Marta Alonso, el valor de una mirada propia

La ilustradora oscense desvela el proceso creativo que dio forma al cartel de San Lorenzo 2026 y una trayectoria marcada por un lenguaje visual reconocible

07 de Agosto de 2026
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Marta Alonso, con el cartel de San Lorenzo 2026. Foto Myriam Martínez
Marta Alonso, con el cartel de San Lorenzo 2026. Foto Myriam Martínez

Hay dibujos que nacen sobre el papel y otros que pasan semanas creciendo en silencio, ocupando un rincón de la imaginación hasta encontrar su expresión definitiva. Antes de convertirse en una composición donde conviven el cohete, la albahaca, la parrilla, la música, el porrón, la pañoleta verde, el corazón, el sol y la luna, el cartel de las fiestas de San Lorenzo 2026 fue precisamente eso: una intuición persistente que acompañó durante casi dos meses a la ilustradora oscense Marta Alonso. El reto no consistía en reunir los símbolos más reconocibles de la ciudad, sino en descubrir una mirada capaz de renovar un imaginario que parecía haber agotado todas sus posibilidades.

Ese tiempo de gestación constituye la esencia de su método creativo. Mucho antes de tomar un lápiz, deja que los conceptos se sedimenten, dialoguen entre sí y encuentren un equilibrio. Solo cuando esa arquitectura mental está construida comienza el dibujo. Para ella, la verdadera dificultad nunca reside en la ejecución, sino en hallar el concepto adecuado, la idea capaz de sostener toda la ilustración. "Lo más difícil es encontrar la manera de contar lo que quiero contar. La realización tiene sus tiempos, pero llegar a esa idea es el verdadero trabajo".

La búsqueda la condujo también a repasar los carteles de San Lorenzo que han anunciado las fiestas desde mediados del siglo pasado. Aquella inmersión le permitió comprobar cómo cada época había interpretado las fiestas desde sensibilidades distintas y reforzó una convicción: la originalidad no depende de inventar nuevos iconos, sino de ofrecer una lectura personal de los que ya pertenecen a la memoria colectiva. "Todo ya está representado y contado. Yo simplemente intenté buscar la manera de contarlo a mi manera".

Con el concepto resuelto llegó el momento de materializarlo. Los primeros esbozos nacieron sobre papel, donde fue ordenando las numerosas referencias asociadas a San Lorenzo antes de trasladarlas al soporte digital, un entorno que le ofrece mayor libertad para ajustar composiciones, matices cromáticos y proporciones. Durante esa fase elaboró una extensa relación de elementos festivos que fue depurando hasta quedarse únicamente con los imprescindibles. El propósito era que cualquier oscense pudiera reconocerse en la imagen sin necesidad de reunir todos los símbolos posibles. "Hasta el pollo al chilindrón se tuvo que quedar fuera -bromea-. Quería que quien lo viera encontrara algún elemento importante para él o para ella dentro del cartel".

La elección cromática también exigió una reflexión. Habitualmente construye sus ilustraciones a partir de gamas muy vivas, convertidas ya en uno de los rasgos más reconocibles de su obra. Sin embargo, para este encargo presentó dos propuestas, tal y como le pidió el Ayuntamiento de Huesca: una plenamente fiel a ese universo visual y otra articulada sobre el blanco y el verde que identifican las fiestas oscenses. Finalmente se impuso esta última por su capacidad para conectar de inmediato con la identidad laurentina.

La acogida del cartel confirmó las sensaciones con las que había dado por terminado el proyecto. Entre los comentarios también aparecieron quienes echaron en falta la presencia de los danzantes, una ausencia que comprende, aunque recuerda que toda composición obliga a renunciar.

La ilustradora contempla además esta obra como un capítulo más de un patrimonio gráfico construido durante décadas por autores muy diferentes. Entre los carteles que más admira cita varios firmados por Isidro Ferrer, especialmente el de 2011, por considerar que rompió con los códigos habituales sin perder la esencia de la celebración. También destaca la propuesta realizada por Ana Porta en 2023 y reivindica el conocido como "el cartel del conejo" de Óscar Lamora, muy cuestionado en su momento. "Se sigue hablando de él. Yo creo que cumplió su función".

Nacida en Huesca en 1989, Marta Alonso descubrió muy pronto que el dibujo era la forma más natural de expresarse. Pasaba horas creando personajes e inventando historias mucho antes de imaginar que la ilustración acabaría convirtiéndose en una profesión. Estudió Bachillerato de Artes en la Escuela de Arte de Huesca y posteriormente cursó Ilustración en Zaragoza, una formación que ha seguido ampliando con estudios de serigrafía, artes gráficas y otras técnicas tradicionales.

Su camino profesional sufrió un paréntesis inesperado cuando le diagnosticaron un linfoma. Durante más de un año tuvo que detener buena parte de su actividad para centrarse en el tratamiento y la recuperación.

Reconoce que durante ese tiempo le acompañó el temor de que el silencio acabara interpretándose como una desaparición profesional. El encargo del cartel de San Lorenzo llegó precisamente cuando empezaba a retomar sus proyectos y lo ha vivido como una oportunidad para volver a hacerse visible. "Fue un empujoncillo para decir: 'Sí que sigo aquí, sí que puedo seguir haciendo cosas'".

Su actividad profesional combina los proyectos por encargo con el trabajo que desempeña desde hace tres años en Tecmolde, donde participa en el desarrollo creativo y en la pintura de piezas. Paralelamente mantiene una intensa producción propia que abarca ilustración editorial, diseño gráfico, identidad visual y pintura mural, demostrando una versatilidad que le permite trasladar su lenguaje a soportes muy diferentes.

Durante buena parte de esa trayectoria ha firmado sus obras bajo el seudónimo Mardetutis, una denominación nacida de un apelativo de juventud que terminó convirtiéndose en su marca artística. En los últimos años ha comenzado a recuperar también su nombre propio en algunos proyectos, aunque ambas firmas conviven con naturalidad. Bajo el sello Mardetutis ha consolidado un universo gráfico fácilmente reconocible por la aparente sencillez de sus formas, el uso constante del simbolismo y una paleta cromática intensa que muchos identifican de inmediato antes incluso de descubrir la firma.

Entre sus trabajos más conocidos figura la imagen gráfica de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres 2023, Cosecha de Invierno 2024, además de numerosos murales repartidos por distintos puntos del territorio. En Huesca ha intervenido, junto a Jorge Vicente, en la terraza de La Zarza, ha realizado otra obra en el restaurante mexicano Villa Campa y una intervención en la calle Desengaño. Su trayectoria también incluye proyectos en Hecho y diferentes actuaciones dentro del Festival Asalto de Zaragoza, donde ha seguido explorando el diálogo entre ilustración y espacio urbano.

Su curiosidad continúa abriendo nuevos caminos. En la actualidad experimenta con la combinación de serigrafía y cerámica, convencida de que cada técnica ofrece nuevas posibilidades para seguir contando historias a través de las imágenes. Porque, por encima de cualquier soporte, el dibujo sigue siendo su lenguaje más natural, la herramienta con la que expresa aquello que no siempre encuentra las palabras adecuadas. "Se me da bastante mejor comunicarme dibujando que hablando o escribiendo", sonríe.