CNI, UCO, UDEF, las siglas incómodas... e imprescindibles

Me fío más de CNI, UCO y UDEF que de los oportunistas a los que pillan con el carrico del helado

26 de Agosto de 2026
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En esta sociedad líquida que bautizara Bauman, la resistencia a aceptar las evidencias conlleva que se blandan las formas como gran contraposición de los fondos. Es el arma de la conveniencia, del sectarismo, de la entrega a las banderías, de la renuncia al más mínimo espíritu crítico. Y es cierto, son importantes en un Estado de Derecho, hasta tal punto de que es fundamental medirlas bien para que las espadas no acaben convertidas en lanzas.

Llevamos muchos, demasiados meses e incluso años, en que el sesgo ideológico ha llegado demasiado lejos hasta el punto de poner en entredicho a instituciones que garantizan la seguridad, la paz y la defensa de España. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en su admirable labor contra la corrupción, que no es nueva pero se ha intensificado por una sencilla razón: porque los delitos en el entorno de la política bullen a borbotones. La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional por el "caso Zapatero", aunque su casuística es siempre mucho más prolija. Más recientemente, la UCOMA (Unidad Central Operativa de Medioambiente) de la Benemérita, que con sus indagaciones ha estropeado el relato sobre el incendio de Las Peñas de Riglos, elaborado en cuarteles partidistas y consistoriales para lanzar el dardo interesadamente contra el Gobierno de Aragón. Presumo, tras leer el auto judicial, que este asunto nos aportará asombrosas jornadas.

Es obligación ética de todo español con criterio desear que éstas y el resto de la ensalada de siglas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sean eficaces y atinadas en sus investigaciones. Imperan en todos los uniformados dos características fundamentales entre otras (la abnegación, la vocación de servicio a los españoles, la rectitud, la firmeza...): la prudencia ("El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad", Calderón de la Barca) y la preparación. La primera impide extraer cualquier conclusión que no esté firmemente anclada a indicios sólidos o pruebas irrefutables en las investigaciones. La segunda desmiente esas estúpidas generalizaciones sobre su formación, que es extraordinaria, en el tenor de las profesiones más ilustradas. El resumen de su larga y brillante ejecutoria se fija en una palabra: el honor.

Con matizaciones por la propia esencia de su cometido, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) está tan sometido a cuestionamiento político como anteriormente lo han estado la UDEF o la UCO. El punto de partida conceptual es similar: con la eficiencia en su desempeño, están fastidiando "a los míos". De tal guisa que es aquello de susto o muerte. Si funciona la versión Margarita Robles (sí advirtió de la invasión a Ceuta), la incompetencia pasa de bando a Interior. Si es la del ladino Marlaska arropado por el delegado del Gobierno y por la interpretación salomónica del ejecutivo, la ineficacia es del propio CNI. Ya que las últimas informaciones periodísticas señalan que el 29 de julio, un día antes del derribo de la frontera por muchas decenas de miles de marroquíes, el Centro alertó de que se avenían 180.000 súbditos de Mohamed, queda contrastado el ejercicio del CNI.

El desdén y hasta la crítica desde los ministerios más agresivos verbalmente contra las instituciones de la Defensa y de la Seguridad de nuestro país pretende trasladar las negligencias e incapacidades políticas hacia los uniformados y los servicios de inteligencia, arropados, naturalmente, por cientos de miles de borregos que prefieren pensar que es más conveniente tener policías, guardias civiles y espías del estilo de Anacleto que probos y brillantes agentes que "incomodan a los míos". Esto es, mejor vivir con los ojos ciegos que aceptar la verdad por el hecho de que ésta puede doler.

Ajustar la percepción de la realidad a la comodidad ideológica propia, aunque sea arrollando la imagen y la integridad de nuestros garantes de la paz y la seguridad contra la delincuencia, sólo puede tener dos salidas: una, la afortunada para el -poco- pensante de que todo quede en los subsuelos de las cloacas; dos, una implosión de país que exija tirar del servicio de limpieza ética para dejar todo aseado y desinfectado.

Mientras no se demuestre lo contrario y la corrupción y politización en los Cuerpos sea mínima y aislada, me fío más de CNI, UCO y UDEF que de los oportunistas a los que pillan con el carrico del helado. Por limpieza democrática, por salud moral, por firmeza para mirar a la verdad a la cara. Guste o no guste. Para dirimir el veredicto final, ya estarán los jueces. Otros que bailan en medio de arenas movedizas y que merecen respeto a su condición y su integridad, bajo el amparo de la Constitución y la legalidad.

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