SD Huesca: El vaso medio vacío requiere serenidad y fluidez para que Hidalgo lo llene

Nadie, sobre todo Hidalgo en plena borrachera de optimismo generalizada, dijo que fuera a ser fácil

28 de Abril de 2024
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Gerard Valentín en ataque, un jugador que con sus arrancadas contribuye a la fluidez del equipo. Foto Laliga
Gerard Valentín en ataque, un jugador que con sus arrancadas contribuye a la fluidez del equipo. Foto Laliga

Tres caídas consecutivas que bien hubieran podido ser tres empates. Contra tres buenos equipos, derrotas por la mínima, por detalles tontos (esta tarde esa pérdida de balón de banda que ha acabado en gol), pero al fin y a la postre son tres ceros después de once "algos", de tres o de uno. Necesitamos respirar hondo. Todos. Incluso una cierta distancia. Ante un equipo que alineaba a falta de diez minutos a Marcos André y antes a Amath N'Diaye, resulta peregrino hacer la comparativa con los recambios azulgranas. Me repito: lo que hay es lo que es. Al final de temporada, habrá que hacer balance de por qué ha sucedido esto, más allá de la obvia diferencia económica entre el ya colíder y nuestra actualidad de penuria.

Y, sin embargo, precisamos recargar en distintos ámbitos unas buenas dosis de virtudes. La primera de ellas, en todo el club y su entorno, la serenidad, porque restan cinco partidos y la situación no es calamitosa, aunque sí urgente. Segundo, la fluidez, sobre todo los jugadores y el técnico, aunque sería injusto achacar a Hidalgo cualquier responsabilidad, porque con los mimbres que tiene les saca un jugo extraordinario. Pero arriba, en el que mi padre llamaba "el huerto del francés" seguramente en analogía con el precedente temible del Sardinero santanderino, allí donde un buen delantero empieza a supurar la sangre que arranca de los defensas y porteros, no hay atisbos de vergel, sino una sequía estructural. Y, en tercer lugar, ánimo, o positividad, si se prefiere el término, porque el pesimismo no suele dar réditos.

La temporada ha sido tan terrible que ya tenemos que estar suficientemente llorados. Así que, como diría la folclórica, "dientes que joden" y a ver si, después de las convenientes misas a San Lorenzo y rezos a San Lorenzo, brindamos con sidra de Oviedo y respiramos. Nadie, sobre todo Hidalgo en plena borrachera de optimismo generalizada, dijo que fuera a ser fácil. La tragedia va a desembocar en cuatro víctimas y son precisas todas las fuerzas, la serenidad y la fluidez para dejar la escena del crimen.

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