La jota eligió a Kuqui mucho antes de que ella pudiera escoger su propio camino. No existe en su memoria un instante concreto en el que decidiera que aquel sería su mundo porque, como ella misma explica, formaba parte de su vida desde el nacimiento. Creció en un hogar donde la tradición estaba integrada en lo cotidiano, entre ensayos, actuaciones y personas entregadas a conservarla, con su padre, uno de los fundadores de la Agrupación Folklórica Aires Monegrinos, como primera referencia. Aquella influencia familiar acabó marcando una trayectoria que Mercedes Budiós ha mantenido durante más de tres décadas. Hoy continúa al frente de Aires Monegrinos junto a su amigo Javier Badules, colabora con la Compañía Artística Osca, dirigida por Roberto Ciria, y forma parte del Grupo Folclórico Elenco Aragonés, donde ha encontrado otra familia artística y personal.
Su vínculo con este mundo también se ha extendido a las aulas, donde ha ejercido como profesora en Lanaja, Castejón de Monegros, Peñalba, Sariñena y Ballobar, además de la Escuela de Danza y Folklore Elenco Aragonés de Huesca. Los certámenes forman igualmente parte de una trayectoria que comenzó muy pronto: tenía apenas doce años cuando empezó a participar y en 2015 obtuvo el Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota Aragonesa de Zaragoza. Al mirar hacia atrás, sitúa por delante de los reconocimientos todo aquello que ha ido encontrando a lo largo de los años: las personas, los aprendizajes y las experiencias compartidas. Su empeño está ahora en transmitir lo recibido y mantener abierta esa cadena entre quienes han conservado la tradición y quienes habrán de recogerla.
LA HERENCIA
Hay recuerdos que no necesitan una fecha concreta para permanecer. En el caso de Mercedes, están ligados a aquellos primeros años en los que comenzó a familiarizarse con un universo que terminaría ocupando buena parte de su existencia. “No recuerdo un momento concreto porque la jota ha formado parte de mi vida desde que nací”, explica.
Su memoria vuelve entonces a la casa familiar y a aquellos años en los que todo empezó a adquirir un significado especial. “En mi casa siempre se ha vivido con muchísima intensidad. Gracias a mi padre crecí rodeada de ensayos, actuaciones y personas que amaban nuestra tradición”, recuerda. Cuando intenta poner palabras a ese vínculo, encuentra una explicación que resume la relación que ha mantenido con este mundo desde entonces: “Podría decir que la jota no la elegí yo; fue ella quien me eligió”, resume.
Esa relación se ha mantenido durante más de tres décadas en Aires Monegrinos, cuya dirección comparte actualmente con Javier Badules. Desde allí, ambos trabajan para mantener vivo el folclore aragonés, con especial atención a sus raíces monegrinas, y para llevar el nombre de Los Monegros allí donde actúan. Es también una forma de permanecer vinculada a una agrupación que forma parte de su historia desde los primeros años.

Con el tiempo, su actividad fue incorporando otros escenarios y proyectos. Desde sus inicios colabora con la Compañía Artística Osca, dirigida por Roberto Ciria, dentro de una faceta que también le ha permitido presentar distintos actos. “He tenido la oportunidad de presentar, entre otros actos, las galas solidarias de Aspanoa, algo que para mí supone un auténtico orgullo”, señala.
En los últimos años, Elenco Aragonés ha pasado a ocupar un lugar propio en la trayectoria de Mercedes. La formación ya despertaba su admiración antes de incorporarse a ella y su vínculo tiene, además, una dimensión personal: sus fundadores, Luis Carlos Torralba y Vicente Galino, estuvieron vinculados a Aires Monegrinos y son dos personas a las que siempre ha respetado profundamente por su manera de entender y defender el folclore.
