Laura Mairal, una voz del mundo de la jota con nombre propio

La cantadora del Grupo Folclórico San Lorenzo ha construido una trayectoria guiada por la autenticidad

14 de Agosto de 2026
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Laura Mairal, una voz del mundo de la jota con nombre propio.
Laura Mairal, una voz del mundo de la jota con nombre propio.

Hay quienes llegan a la jota por curiosidad y quienes, sencillamente, nacen dentro de ella. En la historia de Laura Mairal no existe un instante fundacional porque el canto siempre estuvo presente. Formaba parte de la vida familiar mucho antes de convertirse en una vocación y fue, precisamente, su madre quien sembró una pasión que el tiempo transformaría en compromiso. "Ella me enseñó mis primeras jotas y me apuntó a clases de canto. A los tres años ya estaba subida en un escenario". Aquella niña que apenas levantaba unos palmos del suelo descubrió muy pronto que había encontrado un lugar al que siempre querría regresar.

Con el paso de los años aprendió que una voz no se construye imitando otras, sino encontrando un modo propio de contar las historias que encierran las coplas. Nunca sintió la necesidad de seguir los pasos de los grandes nombres de la jota; prefirió escuchar aquello que despertaba algo dentro de ella y hacerlo suyo. "La verdad es que siempre he ido por libre" (ríe). "Siempre con la compañía de un profesor que te pueda indicar, pues este estilo te puede ir mejor o peor, o prueba este otro, pero a mí me tiene que decir algo, me tiene que llenar para cantarlo". Esa búsqueda personal continúa alimentándose en los concursos, donde reconoce que ahora también aprende escuchando a quienes ocupan el escenario.

La experiencia le ha enseñado que la excelencia no depende únicamente de una buena voz. Hay actuaciones memorables nacidas de la emoción y otras técnicamente impecables incapaces de dejar huella. Por eso concede a la actitud un valor irrenunciable y considera que la honestidad con la que un artista se entrega al público acaba percibiéndose desde la primera nota.

En ese recorrido, el Grupo Folclórico San Lorenzo ha sido mucho más que una agrupación. Ha representado un refugio construido sobre la convivencia, la confianza y los años compartidos. Esa complicidad ha alcanzado un punto en el que las palabras resultan casi innecesarias. "Me encanta la conexión que tenemos después de tantos años juntos, a veces sobran las palabras, con una mirada nos entendemos".

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La vida acaba regalando escenarios que ningún ensayo puede preparar. Este año, el más importante no ha tenido focos ni telón, sino el nacimiento de su hija. Apenas lleva unos meses aprendiendo a conjugar maternidad y folclore, aunque todo indica que ambas historias caminarán de la mano. La pequeña ya ha descubierto el sonido de guitarras, gaitas y panderetas, incluso antes de llegar al mundo. "El otro día la llevé a un ensayo y lejos de llorar o asustarse estuvo pendiente de todo, de panderetas, gaitas, guitarras, cantos. Semanas antes de nacer estábamos actuando las dos en Robres, la música corre por sus venas" (ríe). "Le encanta que le bailes y le cantes".

Cuando vuelve la vista atrás, entre tantos escenarios hay uno que permanece intacto en la memoria. Corría el año 2002 y, con apenas diez años, participó en una representación celebrada en el Parque Miguel Servet, precisamente en una etapa especialmente difícil para su familia. Aquel montaje reunía el talento de Ángel Jiménez, Jesús García Omella y Jairo Périz, tres nombres que identifica con una de las épocas más fecundas del grupo. "¡Teníamos a los mejores! Pienso ahora con la madurez de la edad. Fueron unos años muy majos, aunque como digo siempre, todas las etapas que vivo en este grupo me enseñan algo y, sobre todo, el amor que tengo por la música, por el folclore, es lo que me ha hecho no abandonarlo en todos estos años".

Laura Mairal proclama su amor por el folclore y la jota.
Laura Mairal proclama su amor por el folclore y la jota.

Su manera de interpretar nace siempre de la palabra. Antes de afrontar una jota necesita reconocerse en la historia que cuenta y dejar que cada verso encuentre su propio peso. Quizá por eso siente predilección por las letras que hablan de amores, ausencias y nostalgias, porque le permiten habitar cada emoción antes de convertirla en música. "Lo que dice la letra, tal cual. Soy de las que se meten en el papel, además suelo escoger habitualmente estilos con letras de amores, desamores y penas, me encantan".

No entiende el folclore como un patrimonio inmóvil, sino como una llama que solo permanece viva cuando alguien decide alimentarla. A quienes empiezan les anima a confiar en el trabajo constante, convencida de que la disciplina acaba compensando aquello que el talento no siempre concede desde el principio.

Después de tantos años, el Grupo Folclórico San Lorenzo ha dejado de ser únicamente el lugar donde ensaya cada semana. Se ha convertido en una red de afectos que permanece incluso cuando se apagan los focos. "Pues es sentirme parte de una gran familia. Es que te escriban preguntando si te pasa algo cuando no has llegado a un ensayo, o decirte 'te hemos echado de menos' en esta actuación. Me siento muy querida, la verdad".

No habla de éxitos cuando imagina el recuerdo que le gustaría dejar. Aspira a algo mucho más difícil: que quienes compartieron camino con ella la identifiquen con la sencillez, el compromiso y la capacidad de emocionar sin artificios. "Como lo que soy, una persona sencilla, trabajadora y comprometida, siempre dispuesta a lo que me hayan pedido e intentando, cada vez que me he subido a un escenario, hacer pasar un buen rato y emocionar al público".