Como una leona bajó su madre al Servet a la sesión de quimio, vestida de blanco y verde

Vicente Crespo
19 de Agosto de 2022
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Elena, en su sesión de quimio semanal
Elena, en su sesión de quimio semanal

No hay dos Sanlorenzos iguales. Bueno, de hecho, va dándonos novedades cada año. El primer año de mi vida, me dio unas emociones y alegrías no antes conocidas. Otro, pecando de confianza con estos bichos con cuernos, en la novillada de las peñas, me enseñó de cerca las tablas del burladero y viví el San Lorenzo en casa, pintado de Betadine como un Beulas.

Fueron pasando más y más. Y conocí a Elena (lo más grande). Los siguientes, nacieron mis hijos, con intervalos de 4 años.

De repente, a mis 44 años (sí, 44, vergüenza me da decirlo), participé, junto a mi mujer y mi hija, en la procesión del 10. Lo mejor que he vivido de las fiestas. Será que nos hacemos mayores, no sé...

Dos años de parón (inexplicable). Ahora, son mis hijos, Bizén y Mascún, los que nos han marcado el ritmo de las fiestas y, a su vez, nos coincidió en el Servet la sesión de quimio de su madre, que bajó como una leona a Zaragoza, de blanco y verde, a su cita semanal.

Fue un día más, como lo fue para tantos enfermos de cáncer. Un día más en esa lucha diaria y, créanme, que en ese proceso un factor vital es el optimismo y la alegría.

Y en los días de San Lorenzo, dicha alegría rezumaba en cada persona y rincón de esta ciudad.

Disfrutemos siempre, derrochemos alegría, que, sin saberlo, estamos dando vida y fuerza a otros. Viva San Lorenzo