Florentino Pérez ha tenido dos etapas en el Real Madrid. En la primera, se aplicó con su criterio empresarial que le acompaña de serie y sobreactuó en su paternalismo sobre la parcela deportiva. En la segunda, entendió un nuevo concepto. Recuerdo que así lo explicaba Carlos Martínez Albornoz, el oscense que fue su director general corporativo en dos etapas: por fin, el gran magnate asumió que un intangible se convertía en el gran factor de competitividad y de facturación, y no era otro que la ilusión. Sólo impregnando la atmósfera de ilusión se podían vender camisetas en Asia, en África o en Estados Unidos.
En la Sociedad Deportiva Huesca de hoy, resulta imperativo recuperarla porque se ha cruzado un hecho histórico ignoto hasta el momento: la afición ha entrado en una guerra civil entre los que hoy abominan a Jorge Pulido y los que lo defienden a muerte. En el rifirrafe dialéctico en redes, chocan virulentamente dos sentimientos, ambos legítimos pero los dos muy inquietantes. No hay términos medios, no hay mesura.
Particularmente, no tengo claro si se quedará el toledano o no, incluso tres semanas después empiezo a reflexionar que lo mejor es que estuviera ya en el Mediterráneo, pero por una cuestión doble de pragmatismo. Una, que Jorge Pulido no es ya un capitán con la legitimidad a la que encumbraba su liderazgo, por su horrenda rueda de prensa en la que no alcanzó a comprender que el desencanto surge fruto del cariño inmenso que ha disfrutado y que ojalá, en otra etapa, recupere como ciudadano de Huesca. Dos, porque desde que Rubi metiera a sus aqueos en el caballo de Troya azulgrana, la crisis en la que se ha sumido el Huesca es profundísima. Y, para vencer en las batallas que restan, se requiere carácter, entrega y liderazgo. De haber marchado el káiser a finales de 2025, el Huesca hubiera tenido que hacer de la necesidad virtud... y sustituirlo, porque ya dijo Bertolt Brecht que los imprescindibles son los que luchan toda la vida, y Jorge quiere pelear en otros lares. Legítimo, pero ahora estamos en el machadiano ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque me muero.
En cualquier organización, nada hay más demoledor que renunciar a su esencia, a su razón de ser, a su filosofía de vida. Es letal. Me duele decirlo, pero estamos reblando porque nos hallamos en una situación negativa histórica. En los años precedentes de la mala gestión, el encono era unidireccional porque se nos iba el enfermo hacia la autopsia. En el actual, con las constantes económicas vitales viento en popa, una variación fundamental, la de la ilusión, se nos está yendo por el desagüe por dos realidades: la evanescencia de las expectativas y el enfrentamiento que no hace sino desgastarnos. Nosotros contra nosotros. Fatal ecuación.
Es imperativo cerrar este capítulo de la confrontación, porque es la antesala de la destrucción. Jorge Pulido es, transitoriamente, un jugador del Huesca. Uno más... hasta que se vaya. Y en tal consideración podemos confluir los que le odian, los que le aman y los que somos en tal sentido mediopensionistas. No nos hagamos daño por el capitán al que ocho años amamos, porque hoy es un central azulgrana sin mayores galones. Y congreguemos todos los esfuerzos en ser exigentes con el club, pedirles fichajes, reclamar que suelten lastre en la superpoblación de la plantilla y, a partir de ahí, recuperar la esperanza hasta el último aliento. Empujando cada minuto de partido. No se me ocurre mejor antídoto contra esta ola de pesimismo que erosiona las opciones de un club, de una afición, de una capital y de una provincia. Suturemos las heridas, porque el orgullo hay que dirigirlo hacia el objetivo común y no hacia la reivindicación individual.
P.D.: La principal responsabilidad en esta obligada senda es del club.