Aunque el bullicio del blanco y el verde ya se ha desvanecido y el silencio vuelve a ocupar las calles de Huesca, queda el recuerdo de una voz que durante San Lorenzo logró algo poco habitual: hacer que quienes atravesaban el Coso y los Porches de Galicia interrumpieran por unos minutos su camino. Mamadou Sall, conocido artísticamente como Big Moon, no figuraba en el programa festivo, pero acabó congregando a oscenses de edades muy distintas. Algunos ya lo reconocían por su participación en Got Talent, presentado por Paz Padilla; otros se acercaron atraídos por una canción y descubrieron allí al intérprete.
La escena tenía la sencillez de las cosas que suceden sin haber sido previstas. El tránsito se ralentizaba, los niños se aproximaban y los mayores prolongaban la escucha. Mamadou recibía las monedas, pero también las sonrisas, los comentarios y cualquier muestra de atención. "A veces la gente no lleva dinero, pero llega con alegría, y también es un momento en el que sentimos algo juntos. Eso no tiene precio, eso es más importante que el dinero mil veces".
Esa cercanía forma parte de una elección artística que no depende de la falta de otros espacios para actuar. Mamadou trabaja también en conciertos, bodas y celebraciones privadas, pero encuentra en las actuaciones callejeras una relación particularmente directa con quienes escuchan. "Cantar en la calle permite que quienes no pueden acudir a un escenario o a un concierto también disfruten de la música. Gracias a Dios, tengo ese espíritu y me gusta compartir con la gente. Veo que esperan estos momentos y, para mí, eso es una alegría".
El contacto espontáneo con el público ha terminado, además, incorporándose a su itinerario profesional. Algunas de aquellas actuaciones han desembocado en nuevos encargos y celebraciones. "Yo puedo hacer las dos cosas, pero me gusta mucho el escenario de calle porque de ahí me salen muchas oportunidades: conciertos, bodas... Tengo bodas hasta diciembre, y todo eso ha surgido de cantar en la calle".
Su actividad musical discurre en paralelo a su actividad laboral habitual. "Los artistas están muy fastidiados, pero el fin de semana tengo conciertos, tengo mis cosas. No tiene que ver nada con el trabajo, es mi arte. La gente con la que trabajo me comprende que soy artista".
Tiene 44 años, la amplitud de sus actuaciones consigue detener a niños, adultos o personas de 88 y hasta cien años, asegura.

La música forma parte de la vida de Mamadou desde los cuatro años, cuando sus tíos la ponían en casa, en Senegal. Allí descubrió a Dire Straits, Tracy Chapman y Bob Marley, cuyas melodías despertaron una afición que con el tiempo se convertiría en vocación. "Desde que tengo cuatro años, me escojo este ritmo, me gusta mucho, los músicos de melodía".
Con los años, su repertorio se ha nutrido de artistas muy distintos, entre ellos Elvis Presley, UB40, Tracy Chapman y Nacha Pop. También disfruta especialmente de "Stand by Me", de Ben E. King, una elección que explica desde la emoción que le provoca: "Es una canción que tiene mucha alma".
Para Mamadou, las melodías llevan consigo algo más que sonido. Pueden conservar el rastro de quienes forman parte de la propia historia y devolverlo muchos años después. "Te acuerdas de muchas cosas, de tus amigos, de tu padre, de tu madre, de tu abuelo. Son canciones que no mueren. Es muy importante, es la música".
Mamadou Sall llegó desde Senegal a España en 2006, a bordo de una patera, y pasó por distintas ciudades antes de establecerse en Zaragoza, donde vive desde entonces. Tenía 26 años cuando después de una actuación en la capital aragonesa, un amigo se dirigió a él: "Me llamó y me dijo: 'Oye, eres Big Moon'. Yo no sabía qué era eso. Pero desde entonces cogí este nombre como nombre artístico".

La identidad de Big Moon alcanzó una dimensión nacional en 2019, cuando participó en Got Talent y consiguió el pase de oro. Muchos de los oscenses que le reconocieron durante las fiestas llegaron hasta él precisamente por aquella aparición televisiva. La experiencia, sin embargo, permanece en su memoria sin artificios. "Ha sido muy buena".
En el programa interpretó "Baby Can I Hold You", de Tracy Chapman; "All Night Long", de Lionel Richie, y "Afrika", una composición propia. Esta última pieza revela otra faceta esencial de Mamadou: además de intérprete, es compositor.
Su recorrido profesional le ha llevado por Aragón, Madrid, Barcelona y Francia, además de por bodas, celebraciones y encuentros privados. Tiene actuaciones previstas el 5 de septiembre en Pamplona y el 29 de septiembre en Barcelona, mientras mantiene otros compromisos y una agenda que se prolonga hasta diciembre.
Pero cuando habla de su aspiración más profunda, Mamadou no menciona grandes auditorios, fama ni reconocimientos. Su deseo se encuentra en algo mucho más sencillo: comprobar que aquello que hace provoca felicidad al otro lado. "Mi sueño es cantar para la gente y verla contenta. Siento que lo estoy cumpliendo porque, esté donde esté, veo que las personas están conmigo, y eso, para mí, es un gran sueño".
Después de casi dos décadas en España, de recorrer ciudades, actuar en escenarios diversos y conocer también la televisión, Mamadou sigue encontrando la plenitud en algo esencial: poder dedicar su vida a la música y compartirla con los demás. "Doy gracias a Dios porque puedo cantar y estar con la gente. Para mí, eso ya es mucho. Si llegan otras cosas, bienvenidas sean, pero con esto ya soy feliz".
Las fiestas han terminado, pero la imagen de Big Moon entre el bullicio laurentino permanece. Durante unos días, su voz encontró en Huesca un auditorio improvisado y heterogéneo: quienes ya conocían al artista televisivo y quienes simplemente se dejaron llevar por una interpretación. Cuando se le pregunta dónde encuentra su lugar natural, la respuesta no necesita adornos: "Mi mejor escenario es la calle".