Por Mercedes Manterola y Myriam Martínez
Almudévar volvió a demostrar este jueves que sus fiestas también se bailan. La Plaza de España se llenó de familias, amigos y participantes de distintas edades para disfrutar de un concurso de ‘playback’ que cada año reclama mayor dedicación y ofrece propuestas más cuidadas. Sobre las tablas se sucedieron canciones y coreografías trabajadas durante semanas, con movimientos precisos, expresividad y una notable capacidad para meterse en cada tema.
Huracán 19, en la categoría infantil, y Dancing in Almudévar, entre los adultos, conquistaron los primeros premios de una jornada en la que los espectadores volvieron a convertirse en parte esencial del espectáculo. Aplausos, gritos de ánimo y teléfonos preparados para conservar cada momento acompañaron a quienes afrontaron la cita después de un largo periodo de ensayos.
Jorge Labarta, coreógrafo de Dancing in Almudévar y uno de los nombres vinculados desde hace años a este certamen, había percibido una evolución especialmente significativa entre los más pequeños. Las propuestas infantiles, señalaba, habían ganado complejidad y se acercaban progresivamente a las de los mayores. "Este año he visto un nivel muy alto, sobre todo en los grupos pequeños. Cada vez se parecen más a los de los mayores, tanto en las canciones como en los vestuarios y las coreografías. Ha habido mucho cambio y, en general, mucho nivel. No sé cómo quedará la cosa; ojalá tengamos suerte".

El calendario de los participantes había quedado marcado por los ensayos estivales. Elegir los temas, coordinar los movimientos y dar forma a cada número exigía constancia, pero también alimentaba una cierta competencia entre las formaciones, pendiente de descubrir quién encontraría la propuesta más llamativa. Labarta describía esa rivalidad como un estímulo que no había perdido el carácter festivo. "Ya hay cierto pique entre los grupos por ver qué canciones haces y qué prepara cada uno. Pero todo desde un punto de vista muy sano".
Para él, además, el ‘playback’ había tenido una consecuencia que trascendía las fiestas: había sido su puerta de entrada a la danza. Aquellas reuniones estivales con amigos, inicialmente concebidas para preparar una intervención, despertaron una afición que después encontraría continuidad en las clases. "Yo empecé a bailar a raíz del playback, de ver que bailaba con mis amigos en verano para las fiestas y que me gustaba. Después descubrí que había clases de baile y empecé a juntarme con ellos. Ahí comenzó todo, gracias al playback".

Su mirada se detenía ahora en quienes podían tomar el relevo. Entre los jóvenes había reparado especialmente en Hanna, protagonista de algunas canciones y dueña de una expresividad que, a su juicio, le permitía conectar con los espectadores de una manera singular. "Suele actuar como protagonista en algunas canciones y expresa y baila de una forma que llega mucho al público. Creo que podría tener cierto futuro".
El crecimiento del certamen también se advertía en la elaboración de las propuestas. Las coreografías exigían coordinación, los movimientos reclamaban precisión y la puesta en escena adquiría mayor complejidad. Pero toda esa seguridad desaparecía durante unos instantes antes de salir a las tablas, cuando los nervios recordaban a los participantes que el momento decisivo estaba a punto de llegar.
Después, la música marcaba el compás y todo encontraba su sitio. Los gestos acompañaban las canciones, los cuerpos seguían la coreografía y la tensión inicial cedía ante el disfrute. Desde las primeras filas hasta el fondo de la plaza, las familias siguieron cada número con una atención teñida de orgullo.

Padres, abuelos, hermanos y amigos conocían el esfuerzo que había detrás de aquellos minutos. Muchos levantaron sus teléfonos para conservar las actuaciones; otros respondieron con aplausos, gritos o sonrisas ante los momentos más celebrados. La plaza acabó funcionando como una prolongación de las tablas, devolviendo a los participantes la energía que ellos habían llevado hasta allí.
El programa festivo ya había señalado que los pequeños y jóvenes habían preparado sus bailes durante el verano "con gran entusiasmo e ilusión". La cita permitió comprobar cuánto cabía detrás de esas palabras: disciplina, imaginación, complicidad y deseo de superación, pero también el placer de formar parte de una costumbre que pertenece a varias generaciones de Almudévar.
El veredicto otorgó los primeros puestos a Huracán 19 y Dancing in Almudévar. Los premios pusieron nombre a los vencedores, aunque el verdadero valor de la jornada estuvo también en quienes se atrevieron a salir ante cientos de miradas, en quienes encontraron en el ‘playback’ una forma de acercarse a la danza y en quienes acudieron a la plaza para acompañarlos.
Así, una tradición nacida del entretenimiento continúa renovándose sin perder su esencia. Cuando llega el verano y Almudévar celebra sus fiestas, basta con que suene la música para que la plaza vuelva a llenarse de movimiento.