Un señalamiento inaudito e inédito, y una reivindicación del periodismo

Son suficientes casos en casi medio siglo de democracia como para merecer la invectiva de un presidente del Gobierno señalando desde el templo de la palabra

17 de Febrero de 2026
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Javier García Antón. Un señalamiento inaudito e inédito, y una reivindicación del periodismo
Javier García Antón. Un señalamiento inaudito e inédito, y una reivindicación del periodismo

Aquellos viejos tiempos de la consideración del periodismo como cuarto poder han pasado a mejor vida. Hoy, es una profesión realmente de riesgo. Lo mismo te insulta un imbécil que no ha contribuido sino a la confrontación social desde un púlpito vecinal que ha colonizado por su falta de mérito en cualquier otro ámbito de la vida que el presidente del gobierno, nada más y nada menos, desde la tribuna de oradores del Congreso. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, los propios profesionales de la información se ajustan cuentas en las redes sociales en auténticos duelos de wéstern en los que hacen el trabajo sucio a editores sin escrúpulos ni complejos.

Hace cuarenta años, todo era muy distinto. Había dos comidas en Huesca. La "oficial", que preconizaban los directivos de los medios, en La Española. Todos reíamos y resistíamos. No te podías retirar antes que el resto so pena de ser crucificado por las malas lenguas, que alguna había, entre la pasividad del resto. La "alternativa" iba más de poner a aquella a parir en los primeros cinco minutos y luego llegaba un aluvión de chistes, uno tras otro, chanza sobre otra, hasta acabar con dolor de estómago. Las desavenencias eran tan copiosas como el disimulo con el que se llevaban. No tanto por respeto, sino fundamentalmente por convivencia.

El periodístico ha sido un oficio fundamentalmente competitivo. Deseas, ya que las exclusivas son rara avis, dar a tu lector, tu oyente o tu telespectador las mejores noticias con la máxima premura (las primicias) y con la mayor pulcritud en el uso del lenguaje, que es la materia prima. Si no es posible ser el primero, ser honrado y entregar a la audiencia la pieza mejor elaborada posible.

En el empeño de conducirse deontológicamente, esta profesión ha caminado en distintas velocidades con el objetivo fundamental de servir a la sociedad con una sencilla fórmula: mantenerla informada, siendo que la verdad es como los renglones de Dios, torcidos en la escritura recta. Nuestro colectivo es plural y diverso en aptitudes y actitudes, en ideología y en tendencias. Cuando existía una mínima cultura de la comunicación, era sabido que cada medio se conducía con su línea editorial, ora de izquierdas, ora de derechas, ora de centro y, a partir de ahí, con sus matices. Donde no existe más que una línea editorial identifica con geografía variable y coyunturas históricas: Cuba, Venezuela, la Argentina de los generales, la URSS, Irán, la España de Franco o los medievales estados árabes. Modelos hoy anhelados por la deficiente educación y el irresponsable ejercicio de la información en la que la verdad ha dejado de ser importante por haberse erigido exclusivamente en negocio (lo escribió Kapuscinski).

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Y, aun con todo, el periodismo se ha ido abriendo paso a golpe de audacia de ejercientes que no han temido a las presiones y que se han cargado de documentación y de pespicacia para ofrecer grandes servicios a la democracia. Sin muchos de ellos, la España de la picaresca hubiera seguido siendo terreno abonado frente a los delincuentes que protagonizaron casos como el temprano de Filesa, Matesa, el de mienmano Juan Guerra, el de Naseiro, Rumasa, el de Roldán, el de la Gürtel, el de Bárcenas, el de Banca Catalana, Taula, Campeón, el del 3 %, Malaya, Nóos, el de los ERE, Púnica, Ábalos, Koldo, Cerdán.... En muchos casos, consecuencia de los abusos en el poder. En no pocos, combinados por manos ansiosas de distintas siglas en una combinación de la cueva de Ali Babá compartida. En todos, consecuencias de la gran profesionalidad de los Cuerpos de Seguridad, pero en muchos desvelados por periodistas. Esa es la hoja de prestaciones de esta profesión. Y, sin embargo...

