Ayerbe vuelve a reunirse en el Lazkorra para celebrar las fiestas de Santa Leticia de amarillo y azul

El encuentro vespertino recupera las canciones del antiguo local y una gran instantánea plasma el orgullo de toda la localidad

12 de Septiembre de 2026
Guardar
Fiestas de Ayerbe: el mítico bar Lazcorra

Por Mercedes Manterola y Myriam Martínez

Mucho antes de convertirse en el epicentro insustituible de la noche ayerbense, el mítico Bar Pirineos -conocido por todos entrañablemente como Lazkorra- comenzó su andadura hace más de un siglo como un humilde comercio dedicado a la compra y venta de pieles, estratégicamente situado junto a la parada de autobuses y la antigua gasolinera. Fueron los propios vecinos de Ayerbe quienes sugirieron a los abuelos de la familia que empezaran a ofrecer tortas hechas a mano, magdalenas y el célebre "mezclado" de moscatel con anís, prendiendo así la chispa inicial de lo que terminaría por transformarse en una leyenda hostelera y musical en pleno Reino de los Mallos. Así nació poco a poco el bar, en un local que llegó a superar el siglo de historia.

Aquel espacio de dimensiones recogidas pero de inagotable "radioambiente" se convirtió en un santuario abierto prácticamente las 24 horas del día, donde bastaban apenas treinta personas para abarrotar el local y desatar una atmósfera eléctrica. Para los chiquillos de la época, entrar a Lazkorra era acceder a un templo de diversión donde jugaban a las máquinas de bolas y al timbal, mientras las paredes resonaban al compás de una sinfonía incesante.

Lazcorreta traía directamente desde Zaragoza la última música de moda antes de que apareciera en programas de televisión como Aplauso, y cuando las novedades pasaban de moda, vendía los vinilos ya gastados a los propios jóvenes del pueblo. No en vano, sus carteles anunciadores lucieron durante décadas el lema "cita de la juventud", pues cruzar su puerta garantizaba encontrar al instante a toda la cuadrilla.

Lazcorreta, Antonio Biescas y DJ Nen. Foto Mercedes Manterola
Lazcorreta, Antonio Biescas y DJ Nen. Foto Mercedes Manterola

EL ALMA TRAS LA BARRA

Detrás de aquel mostrador legendario se erigía la figura entrañable de Paulo José Lazcorreta Claver, quien tuvo que empezar a trabajar con solo nueve años y medio tras la muerte de su padre por cáncer. El niño se vio obligado a dejar la escuela para sacar adelante a su familia. Su prematura entrega laboral se prolongó ininterrumpidamente hasta su jubilación a los 61 años, guiado siempre por un afecto casi paternal hacia sus clientes.

El propio Lazcorreta trasnochaba hasta las cinco o las siete de la mañana no solo por trabajo, sino para cuidar de los chavales y evitar que sufrieran cualquier accidente al regresar a casa. "Es que la juventud para mí lo es todo", evoca emocionado el hostelero, quien tras retirarse en 2011 sigue guardando un inmenso cariño por su pueblo: "Los quiero a todos, a los padres a los que vi bailar y a los hijos que han nacido después".

Ambiente en el tardeo en Lazcorreta. Foto Mercedes Manterola
Ambiente en el tardeo en Lazcorreta. Foto Mercedes Manterola

LA "EMINENCIA" DE LA COMARCA

Los testimonios de los ayerbenses coinciden en señalar que Lazkorra era "el mejor bar del pueblo" y la auténtica "eminencia" festiva a la que acudían cuadrillas de todas las localidades vecinas. Para muchos, citarse allí era también la manera natural de encontrar rápidamente a los amigos y a la cuadrilla, porque siempre había alguien dentro.

El alcalde de Ayerbe, Antonio Biescas, rememora cómo tras las cenas de los fines de semana, la peña se trasladaba directamente a Lazkorra para bailar, haciendo innecesario tener que desplazarse hasta Huesca para disfrutar de la noche. "Tenías aquí todos los sábados discoteca y podías bailar y pasar la noche bien", asegura.

Biescas destaca que hasta cuatro generaciones consecutivas -desde bisabuelos y abuelos hasta padres e hijos- han compartido noches inolvidables en este local. Aunque el cierre por jubilación dejó un gran vacío y la complejidad de acometer costosas reformas dificulta su reapertura en un espacio particular, el recuerdo del bar permanece imborrable en la memoria del municipio. Además, los hábitos de ocio han cambiado y los desplazamientos a Huesca son ahora más frecuentes.

Participantes en la segunda edición de la foto amarilla en fiestas de Ayerbe. Foto Mercedes Manterola
Participantes en la segunda edición de la foto amarilla en fiestas de Ayerbe. Foto Mercedes Manterola

TARDEO VIEJOVEN Y FOTO AMARILLA

Para que esa llama no se extinga, la concejala Nerea Salcedo explica que se impulsó la creación del tardeo conmemorativo frente a la terraza del bar, dado que "desde que cerró, nada ha vuelto a ser lo de antes". Convertido en el acto estrella de las Fiestas de Santa Leticia, este encuentro intergeneracional reúne a jóvenes y mayores para cantar a pleno pulmón los temazos míticos del bar, llegando al divertido extremo de escuchar a toda la plaza gritando el "Feliz Navidad" en pleno mes de septiembre.

A esta marea festiva se sumó la "Foto Amarilla", que como explica Alejandro Salcedo, pretende que todo el pueblo luzca el uniforme corporativo de camiseta amarilla y pañoleta azul, para crear un recuerdo imborrable del orgullo local.

Antonio Biescas agrega que, aparte de promocionar la indumentaria, este sencillo momento constituye "un sentimiento, el sentimiento de un pueblo junto celebrando una fiesta", y desea que puedan conservar esa foto de recuerdo durante muchos años. 

Archivado en