Elenco Aragonés cabalga sobre hombros de gigantes, siempre con la mirada puesto en lo más alto. No es un grupo que se deje mecer por la complacencia de las tradiciones acríticamente repetida, por más que las idolatre como cimiento de la personalidad. Llamar innovación a su creatividad no sería sino una acrítica aceptación de los modismos de la actualidad. Lo suyo es más, pero mucho más profundo, y de ahí la fluidez con un público que recibe la inyección de la jota en vena.
Todo está medido. Es curiosa esa condición de metrónomos cuando son tan dados a la simpática improvisación. Es como los buenos programas de televisión, todo está absolutamente milimetrado para recubrir la espontaneidad. Es una condición que sólo atesoran los mejores. El Elenco de los mejores, que como tal no necesita comparación. Es una de las virtudes del folclore, que la competitividad sólo sirve para mejorar sanamente. Y el que no lo entiende así es que se reboza de mediocridad.
En el Parque Miguel Servet, se disfrutaba de una triple conexión. Una, fundamental, con la zarzuela en una reivindicación no por explorada menos necesaria, que ya adelantaban Pablo Gracia y Javier Cao, maestros del ceremonial de la música. Dos, como consecuencia, con Daniel Montorio cuya obra maestra Osca era el precioso punto de partida de una actuación sobresaliente, intensa, de más a mucho más hasta alcanzar un final sublime que levantaba varias veces al público de sus asientos. Tres, efecto inmediato, el recuerdo de uno de los artífices, Antonio Torres, cuya sonrisa amplia y eterna se adivinaba en el cielo atento del Paseo Carlos Vidal.
Nada resultó ser lo que se anunciaba. El factor sorpresa es el punto de partida de toda genialidad antes de llegar al estado de asombro, desde la voz hasta el vestuario, desde la rondalla hasta las coreografías. Caspe (la ciudad del Compromiso) y Alcañiz (donde en 1354 Pedro IV el Ceremonioso otorgó la exclusividad universitaria a Huesca) confluían en una fusión de sus boleros intensa y elegante a la vez. Todo cuidado al más mínimo detalle por el arreglista Alberto Artigas y la dirección del baile de Marta Torralba y Lorién Mena.
Vicente Galino ha salido con su voz más rotunda para proclamar "Que se refugie en su madre", y Lourdes Serrano ha interpretado "¡Ay! de Fuentes", para concluir esta parte coralmente con el pasodoble La Palomica que siempre pone en todo lo alto al espectador.
La zarzuela La Bruja de Chapí, suspiros de mi garganta, la jota es alegre o triste según está quien la canta, se adapta como un guante al paisaje del parque, elegante, frondosa, delicada. Agustín ha proseguido con "Lo que por la jota siento", profunda, y una pieza de estilo con juveniles cantaba "Va delante de su madre", para cerrar Isaías con otra llena de matices sublimes, la Jota Triste de Daniel López Bruna, larga y cadenciosa.
Las Goyescas se han asentado elegantes, taurinas en su llamativo vestuario, sobre el escenario con el colorido del genial pintor de Fuendetodos, que inspira todo lo bueno, incluso el gran tributo al coreógrafo aragonés José Miguel Pamplona. Toda la noche del grupo de baile ha sido portentosa.
Javier Cao ha emocionado con el sentimiento de la Canción de Amor de Labordeta, "la palabra guardada en el pecho, es el mar batiendo contra el mar, Son islas halladas entre la soledad, Son palomas al viento, Huracanes de luz, Vendavales de llanto, Ríos de juventud, O tan sólo unas manos, Unidas a tu voz..."

Noemí Melet ponía todo arriba con la exultante "Qué contento se pondría" y el dúo de Mercedes Budiós y Marta Torralba era muy aplaudido con "Las uvas de tu parrica" y de los vendimiadores.
Otra vuelta a la zarzuela con los bellos movimientos acompasados sobre el fondo de la música y la voz de Los de Aragón de José Serrano. Nuevamente Javier Cao con La Vihuela, e irrupción de una campeona, Mercedes Budiós, con "Que quisiera yo tener" las tres cosas en la vida, alegría y dinero... y el amor de un gran querer. Acto seguido, la sariñenense con Las Cerezas en el homenaje a Lucrecia Arana: "No te lo daré jamás el beso que tú me pides, si no vienes con el cura, monaguillo y sacristán". El complemento de la voz Javier Badules, espectacular.
UN FINAL EN ÉXTASIS
Estaba ya la velada en un punto elevadísimo de no retorno y el definitivo paso hacia el entusiasmo general llegaba con la Gran Jota de la Dolores de Tomás Bretón, que desde el momento en que proclama "Aragón, la más famosa es de España y sus regiones, porque aquí se halla la Virgen y aquí se canta la jota" roba los corazones de todos. Una interpretación prodigiosa que ha arrancado bravos y alzado a los espectadores de sus asientos.
Triple campeona, Elena Casaña ha traído desde Albalatillo su inigualable voz para proclamar que "en los brazos de una madre, no es cobardía llorar". Con su doble entorchado, durante un minuto ese alma que es Javier Badules ha abandonado la dirección de la Rondalla (sobresaliente por cierto) para expresar su poderío con la Fematera: "De las jotas de Aragón ninguna tan verdadera como la jota de Huesca que lleva aires de la sierra.

Era difícil tocar la fibra con más profundidad, pero quedaban dos platos fuertes. El primero, la versión grupal de "Un peregrino en Huesca" de Toño Julve y Juanjo Almarza, con tal sutileza, con tal potencia, con tamaño sentimiento que se ha apoderado del parque..
Era el momento de la despedida. En su punto. En el instante preciso. Para dejar todavía un poquito de ganas que siempre caracterizan las grandes actuaciones. El Homenaje a San Lorenzo que nos recuerda que incluso un clásico puede ser fusionado y ensalzado con la interpretación espléndida, entre el Himno a San Lorenzo de José María Lacasa y la música del Vals de las Cintas de los Danzantes de Emilio Gutiérrez.
Elenco lo ha conseguido: el regusto de todos y cada uno de los cientos de espectadores ha sido un cóctel en el que se sucedían en la mente musical, en la memoria inmediata, ora este sublime colofón, ora el peregrino, ora la Dolores, ora las cerezas, ora los de Aragón, ora la canción de amor. Y todo, todo, había germinado con el origen: Osca y Daniel Montorio. El círculo de la jota -y la zarzuela- se cierra apoteósicamente.