Más allá del descorazonador arbitraje, más por el tranco desigual de sus decisiones entre el ojo avizor para las faltas del Huesca y la condescendencia para las burgalesas sin entrar en que han debido ser no menos de cuatro minutos más de prolongación después de que no se haya jugado casi nada desde el 90, un cierto aire nostálgico ha podido invadir a los que llevamos unas cuantas décadas en esto del fútbol. Era yo muy jovencito cuando escuché a Helenio Herrera sostener que a fútbol se juega mejor con 10 que con 11. Esta tarde en El Alcoraz se podría aplicar el que se ha convertido en un aforismo imprescindible de esto del balompié, aunque como réplica siempre se aducía que el genial entrenador del Inter o del Barcelona nunca arrancaba los partidos con uno menos.
Este Huesca de prometedores primeros tiempos ha dejado mucho que desear en ese periodo tras unos primeros minutos esperanzadores para acabar sumido en una crisis colectiva e individual, donde prácticamente nadie rendía al nivel esperado. Una paradoja del destino, o una remembranza del magistral Herrera, ha querido que con diez por una imperdonable irresponsabilidad de Vilarrasa en un balón franco para él los de Hidalgo se hayan venido arriba. Probablemente porque sobre el césped, mientras el Burgos se achicaba respecto al acto inicial en el que ha puesto en muchos apuros a un gran Dani Jiménez, ha comenzado a irrumpir el talento con ese Gerard que es imparable, el Hugo Vallejo al que hay que sacar de su abulia porque le sobra ingenio, el Javi Mier que reclama su sitio en una progresión ilusionante o Jordi Martín que me da en la nariz que va a ser una competencia demasiado fuerte para el hoy expulsado. Y, así las cosas, el Burgos ha marcado en un verdadero churro (pasividad y agotamiento defensivos incluidos) y el Huesca ha tirado de orgullo y de fe para buscar la igualada pese a esa traba que ha sido el mal trencilla debutante por estos lares.
Sin embargo, además de esos 9 de 12 puntos, probablemente fuera del pleno por las cantinelas de las rachas que tanto nos gusta exhibir a los periodistas y por la estadística nefasta burgalesa que siempre está para ser rota, en El Alcoraz hoy se ha producido una escena importantísima que es la de la normalidad institucional, el mejor augurio. En el palco, además de las autoridades políticas y del presidente Lasaosa, los dos inversores que han evitado la desaparición del club, Jorge Costa y Ricardo Mur. Dos señores tirando hacia la introspección pero que en el caso del máximo aportante ha roto su proverbial discreción para simbolizar el inicio de una nueva etapa. Y esta, lo creamos o no, es una gran noticia que trasciende los tres puntos porque en el futuro serán muchas victorias, las clasificatorias y las de los valores de este club. Así que enhorabuena a todos.
P.D.: Jorge Costa llevaba sin venir a El Alcoraz desde hace dos temporadas, colocado como estaba en el foco de la solución institucional para el Huesca. Más que nada, para que los incrédulos dimensionen esta presencia.