Fue una bonita jornada la de la Unió Esportiva Sant Andreu. Sus 350 seguidores que poblaron la grada visitante de El Alcoraz disfrutaron de un día agradable en la ciudad aprovechando la inmemorial hospitalidad oscense y, tras callejear por Huesca, acudieron al estadio para festejar la vuelta de su equipo a la Primera RFEF y hacerlo, además, con un desempeño futbolístico más que notable... salvo en el resultado. Pero por algo al fútbol le llaman fútbol, porque la principal regla es que se lleva los tres puntos quien marca un gol más que el rival.
Salvo algún grito extemporáneo, la conducta de la afición barcelonesa resultó admirable. Animaron con muchísima sincronización y con potencia hasta el punto de que hubo momentos -y no pocos- en que se les escuchaba más que al respetable local. En la rutina de los que hemos cumplido unas cuantas décadas, aquel San Andrés (siento la disonancia con la denominación actual, pero tal era su nombre) que provocaba admiración como el club humilde de Barcelona, con un abanderado que llegó a ser internacional como fue Ramón María Calderé, campeón de Europa con España sub-21, 18 veces internacional con la Roja y bigoleador en su debut en el Mundial de México ante Argelia. Era plausible en su brega también con el Barcelona. Concluyó su ejecutoria de corto en el propio Sant Andreu.
El propio club, sin embargo, meaba fuera de tiesto el mediodía del domingo con un tuit de lo más desafortunado. Con una foto de su hinchada roja y amarilla en El Alcoraz, utilizaba la generalización para indicar que, "si no les gusta la simbología de nuestra afición y de nuestra tierra, tengan paciencia, porque es apenas la primera jornada de las 38 que jugaremos esta temporada".
Concluía el mensaje con una vaga interpretación: "Siempre hemos defendido la libertad de expresión y continuaremos ejerciéndola en todas partes".
Aun sin identificar los posibles estímulos que provocaron esta reacción, en el mensaje de la Unión Esportiva Sant Andreu se esconden algunas inexactitudes respecto a las imágenes que se vieron en la grada visitante, expuestas ya anteriormente sus virtudes. Una, fundamental, es que las banderas esteladas no pueden generalizarse "simbología de nuestra afición y de nuestra tierra", porque se trata de enseñas no oficiales de Cataluña e indefectiblemente asociadas a las opciones independentistas.
Es muy difícil interpretar que los abonados del Sant Andreu tengan una posición política de carácter monolítico, todos ellos escorados hacia el separatismo. Se supone que los habrá de la CUP o de Esquerra Republicana, también de Junts per Catalunya, incluso de Alianza Catalana, pero también (por aquello de que donde todos piensan lo mismo es que se piensa muy poco) del PSC, del PP y hasta de VOX, de los Comunes o de Podemos.
Por otro lado, aunque esto ya queda a la interpretación de la Comisión Antiviolencia si estimare precisas medidas disciplinarias, la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia y los reglamentos disciplinarios de Laliga y la RFEF (que aplica al caso) prohiben de forma taxativa la exhibición de símbolos políticos que inciten a la violencia, al racismo o que alteren el orden público. Este año, la Comisión ha endurecido el protocolo y censura la simbología ideológica en las gradas de animación.
Son elementos que, sin dudarlo, circunscriben y limitan la mal entendida libertad de expresión, pero es que, además de las banderas esteladas (otra cuestión serían las enseñas oficiales de Cataluña), hubo algunas pancartas extemporáneas, extravagantes e hirientes, incluso ilegales, reclamando la liberación de los presos etarras, según se ha apreciado en fotos tomadas y reproducidas en X.
Teniendo en cuenta que alguien incumplió su deber permitiendo la entrada de estos símbolos que atentan contra la legislación frente a la violencia, quizás el Sant Andreu ha desperdiciado una buena oportunidad de estar callado (aplicando la cita clásica de que somos dueños de nuestros silencios y exclavos de nuestras palabras) y dejarlo todo en el bonito espectáculo de convivencia y de rivalidad bien entendida que habíamos sacado todos como impresión en el estadio por un ambiente excelente.
Por el bien de la convivencia, no estaría de más que el Sant Andreu adoptara una de dos acciones: explicitar el presunto ataque de auspició tan desproporcionada reacción o hacer borrón y cuenta nueva para que la singladura 2026-27 sea grata y conciliadora. Si mi opinión influyera -que para nada ha de ser así, obviamente- yo que ellos haría borrón en el sentido estricto. Y pelillos a la mar.