Óscar López y Javier Lambán, la vileza reprocha a la dignidad

El ministro culpa miserablemente al presidente fallecido de la derrota electoral del PSOE en Aragón

13 de Febrero de 2026
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Javier Lambán
Javier Lambán

"La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse". Hace trescientos años, Jonathan Swift selló este pensamiento que ha trascendido los tiempos y, ahora mismo, está instalado en las formas de hacer -mala- política de muchos de los congéneres que habitan y deprecian el oficio que en su origen y su esencia debiera servir a la sociedad.

El autor de Los Viajes de Gulliver no lo sabía, pero uno puede albergar en su imaginario que pensaba en tipos análogos al -para desgracia de la cartera- ministro de Transformación Digital y Función Pública, Óscar López Águeda, al que aplica perfectamente la expresión gráfica de la trepa y el arrastre sin solución de continuidad. Arribista precoz -empezó a chupar de la teta pública cuando apenas había cumplido 23 tacos-, suma ya treinta años de sus 55 de DNI en puestos y repuestos, con tantos arabescos orgánicos como fracasos cuando se ha visto inducido a someterse al escrutinio de los electores en primera línea de examen (léase Castilla y León, fiasco que repetirá sin dudarlo en las fauces de Ayuso próximamente). Y es que no le salvan ni las siglas. En la faceta cortesana de Ferraz, se ha sabido desenvolver en la gestualidad del pelota para salvar las situaciones apuradas en las que sus posicionamientos contra el boss le hizo quedar desairado, sin chaleco de seguridad.

Ha sido precisamente en tal tenor, para ganar puntos ante el puto amo, su estúpida manifestación achacando el desastre electoral del PSOE en Aragón a Javier Lambán, al que ni en siete vidas llegará a la altura de sus sandalias. El muy cretino ha echado las culpas al muerto para quitarle el muerto al jefe, táctica que ha utilizado en estas tres décadas de sopa boba, aduciendo que no sólo no hizo oposición a Azcón sino que, además, empleó argumentos que eran de la derecha. Luego, como todos los cobardes ayunos de la inteligencia para no incurrir en el "sostenella y no enmendalla", ha agregado que su relación con Lambán era "excepcional". Una práctica burda y más vieja que el hilo negro, que no hace sino restar legitimidad y confiabilidad a la acerba crítica.

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Tengo para mí que lo de Óscar López Águeda es, además de un servicio a la incapacidad de autocrítica del PSOE de Sánchez, un complejo que le recorrerá eternamente, y es que por más que la persigue no es capaz ni de rozar la inteligencia, siempre más rápida que la estulticia. Ni en mil existencias podría llegar a entender -tampoco le preocupa, la verdad- la complejidad de pensamiento y oratoria de Javier Lambán Montañés, cuyos discursos sin papeles rezumaban sabiduría, conocimiento histórico y convicciones socialistas de verdad, esas que tampoco tiene el ministro pese a que lleva una carrera de treinta años de mal estudiante, porque siempre Necesita Mejorar. Alocuciones impregnadas de brillantez, de reivindicación, de identidad aragonesa son ininteligibles para quienes tan poco se han cultivado. Con muchísimo estudio y trabajo detrás, un portento en el ejercicio de la fuerza de voluntad. Con todas estas consideraciones, jamás precisó de la adulación a los supremos hacedores del partido.

Y, aun con todo, tal es la ruindad de expectativas que muchos atesoramos ante cualquier frase de López Águeda, tal es la indignidad ética en tantos predios públicos de este 2025 en el que sin duda este país es peor que antes de la pandemia, que la estúpida argumentación de un cerebro decrépito es en sí misma una artimaña pueril que se deslegitima por sí sola. Con un mínimo de ética, el presidente del Gobierno debiera cesarlo fulminantemente. Tranquilos: no hay riesgo. López Águeda está bien agarrado al sillón.

Lo que más duele es constatar la condena blanda de muchos que fueron compañeros de Javier Lambán en vida, que se han desenvuelto -salvo un "ruin" de una exconsejera que sonaba como debe ser- entre las consideraciones de "desafortunadas" e "impropias" para calificar la mezquindad de López. No vaya a ser que... No vaya a ser que se enfade el jefe, las reacciones han sido entre contenidas y timoratas, y como tales lindan lo absurdo, aunque las haya bien intencionadas y otras oportunistas.

No, echarle el muerto al muerto es absolutamente vil, es miserable, es detestable, es rastrero, ruin, infame, deleznable, vil, indigno, innoble, abyecto y cuantos epítetos sinónimos queramos añadir. Lo es por el contenido de las palabras, lo es por la injusticia, lo es por la maldad y lo es por la procedencia de alguien que jamás aspirará ni siquiera a ser socialista con la integridad y la profundidad de Javier Lambán, investido eternamente de autoridad sin necesidad de cargo. Nada que ver con esta meliflua versión oportunista y ayuna de convicciones reales para servir a España y los españoles. Que es, en verdad, lo que ha condenado en las urnas a los émulos de López Águeda, entre corrupciones y cambios de opinión varios.

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