La incompetencia objetiva de Grande-Marlaska, la degeneración de Interior

Con la devaluación hasta cero de su palabra, arrastra al país hacia el abismo y la impotencia frente a cualquier amenaza

09 de Septiembre de 2026
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Fernando Grande-Marlaska en el Centro de Adiestramiento en Montaña
Fernando Grande-Marlaska en el Centro de Adiestramiento en Montaña

Estábamos hasta las más íntimas gónadas de caer como conejos en una cacería sin fin. Tal era la sensación. Los etarras asesinaban con premeditación, nocturnidad y alevosía y la única diversificación era si lo hacían con coches-bomba o descerrajando el cargador en la nunca, ora de guardias civiles o policías, ora de militares, ora de políticos populares o socialistas, y en algunos casos por capricho de los criminales.

Lo hacían a manos llenas, como ese canalla de Parot que acaba de ser liberado por el Gobierno vasco dentro de los pactos de la vergüenza que debieran indignar al central (en el supuesto caso de que la tuviera), y cuya importancia es paradigmática porque la doctrina que lleva su nombre para limitar los beneficios penitenciarios fue miserablemente derribada por la Europa insensible ante el sufrimiento del terrorismo etarra. 4.800 años de condena por casi cuarenta asesinatos directos y participación en casi un centenar. El 10 % de la producción mortal de ETA lleva su sello, incluidas las 11 víctimas fatídicas en el Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza. El criminal francés ya siente el calor de hogar.

El ministro del Interior, en aquellos años, era José Barrionuevo Peña, que soportó una presión inimaginable e insoportable en tiempos de plomo, de funerales, de viudas, de terrorismo y de violencia. Acudía Barrionuevo, al que en los cuarteles se apreciaba por su proximidad y presencia, a las misas con los asesinados de cuerpo -a veces, destrozado- presente. Aquel día, mi madre, que como todas las mujeres de guardias civiles vivían entre la zozobra y la rabia, le espetó en la Iglesia de San Miguel: "¡Justicia, ministro, justicia!" Compungido y conmovido, Barrionuevo contestó con todo suave: "Tiene usted razón, señora, tiene razón". En aquella atmósfera de dolor, podía sentir el ministro una razonable sensación de inseguridad subjetiva. Pero la soportaba por responsabilidad y autoexigencia ética. Ni que decir tiene que, por parte de esa pequeña cuota de dirigentes políticos guardias civiles, mi padre fue requerido para que controlara a su mujer. El capitán Escribano respiró hondo y tiró de estoicismo simplemente para comunicarlo en casa. Nos reímos. La sonrisa entre la resignación y el orgullo.

Aquel ministro, que acabó en la cárcel por arropar la organización de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), acompañaba a sus Cuerpos de Seguridad con integridad y valentía, y contribuía a la serenidad de los uniformados, familias y gentes de bien. Era así, independientemente de su final.

Sin dudarlo, Fernando Grande-Marlaska va acrecentando su leyenda para convertirse en el peor ministro de Interior de la democracia y, sin duda, el primero que ha despreciado sistemáticamente a su personal, a los principales recursos de su ministerio. Su historial en estos ocho años ha estado jalonado de mentiras, represalias a los leales a España, recompensas a los arribistas. Se ha rodeado de lo peor y ha menospreciado a los mejores, comenzando por Pérez de los Cobos y concluyendo con Balas, y en el medio multitud de probos policías nacionales y guardias civiles.

En apenas un día, tres oprobios le han situado en una posición insostenible de no ser porque el propio presidente Sánchez ha cambiado su opinión radicalmente en cuarenta días sobre Ceuta, a contracorriente del conocimiento de la realidad. Por orden cronológico, el miércoles se presentaba en Ceuta para proclamar la doctrina de la "inseguridad subjetiva" de los ceutíes, que sería risible si no estuvieran viviendo entre el drama y la tragedia. Mes y medio casi de secuestro de sus playas, de la propia ciudad, absentismo escolar forzado, ausencia de efectivos policiales y militares suficientes, agresiones sexuales multiplicadas por infinito, peleas, ocupación de las calles y falsedad oficial en la aportación de cifras. Primero eran 40.000 de las que se habían vuelto todas menos dos mil, luego 72.000 de las que quedaban cinco mil, el presidente que eran equis menores y sus ministros jugando a la ruleta de las cifras y, a fecha de hoy, y sin atisbo, la cronificación de la impotencia de un gobierno trasladada a la ciudadanía. Una ciudad de un Estado de Derecho sin Derecho ni Estado. Marlaska, atorado, llegó -¡ay, aquella integridad de Barrionuevo!- en coche para recibir los aplausos de los invasores (sic, semánticamente lo son), y se fue cobardemente en furgón policial entre los abucheos de los vecinos. Huir como forajidos de los problemas no es opción de un gobernante.

El segundo conocido ha sido el listado de tertulianos conocido por El Confidencial (la verdad es que el periodismo de investigación de hoy es admirable porque en una peculiar multiplicación de las bondades convierten los bulos predicados por la izquierda en realidades ratificadas por los tribunales), cuyo desconocimiento por el propio Marlaska de la versión oficial es tan creíble como los cambios de opinión de su jefe. Lo grave no es la enumeración y el contenido, que francamente es chabacano, pobre y cutre, sino que emerja en las propias entrañas del Estado. De la simpleza estoy muy de acuerdo con muchos tuiteros progubernamentales, pero discrepo en un sentido: ellos se tirarían a la yugular si se hubieran publicado similares relaciones en la intimidad de los despachos de los gobiernos de Aragón o Madrid. Pero como émulos mediocres de viejas policías patrióticas fascistas o comunistas, la cosa tiene su miga.

El tercer desatino ha llegado en tribuna parlamentaria, en el Congreso de los Diputados, donde el ministro del interior ha asegurado, palabrita del niño Jesús, que nada se conocía antes de la invasión del 30 de agosto. La desfachatez de este hombre que nunca mira a los ojos no tiene medida. Decirlo cuando se ha anunciado que a las cinco de la tarde se desclasificarán informes y comunicaciones responde a todos los aforismos al respecto de nuestro idioma español, desde que la mentira tiene las patas cortas hasta que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. A las 17 horas, nuevamente Fernando Grande-Marlaska ha quedado desacreditado e inhabilitado éticamente pese a la resistencia del puto amo para continuar un minuto más al frente del Ministerio.

Sí, definitivamente, el relativismo moral de aquel juez que fue admirado y es hoy un lacayo desvergonzado del poder ha conducido a una conclusión en su escalada infumable al frente de una de las carteras vitales de un gobierno: frente a la inseguridad subjetiva de la realidad, él atesora el campeonato mundial de incompetencia objetiva. Y, con la devaluación hasta cero de su palabra, arrastra al país hacia el abismo y la impotencia frente a cualquier amenaza.

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