Hemos alcanzado este 2026 en un panorama periodísticamente guerracivilista, donde cada conato se cocina con sal gruesa y palabras groseramente desabridas entre los otrora conocidos como colegas y con munición de calibre grueso desde quienes se suponen que tendrían que regirse con responsabilidad y tolerancia. En el cóctel, contertulios que no han pisado una facultad (entre la pasividad de las asociaciones de la prensa) y sustituyen Salmántica por una naturaleza agreste bajo palabrería hueca. Sin embargo, nada, en la historia de la democracia, ha habido tan violento verbalmente como la utilización de la tribuna del Congreso por un presidente del Gobierno contra un periodista (Iker Jiménez) y un medio (The Objective). Los asoció a la ultraderecha el mismo político que seis años antes escribía lo siguiente en su Manual de Resistencia:

“Había muy buen periodismo escrito —y muy libre— en los medios digitales: al fin y al cabo, están hechos por profesionales que han padecido ERE traumáticos, o bien periodistas de gran experiencia que han buscado mayor libertad para ejercer su profesión y la han encontrado en esos medios. La diferencia entre el papel y lo digital es enorme y la libertad en la red se respiraba. Por supuesto, me refiero a medios digitales donde se hace periodismo de verdad, no bulos ni fake news ni periodismo basura".

En sí misma, la acción del presidente del Gobierno, al que se le debiera presumir contención y templanza, es terrible. Nunca se ha escuchado -en lo que mi memoria me alcanza de toda la democracia- una acusación de tal calado a un inquilino de la Moncloa en la Carrera de San Jerónimo. Y no es aceptable, provenga de donde provenga, la pronuncie quien la pronuncie, en las circunstancias que sean. Es un ataque a una profesión que, como la lengua, está llamada para limpiar, para controlar y para apuntalar la democracia.

Por si alguien lo pone en duda y quiere acortar en la búsqueda, este párrafo está en la página 241. The Objective está conformado por periodistas egresados por la violencia de los despidos de medios de comunicación del grupo más proclive a las tesis socialistas y de otros de diferentes líneas editoriales. En sus tribunas, escriben reconocibles fachas como Fernando Savater o Juan Luis Cebrián. En cuanto a Iker Jiménez, su nuevo programa sienta a profesionales como Chema Olmo, Alejandro Entrambasaguas, Ketty Garat, Jorge Calabrés, Esteban Urreztieta o Javier Chicote, entre otras firmas. Todos ellos pertenecientes a medios con unas horquillas de entre 10 y 19 millones de usuarios únicos (esto es, lectores distintos) al mes, por encima de los dos millones diarios. En su libertad y su línea editorial, Jiménez escoge a sus colaboradores, igual que otras cadenas tiran de medios como Eldiario.es o Elplural.com Aquellos han tenido un papel fundamental para los casos Aldama, Begoña Gómez, David Sánchez, Fiscal General, Koldo, Ábalos, Cerdán, Salazar, Adif, de Hidrocarburos, de las mascarillas, de Adif... En la otra banda del escenario, se ha zaherido -no entro en justicia o no, sino que es una constatación- a Mazón y se han desvelado los casos de Alberto González Amador, del cribado del cáncer, de Julio Iglesias o el de las VPO en Alicante para cargos del PP. 

Es probable que, en una sociedad acomodaticia, haya quien prefiera por doctrinarismo no saber. Pero esa actitud, admisible, es una renuncia al derecho cívico de la información, al ejercicio de la libertad a través del conocimiento. Son suficientes casos en casi medio siglo de democracia como para merecer la invectiva de un presidente del Gobierno señalando desde el templo de la palabra. Es inédito y es inaudito. España no se merece esto, aunque los españoles en ocasiones prefiramos la agresividad a la razón. Conscientes de que la atmósfera de las redes sociales no induce sino al enfrentamiento, yo apostaría por el ejercicio de diez minutos de pensar antes de escribir. Y lo hago sin apenas esperanzas. Necesitaríamos nuestra ración de las feromonas faciales caninas... a toneladas.

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