Tras el ruido, la música, las procesiones y la celebración en las calles, la Real y Parroquial Basílica de San Lorenzo volvió este domingo al silencio y a la oración para cerrar religiosamente el ciclo dedicado al patrón de Huesca.
Con una gran afluencia de feligreses, tuvo lugar la celebración de la Eucaristía y el canto de las Completas en la Octava de San Lorenzo, uno de los momentos más recogidos del calendario laurentino y que supone el colofón espiritual de las fiestas tras varios días de intensa actividad.
La celebración llegó además después de la Ofrenda de Flores y Frutos, uno de los actos más destacados de estos últimos días cuya organización corrió a cargo de la Real Cofradía de San Lorenzo, con un resultado muy destacado.
La Eucaristía fue oficiada por Lorenzo Naya Sarsa, vicario parroquial de San Lorenzo de Huesca desde 2023. Durante la ceremonia señaló que este había sido su último San Lorenzo como vicario parroquial de la Basílica, dotando al acto de un significado especialmente emotivo. Ha destacado Naya que han sido tres años especialmente buenos sobre todo porque, hasta la fecha de hoy, su ministerio sacerdotal comienza y termina con San Lorenzo.
La parte musical estuvo protagonizada por el Coro Ars Nova de Alerre, bajo la dirección de Conrado Betrán Jiménez, con el acompañamiento al órgano de Rubén Justes Mozota. Sus interpretaciones contribuyeron a crear el ambiente solemne y recogido propio de unas Completas que, año tras año, ponen el broche religioso a las celebraciones en honor de San Lorenzo.
EL ORIGEN DE LAS COMPLETAS
Las Completas en la Octava de San Lorenzo forman parte de la vertiente más antigua y religiosa de las celebraciones dedicadas al patrón de Huesca. Aunque no resulta fácil fijar documentalmente el año exacto en que comenzaron a celebrarse en la basílica oscense tal como hoy las conocemos, su origen se entiende a partir de dos tradiciones litúrgicas muy antiguas: el rezo de Completas y la celebración de las octavas de las grandes festividades.

Las Completas son la última oración del día dentro de la Liturgia de las Horas de la Iglesia católica. Su nombre procede precisamente de la idea de completar o concluir la jornada. Desde los primeros siglos del cristianismo fue desarrollándose la costumbre de distribuir la oración a lo largo del día y de la noche, especialmente en las comunidades monásticas.
Con el tiempo, estas plegarias quedaron incorporadas al Oficio Divino y el Concilio Vaticano II mantuvo expresamente las Completas como la oración correspondiente al final del día.
Tradicionalmente incluyen salmos, una lectura breve, responsorios, el cántico de Simeón —el Nunc dimittis— y una oración final, todo ello con un marcado carácter de recogimiento y confianza antes del descanso nocturno. Por esta razón, su celebración contrasta especialmente con el ambiente bullicioso de las fiestas laurentinas.
¿QUÉ SIGNIFICA LA OCTAVA DE SAN LORENZO?
La palabra octava procede de una antigua práctica litúrgica por la que determinadas solemnidades no se consideraban agotadas en un solo día, sino que su celebración se prolongaba durante ocho días. De esta manera, la Iglesia daba continuidad a las festividades de mayor importancia.
San Lorenzo tuvo durante siglos octava propia en el calendario litúrgico romano. Después de la festividad del mártir, el 10 de agosto, continuaban los días de su octava hasta su conclusión, reflejo de la extraordinaria difusión que alcanzó el culto a San Lorenzo en la Iglesia occidental.
En Huesca esta tradición adquiere una significación todavía mayor por la consideración histórica de San Lorenzo como hijo y patrón de la ciudad. La devoción oscense al santo está documentada desde la Edad Media. La Cofradía de San Lorenzo fue fundada en 1283 y, en 1307, el rey Jaime II entregó a la iglesia de San Lorenzo una reliquia de un dedo del mártir, después de una procesión general celebrada precisamente el 10 de agosto.

DE LA GRAN FIESTA AL RECOGIMIENTO
Las Completas en la Octava pueden entenderse, por tanto, como la unión de esas dos tradiciones: la prolongación de la solemnidad de San Lorenzo durante varios días y la oración nocturna que cierra la jornada litúrgica.
Dentro del ciclo festivo oscense poseen además un fuerte valor simbólico. Las Solemnes Completas del 9 de agosto, víspera del día grande, anuncian religiosamente la festividad del patrón; las de la Octava, en cambio, tienen un sentido mucho más próximo a la despedida y al cierre espiritual de los días laurentinos.
Existe también una diferencia musical significativa. Mientras las Solemnes Completas de la víspera del 10 de agosto poseen una tradición musical propia y un carácter especialmente solemne y popular en Huesca, en la Octava se ha recuperado en distintas ocasiones el canto gregoriano, reforzando su carácter íntimo, religioso y litúrgico.
Las Completas de la Octava no parecen haber nacido como un acto festivo aislado propiamente oscense, sino como la adaptación local de una tradición litúrgica medieval y secular de la Iglesia, enriquecida en Huesca por siglos de devoción al santo.
Con el paso del tiempo se han convertido en una ceremonia profundamente vinculada a la identidad laurentina: si las Completas del 9 de agosto abren espiritualmente la gran celebración de San Lorenzo, las de la Octava representan su despedida reposada y solemne.