SD Huesca: el riesgo de una identidad minúscula

Cuando la confianza se estrecha, es muy difícil la reversión. No es como una goma de butano

10 de Octubre de 2026
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Once de la SD Huesca de Jardiel
Once de la SD Huesca de Jardiel

Escribió Miguel de Unamuno que la forma de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. Probablemente, esa paciencia de Job pudiera concebirse en aquellos tiempos de principios de la centuria pasada cuando el magistral escritor, filósofo y profesor viajaba tranquilamente con su amigo el doctor hasta Benasque para solazarse con la quietud de la afición fotográfica y de la observación de la naturaleza.

Estamos en otros tiempos en los que el ocio se vive vertiginosamente y en los que el deporte exige resultados, si no inmediatos, próximos. Lleva camino la Sociedad Deportiva Huesca de chocar cien veces con la herradura antes de dar en el clavo. Ya son siete los episodios ligueros de un equipo concebido para buscar el retorno al fútbol profesional, y apenas unos destellos contra el Atlético Madrileño permiten identificar a los azulgranas como un cuadro temible.

Salvo ese islote los nuestros han sido inferiores al Sant Andreu, al Jaén, al Teruel y al Águilas, y mucho peores que el Villarreal B. La única superioridad, contra un Europa realmente menor.

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El balance, más allá de que podría tener cuatro puntos más de no mediar este nivel de arbitraje paupérrimo que le privó de la victoria ante el Teruel y los rojiblancos madrileños -también es cierto que ante el Sant Andreu el penalti fue más que dudoso- e incluso otros dos por el evidente derribo a Osán en Jaén, no es preocupante. En estos primeros parciales, no sólo no progresa adecuadamente sino que NECESITA MEJORAR. Con mayúsculas, como se lee.

El Huesca aún no se ha enfrentado a ninguno de los ogros de la categoría, excepción hecha del Villarreal B. Quiere decir que vendrán tiempos de más exigencia y, hasta el momento, a golpe de hacer mayores a los rivales los de Jardiel se han convertido en un equipo menor. Como sucediera hace un año, los futbolistas se empequeñecen y sólo la calidad que no puede desaparecer ha permitido salvar hasta ahora los muebles.

Está acreditado en psicología que el complejo de inferioridad es un síndrome que abate la autoestima y convierte la percepción de sí misma en insustancial por más que no haya razones objetivas. El Huesca, comúnmente considerado uno de los planteles apriorísticamente más poderosos de la categoría, se agrieta y corre el riesgo de capitidisminuirse por la propia impotencia de sus integrantes. Uno de los síntomas en estos episodios mentales es la consideración de cualquier rival como un dechado de virtudes. Esta tarde, escuchando al míster, dudaba de si jugaba con el Águilas o el Manchester City... hasta que he visto El Rubial.

Cuando la confianza se estrecha, es muy difícil la reversión. No es como una goma de butano que se contrae y se dilata. La duda, cuando la maquinaria no funciona, es si cabe dar crédito al normal retorno a su morfología o un técnico ha de proceder a cambiarla. Me da en la nariz que, en el fútbol, sucede como en los tendones, que a fuerza de estirarse reiteradamente no vuelven a su ser, salvo operación quirúrgica. Estoy seguro de que ustedes me entienden...

P.D.: Me niego a entrar en individualidades, por más que el cuerpo me pida poner en duda al intocable o rebelarme contra el ostracismo de los evidentemente más dotados para esto del balompié.

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