Viaje a la estepa aragonesa

El Club de Montaña Nabaín ha realizado una salida este fin de semana para conocer los valores naturales de las zonas áridas de nuestra comunidad

Benito Campo
21 de Abril de 2026
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Viaje a la estepa aragonesa. CM Nabaín
Viaje a la estepa aragonesa. CM Nabaín

El pasado fin de semana, dentro de las actividades organizadas por el grupo de Medio Natural del Club de Montaña Nabain, hemos realizado una salida fuera de nuestras montañas. Nos hemos desplazado al centro de la depresión del Ebro, al término municipal de Cuarte de Huerva. Dentro de las Jornadas Esteparias, y con la colaboración del ayuntamiento de esta población zaragozana hemos descubierto unos paisajes y unos ecosistemas que a pesar de su cercanía, son totalmente desconocidos para la mayoría de la población. El objetivo final de la actividad era la de conocer los valores naturales que encierran nuestras estepas. Estas zonas áridas, llamadas “secarrales” de forma despectiva, albergan comunidades de vegetación y fauna de gran interés y singularidad.

La actividad dio comienzo en el parque de Cuarte de Hueva a las 9.30 horas con una participación de 27 personas. Recorrimos los primeros 800 metros por la carretera de Cadrete hasta llegar al comienzo del barranco de los Visigodos. Comenzamos la ascensión y en fila de a uno, por un estrecho camino, fuimos ganando altura. Rápidamente el paisaje estepario nos envolvió por completo. Realizamos la primera parada, donde explicamos cómo estos bellos y singulares parajes han llegado a ser como hoy los podemos contemplar.

El valle del Ebro fue hace aproximadamente 20 millones de años una cuenca endorreica, donde se producían fenómenos de sedimentación procedentes de los Pirineos por el norte y del Sistema Ibérico por el oeste y por otro lado se formaban rocas de origen evaporítico en las zonas centrales de la Cuenca del Ebro, origen de los yesos, en sentido amplio, que caracterizan los suelos de nuestras estepas. El modelado de la actual orografía, comienza hace unos 5 millones de años, cuando esa cuenca antes cerrada, queda abierta por un río situado al este, en la cordillera costero catalana, que podríamos denominar proto Ebro. Las aguas interiores pueden por fin llegar al mar Mediterráneo y millones de años después, el trabajo erosivo del Ebro y sus afluentes, han ido dando forma a las terrazas, barrancos y ‘vales’ que hoy podemos contemplar.

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Viaje a la estepa aragonesa. CM Nabaín
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El barranco por el que discurre nuestra salida fue modelado por el rio Huerva y en su margen izquierda, por la que nosotros ascendemos, es notablemente más vertical que la margen derecha, que podemos contemplar al otro lado del rio. Esta abrupta orografía ha propiciado que estos barrancos hayan quedado fuera de la mayoría de las actividades humanas, posibilitando que su estado de conservación haya sido notablemente alto.

El camino sigue su ascensión y con un paso tranquilo, vamos descubriendo las plantas más características del ecosistema estepario. Encontramos dos especies adaptadas a vivir en suelos de yesos y que tienen sorprendentes adaptaciones para desarrollarse en estos duros ambientes, el Helianthemum squamatum, una jarilla que florece en pleno verano, gracias a su capacidad de obtener agua directamente de la estructura cristalina del yeso, adaptación sorprendente, que ha interesado incluso a los científicos de la NASA. Encontramos las hojas de otra planta característica de los yesos, la albada (Gypsophila struthium) que también florecerá en los meses más calurosos del verano. Utilizamos el olfato para fijar en nuestras mentes especies como la ruda (Ruta angustifolia), con su peculiar aroma, el Helichrysum stoechas con su característico olor a “Avecrem”, o la ontina (Artemisia herba-alba) de agradable perfume.

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Viaje a la estepa aragonesa. CM Nabaín

Particularmente abundantes fueron las orquídeas del genero Ophrys, sus flores tienen el aspecto de insectos, moscas o abejas. Han desarrollado una peculiar estrategia de polinización, donde el engaño es la base de su éxito. No solo la flor parece un insecto sino que también imita las feromonas femeninas para atraer a los machos, que de caer en el engaño, se llevaran adheridos a la cabeza o el abdomen, dos paquetes cerrados con el polen de la flor. A cambio, el desdichado macho no recibe nada por sus servicios. En nuestro paseo pudimos contemplar ejemplares de Ophrys speculum y Ophrys lutea.

La ascensión continúa, la temperatura va subiendo, pero una ligera brisa hace que la sensación térmica sea agradable. Muchas son las plantas que nos encontramos en nuestro camino, geranios silvestres, varias especies de amapolas; ejemplares del alhelí triste (Matthiola fruticulosa); resedas, la hierba pincel (Coris monspeliensis). Muchas más podríamos citar, pero la riqueza de la estepa hace que no tengamos espacio en esta reseña. Con un grupo numeroso de personas es más difícil observar fauna, pero a pesar de este pequeño inconveniente, disfrutamos del vuelo de los milanos negros, de un numeroso grupo de buitres leonados y de las crípticas cogujadas, escuchamos a la curruca rabilarga (Sylvia undata) posada sobre una rama y pudimos admirar la belleza de la collalba rubia (Oenanthe hispanica).

Sobre las 12:00 horas llegamos a la cima del cabezo de la Virgen de la Estepa a 430 metros de altura. Parada obligada para observar la excelente panorámica, reponer fuerzas y comentar lo vivido hasta ese momento con los compañeros de excursión. El regreso lo realizamos por otro de los caminos del barranco, hubo explicaciones sobre la climatología propia de estos espacios, curiosidades sobre algún insecto que citamos y no pudimos ver y también el patrimonio llamo nuestra atención cuando el convento de Santa Fe quedo ante nosotros. Justo a la salida del barranco, nuestro amigo Pedro, buen conocedor de este lugar, nos explicó la historia de los restos de las tumbas visigodas de los siglos VI y VII que teníamos delante. Y, después de una agradable conversación mientras nos hidratábamos en una terraza de Cuarte, nos despedimos y dimos por finalizada la actividad.

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Viaje a la estepa aragonesa. CM Nabaín

 

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