“Hoy, poder pertenecer a Elenco Aragonés es una auténtica satisfacción”, reconoce. Su experiencia dentro de la agrupación ha abierto también un espacio para seguir desarrollándose en distintas facetas. “Para mí es mucho más que un grupo. Es una gran familia en la que tengo la oportunidad de seguir creciendo como cantadora y también como profesora, compartiendo la pasión por la jota con alumnos de todas las edades”, explica.
Más de treinta años después de aquellos primeros pasos, Mercedes contempla ahora esa experiencia desde una perspectiva amplia, consciente de la responsabilidad que supone formar parte de una tradición que ha recibido de generaciones anteriores. “Son más de treinta años recorriendo la senda de la jota, trabajando duro para mantener viva nuestra tradición y seguir llevándola al futuro sin perder su esencia. Formar parte de ese camino es un privilegio y una gran responsabilidad”, afirma.
Su incorporación a Elenco se produjo, según cuenta, “de una forma un tanto inesperada”. En ese proceso tuvo un papel importante María Grúas, a quien considera “una persona muy importante para mí”. El tiempo ha consolidado aquella decisión y hoy afronta esta etapa con la ilusión de seguir creciendo dentro de una agrupación que acumula más de tres décadas de trayectoria. “Hoy puedo decir que estoy muy feliz formando parte de Elenco Aragonés, un grupo con más de treinta años de historia, con mucha ilusión por seguir creciendo. Siento que he llegado para quedarme”, asegura.
Entre los momentos que ya guarda de estos años hay uno que destaca especialmente cuando se le pide que escoja el más emocionante: la celebración del 30.º aniversario de Elenco Aragonés.

LOS CERTÁMENES
Los certámenes de jota forman parte de la vida artística de Mercedes Budiós desde que era apenas una niña. Tenía doce años cuando comenzó a participar y, durante los años siguientes, fue sumando experiencias y reconocimientos en distintas categorías. Entre ellos hubo uno que marcó un momento especialmente significativo en su carrera. “Sin duda, el momento culminante llegó en 2015 al conseguir el Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota Aragonesa de Zaragoza, un logro que supuso el broche a muchos años de esfuerzo, constancia y aprendizaje”, recuerda.
Con la perspectiva que dan los años, aquella experiencia adquiere un significado que va más allá de un resultado. “Pero más allá de los premios, lo que realmente valoro es todo el camino recorrido, las personas que he conocido y todo lo que la jota me ha enseñado a lo largo de estos años”, afirma.
LOS MAESTROS
En su recorrido aparecen numerosos nombres vinculados a distintas etapas de su relación con el folclore. Entre ellos están José Antonio Villellas, Roberto Ciria y Javier Badules, además de Nacho del Río, con quien continúa formándose actualmente. Sobre él tiene una consideración especialmente elevada. “He tenido la enorme suerte de encontrar grandes personas en mi camino, tanto maestros como compañeros, y de todos ellos he aprendido algo”, explica. “Para mí es uno de los grandes cantadores de la historia de la jota”, asegura.
También ocupa un lugar especial Paco Lasierra, el “Chato de Pallaruelo”, rondador al que Mercedes admira profundamente y cuyo nombre está ligado a una de las expresiones más arraigadas del folclore aragonés.
Otro de los nombres que menciona es Pablo Gracia, con quien comparte distintos espacios dentro de este mundo. De él destaca especialmente una faceta que ha podido conocer de cerca a lo largo de los años. “Hace crecer todo lo que toca y, sobre todo, nos regala letras maravillosas”, destaca.
Entre quienes también forman parte de ese recuerdo está Maribel Cabellud, a la que Mercedes quiso mencionar expresamente al repasar las personas que han tenido un significado especial en su trayectoria. “No quiero dejar la oportunidad de nombrar a Maribel Cabellud, que siempre me ha dado grandes consejos, y ha tenido una visión muy sabia”, afirma.
Más allá de la actividad artística, algunos nombres han terminado ocupando un espacio propio en su vida. Entre ellos están Elena Casaña, María Grúas y Lorena Laglera, con quienes mantiene una amistad nacida y crecida alrededor de muchos años compartidos. “También, mis queridas y grandes amigas Elena Casaña, María Grúas y Lorena Laglera, con quienes la amistad siempre está mucho más allá de los escenarios”, explica.
