Monseñor Ángel Pérez, pregonero en Albelda: "¡Disfrutad! ¡Flotad! Que se abran las casas, que se llenen las calles"

El obispo de Barbastro-Monzón valora la "valentía y coraje" tradicionales de un pueblo como la torre de la iglesia de grande

14 de Agosto de 2026
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El obispo Ángel Pérez con la alcaldesa, María Ángeles Roca
El obispo Ángel Pérez con la alcaldesa, María Ángeles Roca

"¡Lo mío son los sermones, no los pregones!". El obispo Ángel Pérez Pueyo interpreta a Burning, cambiando el género: "¿qué hace un chico como yo en un sitio como éste?" El lugar era el Ayuntamiento de Albelda, en concreto el balcón, y estaba acompañado por la alcaldesa, María Ángeles Roca, que le había invitado a inaugurar las Fiestas de San Roque. "¡Vaya embolado, Mariángeles!".

Reconocía esa noche de sábado que su buen amigo José Antonio Adell le permitió adentrarse en la historia, vida y tradiciones de Albelda. "Tenéis fama histórica de valients y corajudos". Por eso, sus últimos arrestos han llegado acompañados de la prudencia: "Ángel, tú sube y habla... pero, sobre todo, ¡no les lleves la contraria!".

Pueblo de señores, de pleitos de bandoleros, hasta fueron capaces de derribar el castillo. Y el prelado iba al grano: "Lo importante es que ¡comiencen las fiestas! Y Albelda sabe de fiestas. Lo sabe San Vicente. Lo sabe San Roque. Lo sabe San Sebastián desde lo alto. Lo sabe la Rondalla. Lo saben las peñas. Y lo sabe especialmente la Penya lo Magre", que en 1987 promovió ya la matacía en la calle, "vuestra maravillosa Festa del Tossino".

Escuchar a un jerarca de la iglesia esta intención laudatoria es como una bendición. O sin el como. Una bendición. "Aquella tradición familiar terminó convirtiéndose en vuestra maravillosa Festa del Tossino. Una fiesta capaz de lograr el milagro: que un pueblo de menos de mil habitantes reúna a cinco mil personas... ¡y haya comida para todos! Eso ya no es organización. Eso se parece bastante al milagro de los panes y los peces...aunque aquí, eso sí, con carne y caldereta".

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Ángel Pérez Pueyo recordaba el siguiente hito, en 2001, la declaración como Fiesta de Interés Turístico de Aragón, esto es, el reconocimiento de que "aquí había un tesoro", pero más allá de la catalogación institucional "sólo un pueblo puede convertirla en tradición. Mayores que enseñan. Jóvenes que recogen el testigo. Voluntarios que madrugan, cocinan, montan, desmontan y trabajan mientras los demás disfrutamos. Gente que, cuando tantos preguntan: "¿Y yo qué saco de esto?", todavía pregunta: ¿Qué puedo aportar yo?"

El obispo de Barbastro-Monzón se ha remontado 450 años hasta la culminación de la Iglesia de San Vicente, sin excavadoras, grupos, móviles y, por supuesto, "¡no tenían WhatsApp para crear un grupo y discutir cómo había que hacer la torre!". Solo tenían piedra, manos, fe y sabían trabajar juntos. "Construyeron pensando en nosotros" y elevaron la torre de 36 metros. Está declarada Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.

La torre, ha agregado, es la constatación de que "cada piedra sostiene a las demás. Y con los pueblos ocurre exactamente igual. Nos necesitamos. A los niños y a los mayores. A quienes nacieron aquí y a quienes llegaron después. A quienes van a misa y a quienes hace tiempo que no entran. A quienes piensan de una manera y a quienes piensan de otra. Porque, para construir un pueblo -como para levantar una torre-, nadie sobra".

SAN ROQUE Y EL PAN

El pregón discurría por la historia, por el "pan caritat" que se distribuía en San Roque como expresión de hospitalidad y solidaridad con los peregrinos del Camino de Santiago. Hoy es la "torta que compartís con quienes peregrinan hasta San Roque". Cambia el producto, pero se perpetúa "la capacidad de compartir".

A continuación llegaba el agua con la inauguración el 2 de marzo de 1906 del Canal de Aragón y Cataluña por Alfonso XIII, que permitió transformar la tierra, cultivar y dar futuro a la vida de muchas personas. Como testigo, el sifón de Albelda, "porque donde llega el agua... brota la vida".

Palabras de solidaridad hacia los afectados por el fuego. El incendio iniciado en Castillonroy amenazó a Albelda. "Hubo miedo, confinamiento e incertidumbre. Pero hubo profesionales de emergencias, bomberos, brigadas, agentes, agricultores con sus tractores… y, sobre todo, hubo vecinos. Un pueblo entero dispuesto a ayudar".

Ahí demostró el pueblo su vieja reputación de "valentía y coraje que no pertenece solo a los libros de historia. Sigue viva. Quizás ese sea vuestro mayor patrimonio: que, cuando llegan las dificultades, sabéis hacer pueblo".

ILUSTRES HIJOS

Repaso por ilustres hijos de Albelda como Antonio Sangenís, ingeniero militar que destacó en la defensa de Zaragoza durante los Sitios y entregó allí su vida. Pol Oriach, que ha derribado muros en las pistas de atletismo, "entre los diez mejores del mundo en los 3.000 metros". Uno, defendiendo posiciones y el otro ganándolas a la carrera. Dos épocas, dos historias y un mismo orgullo.

No sería fiel a sí mismo si no se dirigiera a los jóvenes. "Disfrutad. Bailad. Reíd. Haced ruido… razonablemente. Y enamoraos, si se tercia. Y, si no se tercia… tranquilos, que hay más días que longaniza. Pero, sobre todo, cuidaos unos a otros. Que nadie quede solo. Y que al día siguiente podamos recordar… aunque sea aproximadamente… que fuimos felices juntos".

En el otro polo de la existencia terrenal, los mayores, a los que daba las gracias. "Vosotros habéis traído Albelda hasta aquí. Y recordamos también a quienes otros años estaban entre nosotros y hoy ya no están. Porque los pueblos tienen una hermosa manera de vencer al tiempo: recordando".

 

"Yo deseo que encuentren un pueblo que sepa compartir el pan. Agradecer el agua. Hacer frente unido al fuego. Un pueblo donde nadie sobre. Donde los mayores sean queridos. Donde los jóvenes encuentren razones para quedarse o regresar. Y donde los niños puedan seguir diciendo con orgullo: "Yo soy de Albelda".

Tras pedir a San Roque y San Vicente protección, a las campanas que anuncien "la valentía y el coraje" de los albeldenses, a los vecinos "seguir haciendo pueblo", aseguraba que a todos les tocaba hacer "lo verdaderamente importante. ¡Disfrutad! ¡Flotad! Que se abran las casas, que se llenen las calles, que despierten las peñas, que vuelvan los abrazos". Y, para que se entere toda la litera, vivas a Albelda, San Roque, San Vicente y, claro, la Festa del Tossino y los albeldenses.

Recibidas las órdenes en este pregón de altura, acogidas las bendiciones, de manera poco resignada y muy jubilosa, los albeldenses se adentraron en la fiesta.