Mur Jr. y Guzmán el Bueno

Ricardo Mur Jr. es un chaval encantador, educado, discreto y firme en su deseo de dedicarse en un futuro al fútbol

19 de Julio de 2026
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Mur Jr. y Guzmán el Bueno. Afición de la Sociedad Deportiva Huesca
Mur Jr. y Guzmán el Bueno. Afición de la Sociedad Deportiva Huesca

Esta es una columna de riesgo. De las de tira y afloja. De las que asumes como obligatoria para tu propia integridad y, a continuación, reculas por el cálculo de los daños colaterales. Incluso por la certeza de que entras en un campo de minas activadas por gente mal pensante. Te acelera la ética, te frena el convencionalismo, incluso la conveniencia. Hasta...

Hasta que priorizas. Recuerdo a José Ángel Biel en una comida que tuvimos con Antonio Angulo: "Desde que tengo 65 años, digo lo que se me pasa por los..." No es preciso el exabrupto testicular. Ya los he cumplido. Es un argumento. Además, la remembranza de que a mí también, como a Guzmán el Bueno, me castigaron unos miserables en carnes de hijo. Hay mucho infante don Juan: "Matadle con este, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo, que hijo con mi honor manchado". Las palabras de Guzmán al entregarle la daga antes de que el hermano traidor de Sancho IV ejecutara su amenaza y acabara con Pedro Alfonso. Del buen criterio que da la comprensión lectora, pende mi confianza de que se establezcan las diferencias aunque perdure la metáfora.

Ha venido a resultar que, por aquello de las estrategias procesales (que respeto, faltaría más), en el litigio que nos sume en zozobra a muchos seguidores de la Sociedad Deportiva Huesca (por si alguien lo duda, en Junta de Accionistas fui una de las notas discordantes con las responsabilidades exigidas por la asamblea al exconsejero-delegado al interpretar preciso apurar todos los cauces de diálogo), ha aparecido como un argumento un hijo, el del consejero delegado de hoy.

Puedo entender que, en el mundo en el que vivimos en que cualquier ciudadano se cuelga el título de comunicador -sin haber estudiado una lección- en programas dirigidos por idéntica convicción, se pueda atribuir a un zagal de 22 años el origen de todos los males de un descenso. Los fichajes de un mercado de invierno entero. En la expresión habitual del presidente Lasaosa, "de locos". Un disparate y, de paso, una descarga de las responsabilidades de quienes las tenían.

Allá cada cual con su conciencia crítica, su regla ética y su nivel de sentido común. Por intentar coger un puñadito de suscriptores en Youtube cada cual vislumbra su senda, nunca deontológica porque, por definición, esta queda para los profesionales.

Incluso, en otro ámbito y con otro foco, comprendo el argumento que me expresa un abogado de la plaza cuando me pregunta socarrón quién se atreve a discutir que Amancio Ortega empleara en su empresa a su hija o Juan Roig a su yerno. No por el hecho de que no sea una razón certera, que lo es, aplica al caso a los ojos de algunos, quizás porque en el mundo del fútbol no hay madurez suficiente para concebir que en el profesional los rectores son sociedades anónima. Pero de ahí a pensar que Amancio Ortega, Juan Roig, las Koplowitz o Florentino Pérez iban a dejar los designios de sus empresas en retoños tiernos demanda una revisión de las capacidades de raciocinio de cada uno.

Más allá de la estrategia procesal y del hecho de que yo sí he preguntado la pertenencia o no de Mur Jr. a la estructura del Huesca -el que quiera saber la respuesta, que haga lo propio-, la incorporación de la rumorología -que nunca ha sido antesala de la noticia para quienes hemos pasado por una facultad- no puede crear un juicio paralelo a un chaval de 22 años que para nada ha cometido un ilícito ni puede ser pretexto en el sentido de Guzmán el Bueno para obtener ventaja, sea en una palestra judicial, sea en el escabroso universo de las redes sociales tan certeramente definidas por Umberto Eco. Es una barbaridad que, ni en un ámbito ni en el otro, hace al caso.

Ricardo Mur Jr. es, como acreditan tantos y tantos miembros de la SD Huesca, un chaval encantador, extraordinariamente educado, discreto y firme en su deseo de dedicarse en un futuro, una vez formado en la universidad de la calle que es el balompié -miren a Argentina-, al fútbol. Es atento, cortés y empático, estudioso del negocio futbolero, muy conocedor a través de las nuevas tecnologías de equipos y futbolistas de todo el mundo. Un chico dulce, que sería un islote en el universo hobbesiano (el hombre es un lobo para el hombre) de la pelota redonda. Vamos, lo propio de la edad... pero en ningún caso decisorio en las políticas del club. No se le puede cargar esa mochila.

No voy a entrar en criterios morales sobre su incorporación al escenario del litigio (el judicial y el de una escueta parte de la opinión pública), pero una de las mayores injusticias en las que puede incurrir un ser humano es traicionarse a sí mismo y a sus valores a través del silencio. Contemplar un linchamiento callado. Apenas he mantenido una docena de conversaciones -y escuetas- con él, pero me sobran y quedan complementadas por el criterio de gente en la que creo tras décadas de amistad.

Sí, ahora habrá algún amigo que me dirá, bien intencionadamente, que no es oportuna esta defensa. Pero es que la memoria me funciona y cada vez que me acuerdo de José Ángel Biel, me alcanza el discernimiento para distinguir entre la prudencia y la cobardía. Así que, quien quiera, que atice. Que, perdón por la expresión soez, ante la hipérbole, me importa un huevo.

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