La revista 4 Esquinas acaba de sacar a la calle en su número de marzo-abril (304), en el que se recoge la historia del Atlético Huesca, “un club de barrio que dejó huella” a lo largo de sus diez años de trayectoria en los que disputó 350 partidos en Preferente y Primera Regional.
Los rojiblancos iniciaron su andadura en 1967 y disputaron su último encuentro el 12 de junio de 1977 (hará 50 años en 2027) derrotando al Binéfar (2-0) en El Alcoraz, pero su impronta y carácter quedó reflejado en el desarrollo del fútbol aficionado de Huesca.
El C.D.P. Atlético Huesca fue el equipo del Barrio Perpetuo Socorro durante una década, un año en Preferente y nueve en Primera Regional, con 350 partidos en los que al margen de los resultados (123 victorias, 65 empates y 162 derrotas, con 576 goles a favor y 639 en contra) primó por encima de todo la amistad de una familia de jugadores que mantuvieron la cohesión y la fidelidad con el club a lo largo de su trayectoria.

El Atlético Huesca, de la mano de un grupo liderado por José María Luis Maza, nació de un día para otro con el objetivo de dar continuidad al Abolengo. Una asamblea celebrada el 22 de junio de 1967 transformó la crisálida amarilla de la camiseta del Abolengo en la indumentaria rojiblanca (camiseta a rayas rojas y blancas y pantalón azul) que lució durante diez años.
A lo largo de nueve páginas se repasa con detalle y mimo las circunstancias que rodearan a esa romántica aventura, con fotografías de equipos, clasificaciones, partidos, y derbis con la A.D. Lamusa, el rival capitalino por excelencia.
En ese ‘traslado’ de un año para otro viajaron jugadores como Sebastián Escar, Máximo Inglán, Manolo Hernández, Paco Sanemeterio o Juan Antonio Sistac, que lucieron los dos escudos y sirvieron de enganche para la infinidad de jugadores que vistieron esa elástica a lo largo de las siguientes temporadas. En el banquillo se mantuvo el capitán Suarez, el primero de una larga lista en la que Tito Puértolas ocupó un lugar de privilegio.

Nombres de goleadores como Sistac, Olivar, Ibor, Zaborras, Miguel Ángel, Marina o Llés II dieron lustre a unas plantillas en las que primaba la amistad y el amor al fútbol por encima de todo, con sagas de hermanos como Miranda, Escar, Llés, Díaz o Martín, y la presencia de históricos como Felipe, Alejandro Valero, Jesús Pisa, Vicente Soler, Sebastián Escar, Mariano Cabrero, Nogueras, Manolo Pérez o Paco Sanemeterio, que daban continuidad de una temporada a otra.
Si el primer derbi en 1967 se produjo un empate a tres goles, en noviembre de 1974, seis años después, se reproducía un nuevo enfrentamiento con el Lamusa, al que se ganó 2-0 por primera vez, con un penalti sobre Pardina que anotó Zaborras y otro gol de Ibor.
Los onces fueron: Lamusa: Tolosana, Otal, Juanito, Gabarre, Moncho (Val), Mariano, Sarasa I, Chote (Constante), Quique, Miranda e Inglán.
Atlético Huesca: Carrillo, Pérez, Alejandro, Cubas (Montaner), Pons (Navas), Pisa, Sorrosal, Zaborras, Pardina, Ibor y Llés II.
El Atlético Huesca fue un equipo ‘nómada’ porque, aunque comenzó a jugar en la Residencia, se vio obligado a peregrinar por el Seminario, San Jorge y El Alcoraz, donde disputó su último partido.
Si Maza estuvo en el origen y fue un apoyo en toda su andadura, la llegada de Joaquín Sarvisé supuso el afianzamiento del club, que el 19 de julio, a modo de salvavidas, consuma la filialidad con la S.D. Huesca y aparece el Huesca C, que juega en el Grupo II de Primera Regional con Ismael Crespo en el banquillo. El Huesca B juega en Tercera y el Huesca en Segunda B, pero en 1979 el Huesca B baja a Preferente y el Huesca C desaparece.
Por iniciativa de la revista 4 Esquinas de Huesca, a primeros de marzo se reunieron en la capital oscense una treintena de ex futbolistas que militaron en su día en el C.D.P. Atlético Huesca. La matinal comenzó con una foto de familia en el actual campo de césped artificial del campus Universitario, donde en 1967, bajo la denominación de campo de Las Residencias, jugaba sus partidos el club cuya sede social estaba fijada en la parroquia del barrio del Perpetuo Socorro.
La jornada se remató con una comida de hermandad que ya espera fecha para repetirse.