SD Huesca: serenidad general y algunas recriminaciones en la salida de los jugadores del vestuario

Despedida entre abrazos de Jorge Pulido, muestras de afecto a Óscar Sielva y cánticos a Dani Jiménez, proclamado "capitán"

24 de Mayo de 2026
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Afecto a Jorge Pulido y algunas recriminaciones en la salida de los jugadores tras el descenso

Ha habido tardes de más reproches que en la fatídica de este 24 de mayo de 2026, que pasa al dietario negro de la Sociedad Deportiva Huesca con el descenso a Primera RFEF después de una temporada acorde con el resultado recogido. Se recuerdan más virulentas verbalmente la derrota ante el Mirandés o el empate contra la Cultural.

Probablemente por la resignación, las decenas de personas que esperaban en la explanada de Camino de Cocorón apenas aspiraban a mucho más que expresar sus principales afectos, especialmente al capitán, Jorge Pulido. El toledano, en su despedida, se ha abrazado, ha participado en selfies y ha hablado, con rostro cariacontecido, con multitud de espectadores. Espontáneamente, saltaban muestras de cariño: "Jorge, te quiero", "Jorge, eres el mejor".

Salian de la boca de los vestuarios todos los jugadores poco a poco. Algunos, como Álvaro Carrillo o Jesús Álvarez, colocaban las palmas de las manos juntas en señal de petición de perdón. Lo cierto es que, si la cara es el espejo del alma, el ánima estaba derrotada.

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Tristeza en la expresión de Sergi Enrich, que también pedía a la afición disculpas y se abrazaba con el doctor Galindo, que llevaba precisamente una camiseta del ariete. Otros, como Adrián Mallén, entrenador de porteros, salían cabizbajos

Uno de los últimos en acudir hasta donde estaban los aficionados ha sido otro de los capitanes, Óscar Sielva. No ha dudado, se ha dirigido directamente y, como Pulido, ha departido con ellos y ha compartido el revés anímico.

A punto de partir el autobús, un grupo ha entonado cánticos conocidos como los de "jugadores, mercenarios", "ese escudo no lo merecéis" o "estamos hasta los huevos", pero han sido los menos quienes, legítimamente, han expresado su desencanto.

En dos días, dos decepciones mayúsculas, la de Bada Huesca el viernes cayendo de la Asobal y la del Huesca esta infortunada tarde de domingo. En ambos casos, Huesca se ha mostrado como la ciudad serena en las tristezas, que no es sino el preludio de nuevas jornadas de gloria en que también es única para manifestar el júbilo.

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