La relación con quienes forman parte de este entorno tampoco se limita a una sola dirección. Mercedes reconoce que, junto a lo que ha podido transmitir, también ha recibido mucho de quienes han compartido con ella este recorrido, tanto compañeros como alumnos. “Y por último, decir que también he aprendido muchísimo de mis compañeros y alumnos”, añade.

LA HUELLA
Después de tantos años vinculada a la jota, la pregunta se desplaza hacia el futuro y hacia aquello que quedará cuando pasen los años. “Me gustaría que me recordaran como una persona que ha trabajado por la jota desde el respeto, la humildad y el cariño”, afirma.
Su respuesta encuentra después un destinatario concreto. “Si dentro de unos años alguien sigue cantando porque yo desperté en él esa ilusión, sentiré que ya ha merecido la pena”, sostiene.
La frase deja abierta una idea que atraviesa buena parte de su relación con la enseñanza y con las nuevas generaciones: lo que una persona recibe puede continuar después en manos de otra. Esa transmisión silenciosa es la que permite que una tradición permanezca viva sin dejar de transformarse con quienes la reciben.
LA ENSEÑANZA
La docencia ocupa otra parte importante de la actividad de Budiós. Imparte clases en Lanaja, Castejón de Monegros, Peñalba, Sariñena y Ballobar, además de la Escuela de Danza y Folklore Elenco Aragonés de Huesca, con alumnos de distintas edades. Cuando habla de lo que significa para ella enseñar, parte de una consideración que ha repetido muchas veces en sus clases: “Siempre digo que la jota no consiste solo en cantar bien”, afirma.
A partir de ahí, Mercedes pone sobre la mesa aquello que considera esencial para quienes se acercan a sus clases. “Lo que realmente quiero transmitir a mi alumnado es el respeto por nuestra tradición, por quienes nos han precedido y por el esfuerzo que hay detrás de cada jota. Quiero que entiendan que cada canción cuenta una historia”, explica.
El escenario introduce después otros aprendizajes. Subirse ante el público plantea situaciones que forman parte de la experiencia de cualquier intérprete y que, con el tiempo, también pueden proyectarse fuera de las actuaciones: una entrevista de trabajo, hablar en público, defender una idea o afrontar un reto nuevo. Vencer los nervios, aceptar los errores y continuar forman parte de esas experiencias que se adquieren también sobre las tablas.

EL ESFUERZO
Junto a la formación artística aparece otra cuestión que Mercedes considera inseparable de cualquier proceso de aprendizaje. La desarrolla desde su propia experiencia y desde lo que observa cada día en quienes acuden a sus clases.
“Vivimos en una sociedad en la que muchas veces queremos que todo llegue rápido, y la jota nos enseña justo lo contrario: que las cosas que realmente merecen la pena requieren constancia, disciplina, paciencia y muchas horas de trabajo”, explica. Y lo resume después en una frase breve: “No hay atajos para hacer las cosas bien”.
Su planteamiento alcanza también la relación entre quienes comparten las aulas. Mercedes quiere que sus alumnos aprendan a respetar a sus compañeros, a disfrutar de los éxitos de los demás, a trabajar en equipo y a valorar el compromiso. Son aspectos que completan la formación y que forman parte de la manera en que entiende su papel como profesora.
Con los años, esa dedicación le ha permitido conocer a generaciones de cantadores y compartir con ellos numerosas etapas. Cuando se detiene en lo que esta faceta le ha aportado personalmente, responde con una frase que coloca el foco en quienes han pasado por sus clases: “Sin duda, la mayor satisfacción que me ha dado la enseñanza es ver crecer a mis alumnos, no solo como cantadores, sino también como personas”, reconoce.
