A estas horas, Tomás Luna se convirtió hace 25 años en el primer torero de la historia de Huesca...

Huesca no ha sido capaz de rendirle un homenaje a quien marcó una gesta en la historia taurina de la ciudad

10 de Agosto de 2026
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El momento de la alternativa hace 25 años
El momento de la alternativa hace 25 años

A estas horas, hace 25 años, fue Día Grande, pero muy grande en Huesca. Por vez primera en la historia, un joven de los nuestros, un talento que se diría ahora, tomaba la alternativa. Se la daba una gran figura del toreo, Enrique Ponce, y asistía como testigo otro superlativo, Julián López "El Juli". La plaza estaba hermosa y los corazones latían. La crónica del día siguiente dimensionaba el valor de la gesta: "Huesca ya tiene su torero".

Era Tomás Luna Sistac, que por aquel 2001 ya había recorrido un buen trecho taurino como aspirante, desde que con diez años ya pisaba el albero con una generación de la Escuela de la Peña Taurina en la que el otro que descollaba sobremanera era su hermano Diego, que sería el segundo torero de la historia de Huesca. Y ya. Es muy difícil ser torero en una tierra como la nuestra. Extremadamente difícil. No acompaña ninguna circunstancia.

Tomás se labró la historia a golpe de talento, que lo tenía, y de valor, mucho valor. También de tradición familiar, porque su padre fue un gran aficionado (además de un extraordinario empresario en valores), ganadero que en Montesusín acogió hospitalariamente a media Huesca (o más). Carlos, el mayor de los hermanos, veía por los ojos de los "tatos". E Isabel también era no sólo taurina, sino que con la muleta destacaba en las becerradas en la finca.

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De las novilladas por todo Aragón pasó a otras provincias. Su gran momento novilleril llegó en 1995, cuando se impuso en la final a José Tomás y Luis Miguel Encabo en la final del Trofeo Diputación de Zaragoza retransmitido por Telecinco tras dejar atrás a otros coletudos que llegaron alto como Uceda Leal o Cristina Sánchez.

Fue una temporada soberbia, con triunfos espectaculares allí donde consiguió contratos, como el Galapagar de José Tomás donde cortó cuatro orejas. Su carrera, pese a los obstáculos, no se ralentizó y el 10 de agosto de 2001 saltó al ruedo en Huesca, su gran sueño, arropado por dos grandes. Enrique Ponce entregó la alternativa a Tomás, que vestía de blanco y oro, ante la atenta mirada de El Juli. Ambos elogiaron el valor y el mérito del oscense, con menos rodaje del que sería deseable.

A la mañana siguiente, las crónicas resumían su triunfo. Al primer Jandilla, le despachó con media estocada caída y tres descabellos, con un esfuerzo que el respetable premió con vuelta al ruedo. A su segundo, le propinó una estocada hasta la bola tras una faena espléndida y le desorejó por completo para salir por la puerta grande junto a Julián López.

Tomás Luna, el primer torero de la historia de Huesca
Tomás Luna, el primer torero de la historia de Huesca

El primer matador de toros de la historia de esta ciudad, ayuno de oportunidades para consolidar una carrera más prolífica, mantuvo siempre un idilio con su plaza, en la que ha dado el paseíllo más de quince tardes en la feria taurina, desde novilladas sin picadores hasta corridas de toros. Ocho veces ha abierto la puerta grande y estuvo en los carteles siete años consecutivos.

Su amor por los toros y por la ciudad tuvo, tras su retirada, una segunda etapa, cuando la familia gestionó durante cinco años una feria taurina que recibieron en ruina total de público y de nivel. La bautizaron con su nombre actual, Feria Taurina de la Albahaca, la levantaron, volvieron a llenar las gradas de las peñas y las de sombra, sufrieron el engaño (todavía por resolver a pesar de que judicialmente ganaron contra aquel mal compañero de viaje que les debe un dineral) y un quebranto económico fuera de lo común. Todo por su entrega taurina. Todo por amor a Huesca.

Esta tarde, a las 18:30 horas, arranca la primera de Feria, las bodas de plata del primer torero de la historia de Huesca. A pesar de un tímido y tardío intento municipal por organizar un homenaje cuya magnitud no merece la pena, nadie va a celebrar el 25 aniversario del primer hombre con traje de luces doradas de Huesca. El que tuvo el talento y el arrojo. Tampoco ha reaccionado Tauroemoción, la empresa que heredó, gracias a los Luna Sistac, una feria de un arraigo insospechado con el predecesor de la familia oscense. Ni la Peña Taurina ha conseguido -a pesar de que asegura haberlo intentado con una propuesta- que hubiera un tributo que no es sino justicia. Separados 25 años estos dos 10 de agosto, no ha habido justicia para uno de los nuestros. Tomás Luna cumplió con su misión y su cometido por la ciudad. Es Huesca la que pierde. Y en el Día Grande, que todavía duele más.

Paradójicamente, en los últimos tres años, Huesca ha entregado reconocimientos a tres toreros sin merecimiento especial (no sirve eel argumento de que han ayudado a promocionar la feria, porque a Espartaco le daría un ataque de risa respecto a sus méritos para ser Albahaca de Oro), sin arraigo alguno y sin especial relumbrón en el coso taurino de Huesca. Ni El Cordobés, ni Ponce, ni El Fandi, ni Escribano han acreditado en la plaza de 1929 ejecutoria digna de galardón alguno. Claro que esto es una opinión -difícilmente replicable, eso sí-.

P.D.: No sirve escudarse en los tiempos. Este diario ya publicó esta efemérides el 24 de mayo. En el acierto o en el desatino, no sirve como pretexto. Mal.