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La aventura del bus urbano

16 de Abril de 2026
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Autobús urbano averiado el martes en Huesca
Autobús urbano averiado el martes en Huesca

Ahora que se ha puesto de moda el pa’lante, en Huesca vamos p’atrás, al menos en cuanto al funcionamiento del bus urbano.

Ya escribí hace unos meses que utilizar el transporte urbano en Huesca podía resultar una auténtica odisea. Pero en las últimas semanas el esperpento ha ido en aumento. La penúltima fue ver pasar un bus a toda velocidad sin detenerse en la parada de la Estación Intermodal (Línea 1) y después de gritar, hacer aspavientos y conseguir que se detuviera, nos encontramos con la respuesta del conductor: Es que a mí me ha dicho el jefe que no había que parar aquí. Después de bajarse a ver dónde estaba el poste señalizador, porque no creía en nuestra palabra, se bajó del burro y nos dio la razón: Es que a mí me han dicho…

La última ha sido esta semana, cuando la avería de un vehículo ha dejado a varios usuarios a pie de calle y a la espera de que pasase el siguiente autocar. Además, ‘el maquillaje’ de cambio de algunos vehículos ha sido para peor, porque ahora no queda ningún asiento a ras de suelo y hay que subir en todos los casos un escalón (de hasta 30 centímetros), con el consiguiente esfuerzo para unos usuarios de avanzada edad en su gran mayoría.

La destartalada flota logra que en muchas ocasiones no funcione la máquina expendedora de billetes, con el consiguiente viaje gratis, que haya asientos desde los que no se alcanza el botón de parada y que el tránsito por unas calles plagadas de baches sea un auténtico tormento. Por otro lado, la ausencia o no utilización de las rampas complica la bajada de carros de bebé, sillas de ruedas o personas mayores con problemas de movilidad. O que por quedarse el bus demasiado lejos de la acera (a veces impedidos por otros vehículos aparcados en la parada) haya que dar un salto peligroso.

Además, cuando alguna línea circula con retraso (habitualmente), hay conductores que se saltan paradas y cogen el atajo de la Avenida de los Danzantes para recuperar tiempo, llegar directos la calle Teruel y dejar sin servicio a los posibles usuarios de la Línea 1 que estén esperando en las paradas del interior. O no van al centro comercial Lidl cuando toca y se evitan un recorrido (doy fe de lo sucedido en ambos casos).

La amabilidad de la mayoría de los conductores es buena, pero para algunos otros aquello de que la razón siempre la tiene el cliente no funciona.

Si a estos males enumerados en estas primeras líneas añadimos los que no se han subsanado desde que escribí mi primera denuncia, la lista es cada vez más larga.

Podemos empezar por la falta de señalización clara de todas las paradas, ya que no en todas hay marquesinas, en alguna es un simple poste con el recorrido, y sólo en tres (Perpetuo Socorro, Plaza de Navarra y Hospital San Jorge) funciona el panel informativo, y no siempre aciertan con el horario de espera.

Por supuesto que nunca está indicado el horario de paso (salvo que vayas con el folleto en la mano porque el QR la verdad es que no está al alcance de los habituales usuarios –personas mayores-); y pocas veces se cumple con exactitud, lo que te obliga a estar con anticipación si no te quieres quedar en tierra y tener que esperar 20 minutos al paso del siguiente.

Por falta de indicadores claros, la pregunta más habitual y primera de los usuarios cuando llega el bus es saber dónde para y por dónde circula cada vehículo (C1 y C2), aunque la mayoría de amables conductores se encargan de resolver esta duda que ha provocado más de un despiste.

También sigo sin entender por qué de 10 a 12 de la mañana paran las líneas C1 y C2 y todo quede en manos de la C3 (pasa cada 50 minutos más o menos). A las 18 horas es el fin de servicio de las C1 y C2 y todo vuelve a recaer en la C3 con frecuencia de paso de una hora. Algo que se reproduce los meses de julio y agosto, en los que solo funciona una línea (C3) con un bus con frecuencia horaria, cuando no estaría de más utilizar dos vehículos y reducir el tiempo de paso a la mitad. Es frecuente escuchar a los usuarios tirar de ironía porque para entender el urbano de Huesca “hace falta un cursillo”.

Con ser caótico y difícil de comprender (y de leer para los que estén siguiendo estas explicaciones), lo más preocupante es el tamaño y forma de los vehículos, demasiado grandes para callejear por Huesca y sin condiciones para dar atención a las necesidades de los usuarios: sólo hay un asiento a nivel de suelo (modelo antiguo), con lo que los demás ocupantes tienen que acceder a su asiento superando un desnivel de casi 30 centímetros cuando sus condiciones físicas (personas mayores con problemas) se lo ponen muy complicado.

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