La Guardia Civil sigue en 4 Latas

Demasiada desfachatez la de los agentes por destapar las vergüenzas y las barbaridades de la corrupción

13 de Mayo de 2026
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Renault 4L, el Cuatro Latas
Renault 4L, el Cuatro Latas

No. Yo me resisto a combatir a histrión con histrionismo. María Jesús Montero es histriónica, pero no pueden los opinadores y partidos convertirse en maestros de la hipérbole afirmando, como si fueran jueces que imponen apriorísticamente una calificación, sostener que la muerte en acto de servicio de los dos guardias civiles en su persecución del narcotráfico ha sido un asesinato. Se hace tal flaco servicio a la verdad cuando se confronta la inexactitud con el disparate de la candidata socialista en Andalucía cuando califica ese trágico desenlace en acto de servicio como accidente laboral. Montero es tan patética con su ignorancia como con sus muecas, pero con tal responsabilidad carga su partido. Allá ellos.

Más allá de la cuestión terminológica en la torpeza naturalizada de la que fuera vicepresidenta, cuya altitud de cargos resulta reveladora del nivel medio y del que acredita quien hasta ese espacio le colocó, el verdadero drama está en la realidad de una Guardia Civil abandonada y de unos cuerpos de seguridad, en general, infradotados y mal tratados incluso salarialmente respecto a las evidentemente menos eficaces policías autonómicas de las dos comunidades privilegiadas por la aritmética parlamentaria desde hace lustros. Más eficacia, menos remuneración, y viceversa.

Citroën Tiburón
Citroën Tiburón

La Guardia Civil, metafóricamente, sigue en el 4 Latas. Esa era la asimilación desde el pueblo del Renault 4L que conducían fatigosamente (este año se cumplen 65 años desde que saliera el sufrido y cumplidor modelo) los guardias civiles por esas carreteras y caminos de Dios del País Vasco y Navarra. Estaba muy bien el vehículo para agricultores que cargaban sus patatas, tomates y sus cebollas después de la faena agrícola, pero era manifiestamente insuficiente para cualquier persecución a los etarras. Estaban en otro nivel los terroristas (vaya, como ahora, en que aburguesadamente perciben sueldos públicos en instituciones habiendo penado mínimamente por sus delitos). Ellos ocupaban, ufanos, dejando atrás como el Súper Ferrari de Pierre Nodoyuna y su perro Patán, aquel admirado entonces Citroën Tiburón que superaba en caballos y maniobrabilidad los vetustos "rocomóvil" de los hermanos Macana en "Autos locos". En este último, iban los beneméritos, carne de cañón y bomba-lapa.

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Afortunadamente, la Guardia Civil consiguió que se dignificara su parque automovilístico, pero la realidad del combate contra el narcotráfico en Huelva, o en Barbate, en esos mares que parecen plácidos para los criminales y terriblemente hostiles para los servidores de la seguridad de España (sí, esos que intentan que hasta nuestros hijos no lleguen las letales drogas), es que pilotan los "4 Latas del mar". Y, en ese sentido, sin tipificación que no corresponda a los magistrados, sí podemos confirmar que existe una responsabilidad por parte del Estado representado por sus instituciones en la consignación de recursos insuficientes para luchar contra el delito y garantizar el cumplimiento de la ley. Resulta indecente que, después del asesinato de Barbate, los guardias civiles sigan ocupando lanchas manifiestamente inferiores en prestaciones que los delincuentes. No es cuestión de lujos, sino de eficiencia.

La desvergüenza de ese ministro patético y larguísimo en la democracia como es Fernando Grande-Marlaska se suma a esta ceremonia del despropósito al no asistir al funeral por los dos guardias civiles en Huelva. La explicación no puede ser el Hondius (¡qué coño pintan tres ministros para no hacer sino sonreir mientras trabajan los que hacen la evacuación y realojamiento!), sino más que presumiblemente es la cobardía de no querer escuchar las seguras recriminaciones de hastiados ciudadanos. A la política, a los gobiernos, no se llega para estar rodeados exclusivamente de palmeros. En el sueldo está, rotundamente, oír aquello que no se desea oír. Lo contrario es soberbia y autocomplacencia.

La insolencia del que fue juez deambula paralelamente al incumplimiento de promesas como la equiparación salarial de Guardia Civil y Policía Nacional. Y, de manera muy especial, a la resistencia a reconocerlos como profesión de riesgo, que es un atentado contra la realidad de los uniformados que, en su protección de la ciudadanía y de la libertad, están acechados por lo peor de la sociedad. Definitivamente, de forma metafórica, no material pero conceptualmente, nuestros cuerpos de seguridad van en 4 Latas. En 2026. Demasiada desfachatez la de los agentes por destapar las vergüenzas y las barbaridades de la corrupción.

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