No viene mal, ante la duda, preguntar a la Inteligencia Artificial: "Raza de este perro". Y contesta Meta AI rápidamente: "Tiene toda la pinta de ser un Sabueso Español", por su cuerpo robusto y musculoso, su manto bicolor blanco y canela, sus orejas largas y caídas, y su propia condición animal venteando con la boca abierta cuando rastrean en el monte. Sostiene la IA que es muy común en Huesca para la caza menor de jabalí y liebre por su "olfato brutal".
Se ha convertido este sábado 25 de abril de 2026 en el nuevo mejor amigo de los Javieres, atendiendo a la caracterización de los canes por su lealtad al ser humano. El caso es que la sorpresa de la salida a las 9 de la mañana de Las Almunias del Romeral, cuando iniciaban su tercer capítulo de 12 Retos 12 Cimas, ha llegado cuando el sabueso ha comenzado a corretear paralelo a la expedicón de 37 excursionistas cuyo objetivo era disfrutar de una jornada que les ha deparado espectaculares novedades y no pocas sorpresas para algunos de ellos, asombro en estado puro. El objetivo era el Pipré, 986 metros de altitud, en un trazado total de 14 kilómetros y 550 metros de desnivel positivo y negativo.
Pero, como viene a suceder en este Club de Montaña Javieres, ha habido más, muchísimo más en esta ruta circular bien acompañados por el perro que, con certeza y como ha demostrado, ha sido notario de que el camino se iba adecuando a la previsión... incluso cuando ha brotado la improvisación. Ese es el sello de esta agrupación: no desaprovechar una oportunidad de asombrarse y asombrar.
En el camino hacia la cumbre prevista, ha habido una pequeña desviación para asomarse al barranco del Guatizalema y disfrutar del denominado Mallo Loco, que ha ofrecido a los ojos de los caminantes una cortada de quitar el hipo y unas vistas fascinantes. A los ojos de todos, Vadiello en plenitud y con sus verticales mallos de Ligüerri (el Puro, la Mitra...), Santolaria la Mayor con su imponente iglesia, Montidinera, Borón, Fragineto, Gabardiella, Arnabón, el Tozal de Guara o el de Cubilars,... En un vistazo, una panorámica circular de 360 grados que permitía avistar en su esplendor la Plana de Huesca, el Monasterio del Pueyo y, apenas tapados por la calima, los Pirineos o Zaragoza.
La experiencia había merecido holgadamente la pena, así que, con el espíritu elevado incluso más que la montaña, se han dirigido hacia el Pipré. Tienen una característica estas rutas de los Javieres, y es que todo está perfectamente planificado... hasta que surge la oportunidad de introducir ese cosquilleo, esas mariposas, de superarse un poquito y sentirse más montañeros. Así que, entre dar la vuelta para que el acceso fuera más sencillo o "hacer una trepadeta" con su emoción añadida, se han decantado por esta opción. Así que, tras las explicaciones del presidente Cruchaga, a tomar las clavijas y hasta arriba, a hollar el Pipré con el atajo de la audacia.

Conseguido el objetivo principal, ha habido muchos más estímulos. Congregación en el esconjuradero de la Cruz Blanca, ese lugar en el que los ritos y las oraciones se conjuraban para espantar las tormentas que arruinaran las cosechas planificadas durante todo el año. Bocadillo para reponer fuerzas y a reanudar el camino. Y el sabueso fiel siempre sin reblar.
Los Javieres han decidido tomar en la bajada un "alcuerce" por la senda que, admirablemente, limpiaron unos socios liderados por Carlos Abadía y Ángel Mur. Practicable aunque "vestida" por aliagas, jaras y otras especies de vegetación que demuestran que la vida siempre crece en los caminos, por más que hayan sido acondicionados. Tras el retorno al recorrido previsto, ya todo era coser y cantar hasta Las Almunias del Romeral, cuatro horas y media después, catorce kilómetros y despedida del perro que ha sido compañía alegre para aliviar la fatiga del deporte y para recordar que, en la naturaleza, siempre podemos encontrar un amigo.