No puede ser, no puede ser. Con absoluta certeza, miles de personas y sus familiares que sufrieron la tragedia procurada por las fauces sangrantes de los asesinos de ETA debieran estar pronunciando esa frase. Con total seguridad, en sus cabezas retumban las palabras de la madre del asesinado Pagazaurtundúa a ese entonces lehendakari hoy reconvertido en bobo a las tres (y luego y antes todo el día) que era Pachi López: harás y dirás cosas que nos helarán el corazón.
La desmesura, a estas alturas, abraza la indignidad que extiende a un Estado y también a un país que se está despedazando moralmente en la estúpida carrera por polarizarse incluso a costa de cuestiones que no son admisibles con una mínima honradez intelectual. Que Azpiazu, Cheroki, salga como funcionario de la libertad (de lunes a viernes) habiendo penado 18 de los 400 años de cárcel a los que fue condenado por matar, secuestrar, extorsionar y ordenar toda una espiral de terror como jefe de la muerte, es insufrible para las víctimas del terrorismo. Definitivamente, su sufrimiento no ha servido de nada, absolutamente de nada. Ellos han puesto los muertos y ahora entre PSOE y PNV están estúpidamente cediendo a las hienas de la selva, desconocedores de que a ellos también los devorarán. La diferencia es que algún mérito habrán hecho, concesiones que abominan a cualquier ciudadano decente
La situación de España da para un ensayo por la distopía en la que la han instalado los intereses personales, la corrupción, la depreciación de la ética, el asesinato de la responsabilidad. Da igual todo. ministros que se mofan de las tragedias proclamando que gestionan divinamente, cómplices que miran hacia otro lado, independentistas al frente de la sala de máquinas y organizaciones preñadas de terroristas que chulean a partidos democráticos. El espectáculo de Aizpuru despreciando "al principal partido en el Congreso" porque "un escaño de Bildu manda más" y "así seguirá siendo mientras dependa de nosotros" no puede dejar indiferente a todos, absolutamente todos, los que se sientan en la bancada de quienes sostienen a un gobierno débil y sin moralidad alguna. Si ninguno se ha removido ante este desafío, definitivamente responden a la formulación de que allí donde todos piensan lo mismo es que se piensa poco.
No, ningún partido es tan aborrecible como Bildu, el arma (el brazo se utiliza para trabajar) política de la ETA que está larvada entre salidas triunfales de los Cherokis de turno, agasajados y homenajeados mientras miran hacia otro lado por conveniencia quienes han olvidado el sentido de la democracia, que es el respeto, la convivencia y la tolerancia hacia quien no piensa como uno. Proclamar absurdamente que tiene más legitimidad democrática y que aporta más al país que VOX o que cualquier otra fuerza política es violencia en sí mismo, porque ninguno de los filoterroristas es capaz de criticar ni veladamente a los etarras.
La lástima es no poder coger a los miserables que pronuncian semejantes dislates como a mister Scroodge y retrocederlos en el tiempo, de la mano, para que asistieran a los cientos de funerales en los que secamos nuestros lagrimales. A quienes lo padecimos, nos viene a la memoria aquella atmósfera túrbida de sangre. Hoy, la negritud procede del relativismo intelectual. No sé cuál es peor. Entonces, al menos, había héroes y víctimas con las que practicar la compasión. Eran muertos, hoy son zombis con expresión estúpida y sin posibilidades de regeneración. Conocí, en aquellas épocas de terror, a algunos de sus practicantes, y crean que nada asusta más que verlos cerca.