El próximo jueves volveremos a ver huchas en la calle para recaudar fondos contra el cáncer. Como sociedad, es algo que nos honra.
Durante siete años trabajé como profesional en la Asociación Española Contra el Cáncer. Fui despedido poco después de reclamar el cumplimiento de mi horario laboral. En conciliación, no se reconoció la improcedencia, pero se abonó una indemnización equivalente.
Más allá de lo legal, hay algo que no aparece en ningún documento: la imposibilidad de despedirme de las personas a las que acompañaba, personas comenzando un duelo, en medio del tratamiento e incluso en grupo terapéutico. En psicooncología, el vínculo forma parte del proceso. Interrumpirlo sin transición tiene un impacto humano que no debería ignorarse.
No se trata de cuestionar la causa, sino de preguntarse si el cuidado que se proyecta hacia fuera se sostiene también por dentro.
Quizá la verdadera pregunta no es solo cuánto damos, sino también a quién y en qué condiciones y por qué en muchas entidades sociales se dan estás situaciones.
Sin verdad, justicia y dignidad laboral, no hay cuidado que se sostenga.