto al árbitro y a jugadores del Huesca, sosteniendo que es una pena que esta rivalidad haya llegado a donde ha llegado. Y le compro este planteamiento general, y también que hay muchísimos aragoneses que se han alegrado de la evolución azulgrana. Más de lo que les gustaría a muchos de esos tuiteros indeseables. Pero me parece insorportable ese paternalista recuerdo de que el Zaragoza jugaba en El Alcoraz para dejar unas perrillas en tiempos de penuria. De este estadio él ha recibido unos cuantos sueldos, y esta extemporaneidad es impropia. Quizás buena intención, pero mala definición.
Puestos a hacer arqueología futbolística, alguno pudiéramos tener la tentación de recordar que la quita de Hacienda que permitió sobrevivir al Zaragoza hace apenas tres lustros fue posible por la intermediación de tres oscenses. Dicho sea lista y llanamente: existe por la acción de tres aragoneses de pro y de Huesca tras la catástrofe Agapito.
Pero alguna vez hay que parar esto. Empezando por acabar con esos recibimientos salvajes al autobús del Huesca (ilustro con la foto de cómo salió el del Zaragoza esta noche de domingo de la explanada de El Alcoraz, absolutamente impoluto), con esos deseos de muerte a un jugador con un coro más propio de hienas, con esas desproporcionadas reacciones del club blanquillo, con esos insultos insoportables que atentan contra la libertad de expresión, con esa violencia que no sólo se manifiesta con boxeo de Andrada, sino también a través de una verbalidad impropia del homo sapiens. Una atmósfera que provoca una hartura y que consigue que el fútbol entre las dos ciudades principales de Aragón deje de ser una fiesta y se convierta en un combate. Analicen mientras se bañan con el agua del Ebro y beben la de Yesa si merece la pena esta brutalidad. Y si ese club puede manipular de manera tan abyecta en defensa de su propia -y mala- gestión.
P.D.: Y se acabó, a pensar en lo que resta de temporada.