Valle de Rodellar: Nuevos caminos con fuentes, hornos de cal y arte rupestre

Por barrancos impresionantes un grupo de 40 senderistas disfrutó de una magnífica jornada

Pedro Ayuso
17 de Marzo de 2026
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Por el valle de Rodellar.
Por el valle de Rodellar.

Durante el mes de febrero “Rutas de Peña Guara” disfrutó de los paisajes de la zona monegrina. Y el pasado domingo el grupo fijó su andada por la Sierra de Guara. Dice Quique Salamero, que nos acompañó en la excursión, amigo y estudioso de esa zona enclavada en pleno corazón del Parque de la Sierra y Cañones de Guara, que “al entrar en “a Balle de Rodellar” veremos una amplia vega de aspecto apacible. Sin embargo, a poco que nos fijemos, pronto se distinguen escarpaduras y acantilados”.

Y así es, y fue, por caminos en parte desconocidos y barrancos impresionantes un grupo de 40 senderistas disfrutó de una magnífica jornada iluminada por un cielo totalmente despejado y temperatura agradable para caminar.

Aparcado el autobús, tras un viaje por carretera sinuosa, en pocos minutos emprendemos la andada subiendo la rampa que accede al Camping Mascún; seguimos de frente bordeando las instalaciones por un bonito camino entre muros levantados en piedra seca. Se cruza una pista y seguimos de frente hasta llegar a un rellano. Aquí abandonamos el camino que asciende en dirección a lo alto de Balcés y giramos a la izquierda.

Un buen trecho por ella disfrutando del paisaje hasta llegar a una intersección; en este lugar se gira bruscamente a la izquierda; en descenso se pasa al lado de una balsa donde nos detenemos a tomar el bocadillo con hermosas vistas del Cabezo de Guara. De nuevo en marcha nos acercamos a las casas de Cheto, no entramos al lugar; giramos a la derecha orientados por unas señales verticales que nos indican el camino a seguir; al poco vemos el camino a la izquierda por el que volveremos más tarde.

El grupo sigue avanzando en ascenso por un estrecho camino con suelo de roca entre un espeso bosquecillo de quejidos, sabinas, bojes y enebros hasta alcanzar un colladito que da vista al espectacular Barranco de la Virgen; un nuevo giro a la izquierda y enseguida pasamos junto a la fuente conocida como Fonciacha, cuidada por las gentes de la zona; nunca se ha secado pero la falta de lluvias comienza a castigar este escondido manantial.

Seguimos en descenso observando el cauce con notable caudal de agua que avanza por el barranco de Mascún y los enormes acantilados calizos. De frente, a media ladera se difumina la ermita  de la Virgen del Castillo, dejamos la visita para otra ocasión. Hay que seguir hasta cruzar una barrancada donde perdemos unos minutos observando un horno de cal, lugar donde los habitantes de la zona, hace ya muchos años, quemaban la piedra caliza para elaborar ese producto, utilizado para diversas labores en las casas de Cheto y Rodellar.

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Por el Valle de Rodellar.

Hay que estar atentos porque unos metros más adelante hay que tomar una senda a la izquierda por la que faldeando el terreno conocido como Paco Cheto, donde se observan grandes bancales, desembocamos en el mismo camino por el que hemos pasado anteriormente. Estamos a unos metros de la aldea de Cheto, lugar emblemático, donde nos hablan de la historia y curiosidades del lugar. De las cuatro casas que hubo (Antón, Narciso, Lon y Lafarga, solo quedan dos. Junto a la entrada de la primera puede verse un curioso dibujo realizado en 1916.

De aquí a Rodellar un viaje al pasado, disfrutando de las magníficas paredes en piedra seca, levantadas en tiempos pasados con máximo esfuerzo, con una peculiar disposición de las losas en forma horizontal, culminadas con remate vertical para favorecer la escorrentía y proteger la construcción. Para evitar el derrumbe en la parte inferior de la pared se construía un “cubellón” (albollón o desaguadero) que servía como desagüe.

Ya en Rodellar lo cruzamos por la izquierda de la iglesia hasta llegar a las eras, hoy en día refugio de escaladores; hay que asomarse al barranco y tomar la estrecha senda que desciende bruscamente por una canal que se decanta hacia la izquierda faldeando el acantilado donde se observa una curiosa cueva con pared levantada en piedra seca (Pajar de Colomés). Tras pasar una segunda canal, encontramos unas escaleras metálicas. Por ellas, en pequeños grupos, se accede a un pequeño covacho protegido con verjas. Este pequeño abrigo guarda un conjunto de pinturas en rojo bien conservado.

Un precioso lugar para recordar a los antiguos pobladores que hace miles de años patearon este agreste territorio y también plasmaron en elegidas oquedades de las paredes calizas unos signos esquemáticos que los especialistas en arte rupestre suelen describir pero que resultan difíciles de interpretar.

Regresamos por el mismo camino al pueblo hasta llegar al autobús. Nos esperan en el Restaurante Inluka de Las Almunias de Rodellar donde recuperamos fuerzas con un buen menú. Tras la tertulia dimos por finiquitada una intensa y amena jornada senderista. Nos despedimos hasta la próxima excursión de Rutas que no será la prevista por el entorno de Borau. Esa salida queda aplazada porque en esa fecha, 19 de abril, está prevista la inauguración de un tramo del GR15 por la zona del Turbón a la que nos uniremos las diversas secciones de senderismo. Habrá que estar atentos a las informaciones de la Peña.

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