El histórico quiosco Valero de Huesca echa la persiana tras casi 150 años de actividad

Luis Valero Usieto y su hermana Pilar cierra el negocio familiar tras cinco generaciones ligadas a la prensa

31 de Diciembre de 2025
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El quiosco Valero de Huesca echa el cierre

Luis Valero Usieto anuncia el cierre definitivo del quiosco Valero con una mezcla de emoción y lucidez. La decisión, explica, no ha sido fácil, pero responde a una realidad económica insostenible. “Pues encantado de llegar hasta aquí con bastante pena por dejar de ver a los clientes y las clientas, porque yo disfruto aquí, pero es inviable. Esto ya no es negocio y para tener pérdidas, nos vamos a casa”.

La trayectoria del establecimiento es, ante todo, una historia familiar que se extiende durante casi siglo y medio. “Son casi 150 años, bisabuelo, abuelo, mi padre y mi tío y yo”, enumera Valero Usieto, que creció entre periódicos. Su implicación comenzó muy pronto. “Desde los 12 o 14 años ya ayudaba a mi tío y a mis padres porque a mí esto me gustaba”.

El negocio ha acompañado también la evolución urbana de la ciudad. “El primer quiosco que tuvimos en la Plaza Zaragoza, enfrente de Hacienda", que entonces no existía. Más adelante, la actividad se trasladó a otros puntos. “Luego nos pasaron delante de la Diputación y luego a nuestra esquina”, recuerda.

A lo largo de los años se produjeron acuerdos que marcaron nuevas fases. “Con el tiempo le compramos el quiosco a Manolo Sanz, muy buena persona, muy buen amigo y muy buena familia. Llegamos a un acuerdo. Y llevábamos los dos”.

El quiosco forma parte del paisaje urbano del centro de la ciudad de Huesca. Foto Myriam Martínez
El quiosco forma parte del paisaje urbano del centro de la ciudad de Huesca. Foto Myriam Martínez

Aquella doble gestión no resistió el cambio de contexto. “Vinieron tiempos muy malos, tuvimos que cerrar uno y ahora, como siguen los tiempos, peor, hemos decidido cerrar definitivamente, éste. Con mucha pena, pero se acabó”.

Luis Valero identifica con claridad el origen del deterioro económico. “Desde la crisis del 2008 ha ido para abajo”, señala, y describe una caída prolongada. A esa situación se añadió el impacto de la pandemia. “Luego la pandemia nos hizo mucho mal”, afirma, antes de apuntar otro elemento que, en su opinión, tuvo consecuencias directas en las ventas.

En su relato menciona el efecto que tuvo una decisión empresarial sobre parte de la clientela. “También hizo mucho mal al periódico del Alto Aragón que echaran a Javier García Antón y a otros”. Según explica, esa salida provocó una reacción inmediata. “Mucha gente dijo: ya no compro el Alto Aragón, como así ha sido”.

El quiosquero pone cifras a esa pérdida de confianza. “Si 20 o 30 clientes no quisieron comprar más el Alto Aragón por Javier García Antón, tú multiplicas y son muchos periódicos al año”. 

El resultado fue un descenso continuado sin margen de recuperación. “O sea que ha sido todo desde el 2008, para abajo, para abajo, para abajo. Un verdadero desastre”, resume. En esta etapa ha compartido el día a día con su hermana, Pilar, que también está de acuerdo con la decisión. 

Pese al cierre, Valero no descarta que el espacio pueda tener otra vida. “Yo me imagino que el Ayuntamiento se lo replanteará y aunque no sea de periódicos, pues flores, plantas, otra cosa”. Incluso plantea una posibilidad concreta. “Si el Ayuntamiento me llama y me subvenciona, yo al día siguiente abro. Ya depende de ellos”.

Al hacer balance, distingue con claridad las luces y las sombras de décadas de trabajo. “Lo mejor ha sido conocer tantísima gente maravillosa”, afirma. En el otro lado sitúa episodios puntuales. “Lo peor, pues algún borrachillo los fines de semana que te daban un poco de mal, pero vamos, uno de cada cien”.

Los clientes llevan todo el día despidiéndose de Luis y de Pilar. Foto Myriam Martínez
Los clientes llevan todo el día despidiéndose de Luis y de Pilar. Foto Myriam Martínez

Lo que más lamenta es la pérdida del contacto diario con los clientes que va a experimentar a partir de ahora. “He conocido muchísima gente. Muy grande, muy amable, muy cariñosa y eso sí que lo echaré de falta”. Aun así, asume el final con serenidad. “Estoy mentalizado de que esto se tenía que acabar en algún momento y ha llegado”.

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Comienza ahora una nueva etapa personal. “Tengo dos nietecitas que ya me dice mi hija que me dará faena”, comenta. Y añade un plan sencillo para el futuro inmediato. “Tendré que andar una o dos horas para mantenerme un poco en forma, porque dicen que es bueno para la salud, ahora lo comprobaré”.

El cierre del quiosco Valero pone punto final a una larga historia ligada a la prensa y a la vida cotidiana de la ciudad. Va a ser muy extraño no poder saludarle ni a él ni a Pilar todos los días, y muy triste ver cerrar otro negocio de la capital oscense, con tanta solera e importancia.

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