Salón Inmobiliario del Alto Aragón en Barbastro: José Salamero recibirá un homenaje emotivo

La familia del empresario fallecido en diciembre recibirá el reconocimiento a una trayectoria ejemplar en el sector de la construcción

01 de Octubre de 2026
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Hotel San Ramón del Somontano, una obra maestra de José Salamero
Hotel San Ramón del Somontano, una obra maestra de José Salamero

El Centro de Congresos de Barbastro acogerá, como colofón a la Jornada Técnica del Salón Inmobiliario del Alto Aragón, la entrega de cuatro reconocimientos que se mantienen en la discreción debida aunque la organización ha querido anunciar el de la familia Salamero con un homenaje a título póstumo a José Salamero Duerto, el patriarca de una familia dedicada a la construcción durante más de medio siglo en el entorno de Barbastro.

José Salamero Duerto, un icono del empresariado y del sector inmobiliario de Barbastro, hizo sus primeros pinitos en torno a los ladrillos y el cemento en el servicio militar en Jaca donde realizó los primeros trabajos de albañilería. Persona inquieta y laboriosa, su lugar de nacimiento, Pozán de Vero, le imprimió el carácter que expresó en su trabajo en Industrias Albajar en Huesca.

Adquiridas las esencias del oficio, empezó a trabajar para promotores y particulares en Barbastro. Hizo los chalets de los juzgados para una cooperativa y fue requerido por Torreciudad para que aportara personal, hasta un centenar consiguió reclutar. Ya se había establecido por su cuenta y la dificultad de los principios se fue allanando porque, al decir de todos, "era muy bueno, muy pulcro y muy cumplidor".

Tras su matrimonio, se engrosaba la familia con los alumbramientos de Pilar, Fernando y Álvaro, que garantizaron el relevo generacional para satisfacción de José. Paulatinamente, iban llegando más y más encargos. Edificaron la Iglesia de San Josemaría en Barbastro, ampliaciones en la Moulinex o la Brilen, mantenimientos en Tenerías del Pirineo... Urbanizaron abundantes suelos en Barbastro.

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Consolidada la compañía, a José Salamero Duerto le atraía un reto: el Hotel San Ramón. Inspirado por sus recuerdos de la Granja Anita en Huesca, quiso realizar una rehabilitación a su gusto, con todos los detalles, con el objetivo fundamental de dejar un buen patrimonio arquitectónico y turístico a Barbastro.

José Salamero fue siempre, más allá de lo profesional, un ciudadano admirable, cariñoso, simpático, que prefería dar la mano que la espalda y que prácticamente murió con las botas puestas. Vio su última luz con 96 años el pasado diciembre, pero prácticamente hasta los últimos días estuvo al pie del cañón, bajando a la oficina, compartiendo impresiones con sus hijos, aportando el tesoro de su experiencia.

Por los valores que aglutinó y ofreció a lo largo de su admirable ejecutoria, este modelo de empresario, de trabajador y de persona va a recibir un justo reconocimiento en el Salón Inmobiliario del Alto Aragón que hubiera disfrutado extraordinariamente.