La dignidad y la simpleza riesgosa de la proclama de que no todos somos iguales

La dimisión de Óscar Puente ha estado más rodeada de trampantojos que de épica, un ministro que ha tardado demasiado tiempo en salir del ejecutivo

04 de Noviembre de 2026
Guardar
Óscar Puente este viernes en la inauguración de un nuevo tramo de la A-21.
Óscar Puente este viernes en la inauguración de un nuevo tramo de la A-21.

En una comida de Luisa Fernanda Rudi con directores de medios de Aragón en el Pignatelli, el pretencioso dirigente de uno de ellos sugirió, con gesto jactancioso que iluminaba un supremacismo indisimulado, que la reunión reciente con la ministra de Transportes Ana Pastor había ido fenomenal. La presidenta aragonesa, directa como siempre, le preguntó si se lo había dicho la titular ministerial, a lo que el directivo contestó que no. Ella zanjó rápidamente el asunto: "Sólo estuvimos ella y yo, yo no te lo he dicho, luego te lo has inventado, igual que la inexistencia de suministros en el hospital". He de reconocer que los restantes nos solazamos interiormente y en la salida fue objeto de comentarios generales. Permítanme contar la anécdota con los entrecomillados sin exactitud plena, obviamente no llevábamos una grabadora a esos encuentros.

Ha venido a resultar que hemos conocido el contenido del wasap remitido por Óscar Puente a Pedro Sánchez para comunicarle su dimisión, que rezaba así: "Cuando leas esto, tu primera reacción será de estupor. Mientras lo leas, yo estaré anunciado mi renuncia. Espero que no lo interpretes como una traición, sino como un acto de generosidad". La respuesta del presidente: "Ni se te ocurra, no lo hagas".

Es más que probable que los ingenuos militantes y acólitos del partido del gobierno interpreten que ha sido un robo informático de la fachosfera, pero resultará más creíble concluir que uno de los dos ha filtrado el contenido. Conociendo ambos perfiles, puede ser cualquiera, pero la incontinencia verbal suena francamente más en el alero del ya exministro.

Sería esta comunicación la constatación de que la reacción hagiográfica del presidente sobre el ministro ha pecado de histrionismo. Dos afirmaciones y una negación. Las primeras, que Puente ha sido un ejemplo y que ha actuado con dignidad que entrega a la causa de la política. La tercera, que "no todos somos iguales". Todo, un trampantojo para engañar a la ciudadanía.

Logo WhatsApp
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp para tener la mejor información

Murphy se ha colado en los relatos gubernamentales. El ministro no ha sido ejemplar en nada, pródigo apenas en más facetas que su exageración tuitera que le ha restado mucho tiempo para la gestión, si acaso apenas comparable con su producción de insultos impropios de nadie con un mínimo de responsabilidad y de apego a la búsqueda del interés general. Su desempeño no sólo no ha resultado aceptable, sino que su ineficacia gestora -lo de la Variante de Sabiñánigo es ignominioso- bien hubiera demandado una salida mucho antes.

Sobre su dignidad, baste indicar que el único partido -aparte del propio- que le ha respaldado en la Diputación Permanente justo antes de su dimisión ha sido Bildu, con absoluta certeza porque Aizpurúa es poco impresionable por las víctimas porque para ella, acreditada queda su ejecutoria, la vida es un valor depreciado en beneficio de la muerte violenta. Detrás de la inspiración del nombre de su partido, la destrucción, la extorsión, el terror y los asesinatos. Su comprensión cultural ante 116 fallecidos es, ciertamente, más tolerante que la de nadie con un mínimo de moralidad.

En el Manifiesto La Utilidad de lo Inútil de Nuccio Ordine, se destaca el concepto de la dignitas hominis renacentista recuperada y ensalzada por Fernando Savater como la construcción estrictamente que sólo existe si nos la otorgamos y respetamos los unos a los otros a través de la ciudadanía y la empatía. No, no hay dignidad cuando detrás se busca un beneficio útil, material, en las acciones sin pensar en la sociedad. Y la dimisión de Puente, como él revela en su mensaje, obedece a un cálculo que falazmente identifica como generosidad: servicio exclusivo a la bandería sin más objetivo que el electoral.

La tercera gran expresión, la de que "no todos somos iguales", es una evidencia revestida de tautología. Una auténtica simpleza peligrosa por cuanto, en el fondo, se reviste de oxímoron porque pretende precisamente uniformar acríticamente a todos los conmilitones y simpatizantes. Un riesgo porque, exactamente igual que se pretende remontar a hechos lacerantes del partido en la oposición (que los ha habido, obviamente, en su historia), es plenamente aplicable a la historia reciente de este gobierno rodeado de corrupción hasta las mismas entrañas del poder, independientemente del resultado judicial. La ética también es exigible a los representantes públicos. Pero, sobre todo, incorpora una simplificación que aloja la anulación del pensamiento reflexivo y la homogeneidad sin límites en la doctrina del más destructivo de los propagandistas de la historia.

Que la precampaña se reemprende no cabe duda alguna, pero en asunto tan inquietante como el que nos ocupa -el de la seguridad ferroviaria- hay que recobrar la seriedad y la honradez porque 116 muertos no se pueden despachar con mensajes vacíos, actitudes indignas y medias mentiras horrorosas para justificar una gestión que ha descarrilado.

Archivado en