Señor Martín González, la afición ha sido lo mejor

05 de Junio de 2024
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Ángel Martín González, director deportivo del Huesca
Ángel Martín González, director deportivo del Huesca

Lo cierto es que acudía a la convocatoria de balance de Ángel Martín González con una expectativa de entre cero y menos uno. En realidad, en el fútbol viene siendo así, salvo que te encuentres con tipos salerosos como Ancelotti, Rubén Albés o García Pimienta. El resto es del tenor umbrío de la vida, donde no hay sol, donde no hay sal, donde nada resalta de un tono somnoliento. El director deportivo del Huesca es del género soso, dicho sea sin acritud, pero además esta mañana se ha aplicado específicamente en esa promoción del sesteo que ha preconizado desde que, al inicio, ya ha explicado que la temporada ha sido "complicadísima" y que el futuro es un arcano de imposible escrutinio. El señor Martín González, poco dado a la exuberancia, encima con el misterio sobre el futuro. ¿Qué podía salir mal?

Conste, antes que nada, que es un señor que, como su mentado Cuco Ziganda (con el que pienso que debió solidarizarse en su salida porque como tándem llegaron), me caen bien en lo humano. Siempre he sentido un cierto aprecio hacia quienes tienen tanta dificultad para la comunicación. Quizás sea porque de esa manera me dejan explayarme, quizás porque me enternece ese espíritu etéreo, líquido. Pero esta mañana del 5 de junio de 2024 me han venido a la memoria las presentaciones de hace un año de los nuevos jugadores, que en la enumeración de las cualidades por Martín González semejaba que se nos avecinaban los Bellingan, Empapé, Dobich, Cros, Levandosqui y otros congéneres. Y, entonces, cuando ya salía notaba que me había faltado un poquito de autocrítica, de decir aquello de quién coño sabe si es posible que haya existido alguna opción de que me haya equivocado. Esto es, lo que viene a llamarse examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Aquellas proclamas de un equipo competitivo (era cierto sólo porque estaba en la competición), aquellas cualidades exuberantes, aquellas promesas de goles como soles, aquellas certezas de que, bah, nada que temer.

Ha sido una temporada siniestra y funesta, en la que el club se desangraba y, sin embargo, permanecía impoluta la figura angelical de Martín González, ajeno a cualquier crítica, ayuno de penitencia tras confesión, escondido ora bajo la figura lacónica del Cuco, ora tras los bombardeos de un consejo que se desangraba como en las grandes conflagraciones bélicas.

Es posible que, por esa infalibilidad que ni el papa Francisco, haya llegado incólume el director deportivo, como si fuera un mero caminante que pasaba por ahí, un flâneur que, si acaso, transitaba por ahí sin atisbo de responsabilidad alguna. Y, por esa volatilidad existencial, esa externalización del espectáculo, se ha podido permitir esperar plácidamente a que la propiedad solucione sus cuitas frente a la ruina a la que -levemente, por tiempo- ha contribuido mientras ha explicado su perspectiva de la afición por la que le he preguntado.

Y ha sido aquí, precisamente aquí, donde me ha molestado la respuesta. No ya porque haya puesto por las nubes al respetable de Osasuna, al que he conocido tanto que durante veinte años he formado parte como socio. Es cierto que Pamplona es siempre una fiesta, que siempre "te ayudan a mejor, siempre te jalean aunque te equivoques". Pero la afición del Huesca merece una mayor expresividad del director deportivo. Reproduzco su respuesta: "La gente aquí ha estado bien, ha acudido al campo, ha querido ayudar. Sí es verdad que el equipo tiene que dar algo para que siempre se muestren, pero creo que es una afición muy correcta y yo no tengo queja alguna absolutamente de nada en cuanto a eso. Sí es verdad que los cánticos que pueda haber no ayudan a nadie. Al final, los jugadores lo que quieren ver es que, si dan un buen pase o se equivocan, se puedan ver reconocidos de alguna manera. No cánticos que al final no ayudan a nadie". A esas alturas, ya bostezaba este escribano.

Análisis de texto, exégesis: el público del Huesca es una banda de sinsorgos sin sangre que ya no es que sea de una insustancialidad adormecedora, sino que a más a más cuando se manifiesta lo hace de una manera inadecuada y perniciosa. Y, entonces, me viene a la memoria todo el acúmulo de despropósitos desde la cúpula directiva, desde el propio director deportivo que prometió un camino de rosas, el primer entrenador que hacía sestear a llas ovejas y más patulea que ha llevado a la ruina de este club y he llegado a la conclusión de que la pacienta infinita y el ánimo hasta más allá de lo razonable y asumible emocionalmente ha sido algo más propio de una actitud burocrática que de un amor por una bandera, una camiseta, un himno y un proyecto de provincia y de ciudad. Y me revuelve la injusticia que representa y la extraordinaria incapacidad de apego emocional del director deportivo, paralela a la de todos esos dirigentes que han dejado este club hecho un solar sobre cuyas cenizas hay que elevarse ahora. Va a venir a resultar que encima les teníamos que ovacionar. ¡Santa paciencia...!

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