SD Huesca, Los Intereses Creados o cómo reiniciarse sin el contrapeso de los afectos

El club y los futbolistas han de significarse por la responsabilidad, no por la generosidad; por la justicia, no por la magnanimidad

13 de Junio de 2026
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Dani Jiménez. SD Huesca, Los Intereses Creados o cómo reiniciarse sin el contrapeso de los afectos
Dani Jiménez. SD Huesca, Los Intereses Creados o cómo reiniciarse sin el contrapeso de los afectos

Crispín, el personaje nuclear de Los Intereses Creados de don Jacinto Benavente, dejaba de cuando en cuando su picaresca condición para reflexionar profundamente hasta el punto de que una expresión suya es considerada una norma de vida que deja la moraleja de la obra: Mejor que crear afectos es crear intereses.

Vivimos el fútbol, en esta época en la que las emociones impregnan muchas tomas de decisiones (léase Kahneman) por encima de la racionalidad, como una carrera dual y paralela, de manera que no concebimos que una disputa no necesariamente se salda en términos de justicia, sino de interés. No existe el blanco y el negro, y es posible que en un litigio las dos partes tengan su razón y su sinrazón. Recuerdo a aquel profesor: ¿Los pájaros cantan porque están alegres o están alegres porque cantan? Y, en este dilema, contraviniendo la naturaleza de la disyuntiva, la respuesta es sí... y sí.

En estos tiempos de cierta confusión que padecemos en torno a la Sociedad Deportiva Huesca, porque nos adentramos después de lustros en territorio ignoto -y en cierta medida, por lo desconocido, árido, hostil-, olvidamos algunos conceptos universales del fútbol, que se consolidan a golpe de años y años de acudir a los estadios. En el ser competitivo que hoy alojamos en nuestra esencia, no admitimos que quizás la apariencia es un espejismo, porque no podemos abarcar con maximalismos la verdad.

Después de los últimos acontecimientos sucesivos al descenso, parecemos empeñados en algunos círculos en no comprender que los intereses han de crear el Huesca del futuro porque el del pasado se evanescerá por la ley de la gravedad... de perder la categoría. Los futbolistas buscan su porvenir y el club ha de establecer el tablero sobre el que fraguar su piel inmediata y la de medio plazo.

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Más allá de una cierta rabia por una ingratitud -particularmente me lo parece con tanta convicción como derecho tiene Javi Mier a tomar sus derroteros tras haber sido acogido en un momento crítico-, el resto de la evolución me está resultando fluido... dentro de la incertidumbre. Cuando un deportista como Dani Jiménez se va equivocadamente dando una patada en la puerta de la casa en la que tanto cariño ha hallado, existe la posibilidad de que, en el movimiento consecuente, la puerta se le caiga encima, que quizás -o no- es lo que haya sucedido con la entrevista de Adri a Javier Sanz de Arce. Es lo que tiene jugar en redes sociales al complicado rol de los cariños infinitos. Tiene un punto de muchísimo riesgo: ¿cómo se mide lo de sentirse valorado, se es totalmente transparente o se omiten detalles comprometidos para el relato propio?

Todo resulta mucho más sencillo de lo que lo convierte el juego riesgoso de esparcir estiércol cuando, en medio, se pueden emponzoñar las pasiones del aficionado. Esta es una mecánica sencilla y flexible: particularmente entiendo perfectamente que alguien con 36 años busque lo mejor para sí y para su familia, porque el horizonte ya no está despejado sino que se ha empinado hasta el punto de que tiene poca visibilidad y luego habrá de dar un salto hacia otro estadio, ya fuera del césped. Por otro lado, el club tiene la obligación, por interés propio -no deja de ser una sociedad anónima- y fundamentalmente de la afición, de ser responsable en la distribución de los recursos, que siempre son limitados. Hay muy pocos que sean los Polichinela de la obra de Benavente, y el dinero no es infinito. De ahí la dificultad en la toma de decisiones. Siempre hay riesgo de equivocarse... Incluso se acertar.

Así las bases, mi propuesta -que puedes lanzar a la papelera de reciclaje, querido lector- es respirar profundamente antes de dejarse llevar por los afectos, que, ya lo decía Crispín, disciernen mucho peor que los intereses. Piensen si conviene firmar contratos exorbitantes por amor, conscientes de que podemos estirar una manga del brazo y dejar la pierna al desnudo, por aquello de que tal o cual jugador se ha dejado la piel por el escudo. Las excepciones han de ser tales, y no la norma en torno a las simpatías.

Este es un escenario profesional -aunque ahora menos- en el que sólo al aficionado le está permitido expresarse con el lenguaje de la pasión. El club y los futbolistas han de significarse por la responsabilidad, no por la generosidad; por la justicia, no por la magnanimidad. Las trayectorias deportivas son como la vida y las relaciones, cada etapa tiene su puerta de entrada y su arco de salida. Si la primera está barnizada con la ilusión, el segundo ha de abrirse con la comprensión y la empatía. Con absoluto respeto, porque, como reza el aforismo, sabe más el loco en la casa propia que el cuerdo en la ajena.

Y, si algún joven periodista quiere leer con cierto respeto a este provecto colega, también le recomendaría que marque las distancias porque, al igual que sucede con otros interlocutores como los políticos, cada cual ha de estar en su puesto. Ni somos jueces ni estamos en posesión de la verdad. Es la doctrina Pichichi: amistades con futbolistas, cero, trato correcto pero distante porque luego hay que calificarlos y, cuando el aroma se entecruza, el criterio se reblandece.

Una última certeza. Recuerden a Heráclito: "Nadie cruza el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos". En esa fase de mudanza nos hallamos. Y en los intereses encontraremos la atmósfera más fructífera para la Sociedad Deportiva Huesca.

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