El Sudoku de la SD Huesca

Lo importante no es tanto la cantidad de casillas en blanco como la capacidad de encontrar la próxima

Ignacio Alastruey, Ingeniero del Año en Aragón
Aficionado del Huesca
14 de Marzo de 2026
Guardar
Jon Pérez Bolo en la banda, buscando el sudoku
Jon Pérez Bolo en la banda, buscando el sudoku

El sudoku es, en apariencia, uno de esos pasatiempos que cualquiera puede abordar: un lápiz, una cuadrícula y la sensación de que todo depende únicamente de la lógica más elemental. Su accesibilidad engaña: en los niveles sencillos empiezas confiado, colocando números con seguridad, avanzando casi sin pensar… hasta que te planteas subir la dificultad. Es entonces cuando la cuadrícula se vuelve un laberinto. Las opciones se estrechan, las casillas se bloquean y lo que antes era un entretenimiento sencillo se transforma en un rompecabezas capaz de desesperar al más paciente. Donde antes había sólo certezas ahora hay un abanico de posibilidades que toca escribir en pequeño para buscar la casilla que permita avanzar. De ese equilibrio entre lo simple y lo endiabladamente complejo nace su encanto, pero también una metáfora perfecta de otras realidades que, como un sudoku en nivel experto, se atascan cuando menos lo esperas.

Llevamos semanas viendo a una SD Huesca en un aparente estado de bloqueo. Un plantel rindiendo por debajo de su capacidad y sumido en una epidemia de lesiones musculares, un cuerpo técnico generando dudas y una cúpula directiva evidentemente desalineada con un director deportivo autoerigido como verso libre tras la destitución de Sergi Guilló.

Así las cosas, el Huesca es ahora mismo ese sudoku de alto nivel a medio completar, repleto de borrones y de pequeños candidatos en prácticamente todas las casillas. Con números aburridos, porque tan pronto se les coloca como se borran del entramado o simplemente pasan desapercibidos. Con un ejecutor al que le empiezan a entrar dudas de si de verdad puede completarse la cuadrícula, e inconscientemente empieza a hacer probatinas de manera menos sistemática de la que está capacitado. Y con unos espectadores, nosotros, que inconscientes de la dificultad de la empresa vemos todo muy fácil desde fuera y pensamos en lo rápido que resolveríamos el reto o, en su defecto, en lo mucho que ayudaría otro conductor del lapicero.

Pero todo jugador de sudoku sabe que incluso los retos más endiablados esconden un punto de inflexión. Ese instante casi mágico en el que, tras horas de mirar la cuadrícula sin ver absolutamente nada nuevo, aparece un número que encaja con una precisión inesperada. Un simple 8 en una esquina, un 9 que no habías considerado, una casilla aparentemente insignificante que de pronto desencadena una cadena entera de deducciones. Y entonces lo que antes era una selva impenetrable empieza a ordenarse: las probabilidades se reducen, los candidatos desaparecen, las casillas se iluminan. No porque el sudoku haya cambiado, sino porque alguien ha tenido la paciencia, la capacidad y la claridad mental necesarias para encontrar ese primer paso que desbloquea el resto.

Y es ahí donde creo que está hoy la SD Huesca: en ese momento exacto en el que el tablero parece más revuelto que nunca y, sin embargo, todavía puede resolverse. Porque, al margen del ruido externo, el equipo tiene piezas de nivel, una base competitiva y, sobre todo, un entrenador con el oficio suficiente para detectar la casilla correcta. Hay técnicos que se esconden en su ego cuando todo se enreda, y otros que son capaces de volver a lo esencial, limpiar el lápiz, rehacer la lógica y empezar a construir desde la única certeza disponible: el equipo. Y la sensación —al menos la mía— es que Jon Pérez Bolo pertenece a esa segunda categoría: la de los que no resuelven sudokus por inspiración divina, sino por método, constancia y una innegociable visión de club que sostiene la fe en que siempre, siempre hay un número que permite continuar.

Así que quizá la situación siga siendo un sudoku de nivel experto, de esos que desesperan y que nadie regalaría como pasatiempo ligero. Pero también es un sudoku que aún admite solución, como en aquella temporada 2015-2016 —en manos de Anquela— con la que tantas similitudes encuentro.

En esto del fútbol, como en los rompecabezas, lo importante no es tanto la cantidad de casillas en blanco como la capacidad de encontrar la próxima que debe rellenarse. Yo, al menos, sigo creyendo que este Huesca puede hacerlo. Que aún queda un número por descubrir. Y que, cuando aparezca —ojalá en Málaga, porque la afición desplazada lo merece—, todo lo demás empezará a encajar.

Archivado en