Entre todos ellos hay dos nombres que Mercedes destaca cuando se le pregunta por algún alumno o alguna historia que le haya dejado una huella especial dentro de Elenco Aragonés: Javier López y Rosa Buetas.
La relación entre profesora y alumno se construye en el día a día de las clases y también en todo aquello que ocurre alrededor de ellas. Cada experiencia tiene sus propios protagonistas y sus circunstancias, y esa diversidad forma parte de la riqueza de una actividad que Mercedes desarrolla desde hace años.
Después de los escenarios queda otra dimensión de Mercedes, mucho más íntima y cotidiana. Tras las actuaciones, los ensayos y los viajes, el día continúa lejos de los focos, en casa, junto a los suyos. “Cuando llego a casa es donde todo cobra sentido”, explica.
Allí están sus hijos, Carlota y Ángel. Carlota también siente la jota muy dentro y la vive con la misma ilusión que su madre, mientras que Ángel siempre la recibe con una sonrisa. “Esas pequeñas cosas hacen que cualquier esfuerzo merezca la pena”, reconoce.
A su lado está Rafa, su pareja, músico y guitarrista. Su profesión forma parte también de ese universo que ambos conocen desde dentro y que comparten desde una perspectiva muy cercana. “He tenido la enorme suerte de compartir la vida con un gran músico y guitarrista, alguien que entiende perfectamente todo lo que supone este mundo”, afirma.

LO QUE REGALA
Cuando se le pregunta por todo aquello que la música ha dejado en su camino, Mercedes responde desde una perspectiva que abarca muchos años. “Me ha dado una forma de entender la vida, me ha enseñado el valor del esfuerzo, de la constancia y del compromiso”, explica.
En ese recorrido han estado también quienes han compartido con ella diferentes etapas, desde los grupos y las aulas hasta los escenarios. Algunos vínculos han terminado ocupando un lugar especial en su día a día y forman parte de lo que ella denomina su “familia elegida”.
Entre esas relaciones hay una que adquiere un significado particular por la posibilidad de compartir una misma pasión con la persona que quiere. “Compartir la jota con la persona que quieres es un regalo”, afirma.
La pregunta vuelve entonces al conjunto de experiencias acumuladas durante todos estos años y a aquello que permanece después de tantos momentos compartidos. “Por eso, cuando me preguntan qué me ha regalado la música, siempre respondo lo mismo: me ha regalado una vida llena de personas, de emociones, de recuerdos y de oportunidades”.
La respuesta encuentra finalmente una conclusión en primera persona, ligada a todo lo que esta dedicación ha significado para ella. “En definitiva, la jota me ha hecho ser la persona que soy hoy”, concluye.
EL NOMBRE DE KUQUI
El nombre de Kuqui tiene un origen mucho más antiguo que su trayectoria artística. Está ligado a su nacimiento y a una historia familiar que comienza durante el embarazo de su madre. A sus padres les dijeron entonces que iban a tener un niño y en casa ya habían pensado otro nombre. Finalmente nació una niña y aquel pronóstico resultó ser un error. Su madre también se llamaba Mercedes y no era muy partidaria de ponerle su mismo nombre, mientras que su padre tenía muchísima ilusión por que recibiera precisamente ese nombre.
Finalmente, el padre consiguió salirse con la suya y la niña se llamó Mercedes. Su madre, sin embargo, decidió buscar otra manera de dirigirse a ella y comenzó a utilizar “Kuqui” como un apodo cariñoso. Con el tiempo, aquella denominación familiar se convirtió en el nombre por el que la reconocen muchas de las personas que han compartido su trayectoria. “Hay personas que, si les preguntas por Mercedes Budios, quizá tengan que pensarlo un momento, pero si dices ‘Kuqui’, enseguida saben de quién estás hablando”, cuenta.
Un apodo nacido en el ámbito familiar terminó acompañando todas las etapas posteriores y formando parte de la identidad con la que Mercedes se reconoce. “Al final, ese apodo también forma parte de mi identidad y de mi historia”.